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ELENA PONIATOWSKA

El tren pasa primero

512 Páginas ­ 19.95 euros

La autora

P

eriodista y escritora comprometida, a menudo ha puesto su pluma al servicio de las causas más justas. Entre sus novelas destacan: Lilus Kikus (1954), Hasta no verte, Jesús mío (1969), Querido Diego, te abraza Quiela (1978), La Flor de Lis (1988) y Tinísima (1992); entre sus cuentos, los reunidos en De noche vienes (1979). También ha escrito libros de entrevistas,

ensayos y crónicas tan importantes como La noche de Tlatelolco (1971) y Fuerte es el silencio (1980). Su obra ha sido traducida a más de una decena de idiomas y galardonada con múltiples premios nacionales e internacionales.

La obra

«Tuve hambre y frío, sentí que ningún fuego, ningún abrazo me calentarían, pero sé que si un solo hombre lucha y no se deja morir, la vida vale la pena.»

Una visión de las consecuencias de la modernidad mexicana Una recreación de la inestabilidad de los valores y las contradicciones éticas de toda una época Un homenaje a la nostalgia de los orígenes de un movimiento sindical ferroviario que luchó por ser independiente de las políticas opresoras del

ste era un hombre que nació en un pueblito bicicletero y muy pronto entendió que sus dones no eran la belleza y la fortaleza física, sino la palabra, la voluntad y su indomable ansia de saber. Un día el tren pasó frente a sus ojos, y en el ruido de la máquina escuchó el inicio del relato del resto de su vida. En

E

opinión de Saturnino, uno de sus amigos, ser ferrocarrilero es lo mejor que puede sucederle a un hombre. Y Trinidad Pineda Chiñas, el personaje central de esta novela, está de acuerdo, pues el tren lo lleva a todo: desde su pueblecito en Oaxaca hasta lugares que nunca imaginó; desde su precaria posición de niño consentido hasta el instante en que habló a sus colegas con tal ardor y convicción que de ahí salieron dispuestos a luchar por la causa de los trabajadores y pararon de cabeza a un país y a un régimen. El tren es todo para Trinidad, pues también lo lleva a incontables saberes, oficios, personas y posibilidades. El tren es la vida, qué duda cabe. Pero si bien ser ferrocarrilero es asunto de hombres, ninguno de ellos es nada sin el apoyo decidido de las mujeres. Madres, esposas, maestras, amantes, adelitas, rieleras, transitan por esta novela con poderosa presencia, con cariño sutil, con la fuerza inabarcable que late dentro de cada una. Bárbara, Sara, Rosa: apoyo en la lucha, fuerza en el hogar, placer. Como también en la vida, las mujeres en esta novela son lo que los hombres no alcanzan a ser, o ni siquiera imaginan. Aman sin reserva y con ese amor mueven al mundo. El tren pasa primero logra transportar a los lectores a la época postrevolucionaria mexicana, cuando el tren dejó de ser vehículo de transporte de armas o soldados y se convirtió en la industria nacional que, junto a PEMEX, impulsó un desarrollo desigual desde Chiapas hasta Sinaloa. Toma el tren como metáfora del destino de una nación en pleno movimiento ascendente hacia el infinito de las posibilidades de ganancias, las vías como el camino hacia la industrialización que sellaría la separación del latifundio y la máquina como la "materialización" de las nuevas subjetividades de hombres "invencibles" marchando a toda velocidad hacia el futuro. El libro refleja la corrosión de una revolución institucionalizada: líderes sindicales al servicio de los intereses de los patronos; partidos políticos interviniendo en los choques obrero-patronales; obreros con salarios de miseria; violación de derechos civiles; represión política; robos electorales; revolucionarios que leen El capital de Carlos Marx, pegan a sus mujeres y que por escalar posiciones de poder están dispuestos a vender sus ideales, familias, amigos y "compañeros". Poniatowska detalla cada uno de los factores que condicionan "la lucha" en un ambiente tenso por la ocultación y la revelación constante de mentiras, odios, traiciones, chismes y desamores. Para ella, no hay hombres neutrales. Elena Poniatowska coloca a sus personajes en distintos vagones ideológicos y muestra el movimiento de cada uno de un compartimiento a otro.

LOS HECHOS HISTÓRICOS

El movimiento ferrocarrilero de 1958-1959 escribió páginas gloriosas en la historia de las luchas obreras y páginas negras en la historia de la represión de Estado en México, al final del sexenio del presidente Adolfo Ruiz Cortines y al inicio del de Adolfo López Mateos. La lucha, que al principio era por aumento de salarios, inició el 2 de mayo de 1958. El 28 de junio su primera gran manifestación fue reprimida por la policía; murieron los trabajadores Rafael Alday Sotelo y Andrés Montaño Hernández (este último fue rematado en una delegación de policía). El 2 de agosto el ejército y la policía tomaron locales del sindicato y por ello estalló una huelga. Otra manifestación fue reprimida el 4 de agosto, con saldo de cuatro muertos. Hubo paros y huelgas de solidaridad de telegrafistas, maestros y petroleros. Ante la persistencia y ampliación de la lucha, las autoridades laborales tuvieron que aceptar que hubiera elecciones sindicales, que ganó por abrumadora mayoría Demetrio Vallejo en agosto de 1958. El 25 de febrero de 1959 estalla la huelga en los Ferrocarriles Nacionales por la revisión contractual y se logra un acuerdo de aumento salarial. El 25 marzo estalla la huelga en el Ferrocarril del Pacífico y en el Ferrocarril Mexicano, que es declarada inexistente, y un paro de solidaridad de media hora en los Ferrocarriles Nacionales. Al día siguiente el sindicato propone al gobierno levantar los paros a cambio del cese a las violaciones al contrato colectivo, pero el 27 comenzaron los despidos y, cuando aún continuaban las conversaciones con el gobierno, se procedió a la detención de Vallejo y los demás líderes sindicales, el ejército ocupó todos los locales sindicales e instalaciones ferrocarrileras, aprehendió a casi diez mil trabajadores y luego fueron despedidos casi nueve mil. El 3 de abril se reprimió en el D. F. una manifestación popular en apoyo a los ferrocarrileros y se detuvo a más de 300 personas. El paro siguió hasta el 12 de abril, pero el 15 el gobierno logró instalar una directiva sindical "charra". La represión prosiguió con el asesinato en Monterrey del ferrocarrilero comunista Román Guerra Montemayor y la detención del líder del Partido Obrero-Campesino de México, Valentín Campa, el 17 de mayo de 1960. Se mantuvo varios años en prisión a 800 ferrocarrileros, 150 de ellos acusados de comunistas. Vallejo y Campa fueron liberados hasta 1969 y otro dirigente, Santos Bárcena, poco antes.

La autora

HA DICHO...

ELENA PONIATOWSKA:

¿Cuál es la gran historia que aún no ha contado y que le gustaría escribir? Una que quiero hacer con la inspiración del ferrocarrilero que paralizó el país en 1959, Demetrio Vallejo. Pero es una novela que tengo que trabajar, investigar mucho... (Elena Poniatowska, en entrevista con Daniel de la Fuente) -- En 1959, el líder ferrocarrilero oaxaqueño Demetrio Vallejo logró paralizar el país. Vallejo fue un personaje singular, un héroe del movimiento obrero que se atrevió a pedir un aumento para los empleados del ferrocarril. Hubo una represión generalizada en todo el país. Los seguidores de Vallejo fueron vejados, tachados de malos mexicanos y comunistas y encarcelados. Demetrio Vallejo permaneció, con Valentín Campa, once años y medio privado de su libertad. (Elena Poniatowska Amor, "Los movimientos sociales y la Globalización en México") -- He sido muy afortunada, porque me tocó vivir el 68 y el terremoto del 85 y pude escribir sobre esos dos temas que son clave en la vida de México. También viví en el 59 un poco el movimiento ferrocarrilero de Demetrio Vallejo, que logró paralizar el país con su sola fuerza --era un oaxaqueño a todo mecate, a todo dar--, y pude entrevistarlo y conocerlo. -- ¿Qué libro le está saliendo de adentro en estos momentos? -- Ahora va a salir uno dentro de dos meses que se llama El tren pasa primero, que publica la editorial Alfaguara. En esa novela, otra vez, como en La piel del cielo, el protagonista es un hombre, la vida de un ferrocarrilero. -- ¿Se le parece a Demetrio Vallejo? -- Tiene cosas de él, porque tuve el privilegio de conocerlo, pero es una novela.

(Elena Poniatowska, en entrevista con Roberto M. Sánchez)

La crítica

HA ESCRITO...

«Sin abandonar nunca su juego de fingido asombro ante la excentricidad que se cree lógica o la lógica que se cree excéntrica, Elena fue ganando gravedad junto a la gracia. Sus retratos de mujeres famosas e infames, anónimas y estelares, fueron creando una gran galería biográfica del ser femenino en México... Elena ha contribuido como pocos escritores a darle a la mujer papel central, pero no sacramental, en nuestra sociedad...». Carlos Fuentes «Elena Poniatowska se dio a conocer como uno de los mejores periodistas de México y un poco después como autora de intensos cuentos y originales novelas, mundos regidos por un humor y una fantasía que vuelven indecisas las fronteras entre lo cotidiano y lo insólito». Octavio Paz «En Elena Poniatowska se conjugan muchos valores: elegancia, música verbal `su facultad de darle sonido a un lenguaje es inigualable', la capacidad de traducir su visión, todo esto aunado a otro rasgo admirable: su valor civil». Sergio Pitol «La noche de Tlatelolco es un libro histórico, un testimonio coral insuperable donde se oye hablar a la comunidad creada en esos meses por la resistencia y el amor romántico; da fe de lo sustancial entre los jóvenes del 68, de su compromiso más emocional que político con los derechos humanos y civiles». Christopher Domínguez «Las páginas de sus libros son como estar oyéndola platicar. En buena medida a Elena Poniatowska le debemos ese emparejamiento entre el español que se usa en los libros y el español que se habla en la calle, su literatura nos ha enseñado que es posible escribir como se habla». Jordi Soler

«Elena Poniatowska se ha vuelto referencia indispensable del feminismo mexicano: en su obra introduce el reconocimiento y la valoración entre mujeres, y reivindica el amor propio de las mujeres, en los términos en los que habla Fernando Savater: amor propio como inspiración ética que funda un sujeto responsable de sí mismo». Martha Lamas «Ese espacio ambiguo, que impide la clasificación de un texto en lo académico, lo periodístico o la literatura, encubre algo de mayor significación, el elemento nodal de esta escritura: la decodificación de la única lengua que hace posible la mediación, y la génesis de un proceso previo al acto de creación, mediante el cual una emisión de voz se transformó en escritura, en forma novelesca». Margo Glantz «Elena ha cumplido con las leyes del tiempo, está hecha para cobrarle a la vida el lujo que antes le había quitado; vuelve a ser la niña mimada, pero ahora con conocimiento de causa* toma conciencia de sí misma; recoge sus palabras, trata de ordenarlas, se comporta como una escritora alcanzable y a la vez inalcanzable, camina con la bandera de La Gioconda. No se sabe si va o viene, si está bien o mal, si está o no saboreando el triunfo». Adela Salinas, La Jornada «Elena Poniatowska impone con relativa facilidad su estilo de entrevistadora. Sabe describir, usa metáforas seductoras y ágiles, lanza preguntas desarmantes y convierte las entrevistas en su universidad». Carlos Monsiváis «Bien por la bella Elena. A ver si ahora sí conocen allá [España] su Tinísima y otras obras suyas que la muestran como la extraordinaria periodista que es y la escritora enjundiosa que se han perdido». Humberto Musacchio «Elena Poniatowska ha ejercido el periodismo moldeando el barro de que está hecho, y pintándolo de literatura, palabra tras palabra, ha roto la maldición que lo acorrala en lo inmediato y lo pasajero, dándole así una espada contra los embates del tiempo. Lo ha convertido en memoria compartida». Javier González Rubio

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