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César Vallejo (1892(1892-1938)

Sumario:

«Los heraldos negros» Estancia en París Vallejo comunista Influencia de «Proletkult» «España, aparta de mí este cáliz» El gran poeta peruano César Vallejo nació el 16 de marzo de 1892 bajo el techo de una vieja casona de Santiago de Chuco, en la zona andina norte del Perú. Era el hijo shulca de Francisco de Paulo Vallejo Benítez y María de los Santos Mendoza y Gurreonero, de ascendencia española e india, respectivamente. Conoció desde niño la miseria, pero pudo estudiar en el Colegio Nacional San Nicolás, de Huamachuco, donde el brillo de su lírica comenzó a despuntar. En la Revista Escolar Cultura Infantil inserta varios poemas didácticos, entre ellos uno titulado Fusión en el que narra su viaje a Huánuco cruzando los Andes en el ferrocarril más alto del mundo: Cruza el tren la estéril puna que ya la noche amortaja, y la lluvia lenta baja con tristísimo rumor. Allí en Huamachuco conocerá también muy de cerca la explotación de los obreros en las minas de Quiruvilca que más tarde aparecerán en su novela El Tungsteno. En la Universidad de Trujillo, durante los años que transcurren entre 1911 y 1917, también sobresale como estudiante, profesor y poeta, logrando el más alto calificativo al defender su tesis sobre El romanticismo en la poesía castellana, para graduarse como Bachiller en Letras. Durante su estancia en Trujillo recibió el estímulo de la bohemia local formada por periodistas, escritores y políticos rebeldes con los que comenzó a relacionarse tempranamente: Víctor Raúl Haya de la Torre, José Eulogio Garrido, Alcídes Spelucín y Macedonio de la Torre, entre otros integrantes de Norte, grupo liderado por Antenor Orrego. Allí sigue publicando sus primeros trabajos poéticos en diferentes medios de prensa, posteriormente podados por el autor. Durante los años 1913 a 1917 La Industria, La Reforma y Balnearios de Lima, publican varias poesías primerizas de Vallejo, muy influenciadas por el modernismo: ¡Excelsa juventud! ¡Jardín de Oro! ¡Palpitación de amor! ¡Gloria de Oriente! ¡Del ritmo celestial eco sonoro! ¡Tú que llevas un sol en la frente!

¡Oh juventud, detén por un momento tu plácida, legión en tu carrera: Comulga el cielo azul del pensamiento ante el Altar azul de Primavera! A aquella época febril, sacudida por cambios sociales, políticos (mayor influencia de las Fuerzas Armadas y progresivo deterioro de la oligarquía) e ideológicos (irrupción de la filosofía marxista y del psicoanálisis), corresponden sus primeros versos publicados. Todos estos pasajes de la vida de Vallejo, su etapa juvenil en Trujillo se acaba en 1917 cuando se traslada a Lima.

«Los heraldos negros»

Una vez radicado en Lima, a donde había retornado por segunda vez, se vincula con lo más graneado de la intelectualidad literaria. Conoce a José María Eguren, Parra del Riego, González Prada -a quien le dedicará el poema Los Dados Eternos-, Abraham Valdelomar, el que dijera de Vallejo que era un poeta en la más noble acepción de la palabra y a quien posteriormente vendría a eclipsar su gloria-, a Juan José Lora, Juan Luis Velásquez y a José Carlos Mariátegui. En aquel año paralelamente aparecían en Perú diferentes círculos literarios, como El Norte de Trujillo, el grupo de Alberto Hidalgo en Arequipa y el grupo Colónida de Lima. César Vallejo enriquece su visión del mundo a través del contacto con aquellas nuevas corrientes europeas. Pero pronto rompe con el futurismo en el cual inclusive había devenido el joven Hidalgo y el mensaje altruista de Guillén, inspirados en Walt Whitman. Pues las audacias poéticas de los dos arequipeños (Hidalgo y Guillén) por más desconcertantes que parecieran y por más sonoras cajas de resonancia por la influencia de la corriente poética mundial en los años de la primera guerra, quedaron opacadas en su afán predicante y egolátrico. En la capital aparece en 1918 su primer libro Los heraldos negros, uno de los más representativos ejemplos del posmodernismo, tras las huellas de Leopoldo Lugones y Julio Herrera y Reissig. Este poema consta de 17 versos distribuidos en cuatro estrofas de a cuatro versos, más un verso final. En su estructura es una poesía de compromiso entre la tradición y la libertad, de rima parcial, atada a la disciplina silábica frente al versolibrismo. La primera estrofa consta de dos alejandrinos y dos endecasílabos, rimando el primero y el cuarto verso, sueltos el segundo y el tercero. Las otras tres estrofas son todas de verso de catorce sílabas; en cada uno de ellos el segundo y cuarto verso riman, el primero y el tercero son sueltos. Los heraldos negros revela su posición de compromiso ante el ser humano desgarrado por una feroz dialéctica entre sí y el mundo enajenado en el que existe sin remedio ni paliativo. Así ingresa Vallejo formalmente en la historia literaria peruana, considerado como un poema luminar en el que Vallejo rompe con la frivolidad de los vates ebúrneos. El Vallejo que comenzaba a beber ávidamente de las fuentes del marxismo, pronto comenzó a sentirse encerrado en ese círculo elitista que lo alejaba de las muchedumbres, lo aislaba de sus emociones. Colónida no fue más que otra etapa, no menos importante que las que vendrían, que ahondó -luego de la muerte de su maestro- la íntima desesperación y crisis permanente en que ya se encontraba inmerso el poeta.

En 1920 hace una visita a su pueblo natal, donde tras ser acusado de participar en protestas públicas, acaba en la cárcel durante tres meses; esta experiencia tendrá una crítica y permanente influencia en su vida y obra, y se refleja de modo muy directo en varios poemas de su siguiente libro, Trilce, publicado en 1922. Se considera esta obra como un momento fundamental en la renovación del lenguaje poético hispanoamericano, pues en ella vemos a Vallejo apartándose de los modelos tradicionales que hasta entonces había seguido, incorporando algunas novedades de la vanguardia y realizando una angustiosa y desconcertante inmersión en los abismos de la condición humana que nunca antes habían sido explorados: Hay golpes en la vida tan fuertes... ¡Yo no sé! Golpes como del odio de Dios; como si ante ellos, la resaca de todo lo sufrido se empozara en el alma... ¡Yo no sé! Son pocos, pero son... Abren zanjas oscuras en el rostro más fiero y en el lomo más fuerte. Serán tal vez los potros de bárbaros Atilas, o los heraldos negros que nos manda la muerte. Son las caídas hondas de los Cristos del alma, de alguna fe adorable que el Destino blasfema. Estos golpes sangrientos son las crepitaciones de algún pan que en la puerta del horno se nos quema. Y el hombre... ¡Pobre hombre!... Vuelve los ojos, como cuando por sobre el hombro nos llama una palmada vuelve los ojos locos, y todo lo vivido se empoza, como charco de culpa, en la mirada. Hay golpes en la vida, tan fuertes... ¡Yo no sé! No es aún la voz desgarrada y desgarradora de Poemas Humanos, editados con posterioridad a su muerte, pero en ella está anunciado todo el sentimiento del poeta. Constituye, dentro de la frondosa obra de Vallejo, algo así como el pabellón que cubre el resto del libro. Incomprendido y mancillado por sus propios paisanos, encerrado en una inmunda cárcel y tratado de burro por los críticos encasillados de la burguesía, Vallejo logra sobreponerse frente a la vida marchando, con su infortunio bajo el brazo. Clemente Palma, el hijo engreído de Don Ricardo, el tradicionista, en su oficio de crítico literario de la revista Variedades, en su sección Correo Franco (22 de setiembre de 1917), dijo del poeta lo siguiente, a raíz del envío de su a intitulado El Poeta a su Amada, escribió por Vallejo el 2 de setiembre de 1917: El trabajo recibido es un adefesio literario. Resultaría mejor que el autor se dedique al acordeón o la ocarina más que a la poesía. Y sin siquiera morderse la lengua en su insolencia, Palma agregó que eran burradas más o menos infectas y que hasta el momento de largar al canasto su mamarracho no tenemos de usted otra idea sino la de deshonra de la colectividad trujillana, y que si descubrieran su nombre, el vecindario le echaría lazo y lo amarraría en calidad de durmiente en la línea del ferrocarril a Malabrigo. Este poema que a continuación expondré en su versión definitiva, ya había sido publicado por La Reforma de Trujillo el 8 de setiembre de 1917:

AMADA: ¡En esta noche tú te has crucificado sobre los dos maderos curvados de mi beso! ¡y tu pena me ha dicho que Jesús ha llorado, y que hay un viernesanto más dulce que ese beso. En esta noche rara que tanto me has mirado, la Muerte ha estado alegre y ha cantado en su hueso. En esta noche de setiembre se ha oficiado mi segunda caída y el más humano beso. Amada, moriremos los dos juntos; se irá secando a pausas nuestra excelsa amargura; y habrán tocado a sombra nuestros labios difuntos. Y ya no habrán reproches en tus ojos benditos; ni volveré a ofenderte. Y en una sepultura los dos dormiremos, como dos hermanitos. No solamente esta gente como Palma criticó duramente a Vallejo, sino que también otros personajes, como Luis Alberto Sánchez, quien posteriormente surge como admirador del poeta. Pues el año 1922, al poco tiempo de aparecer Trilce, Sánchez arremete calificando de incomprensibles y desconcertantes los poemas publicados y se pregunta entonces: ¿Qué ha pasado con Vallejo? Para, posteriormente, cuando la gloria del poeta era innegable, acomodarse en el carro de la crítica elogiosa con su trabajo: Vallejo, hombre y poeta libre, publicado por Cuadernos nº 30 de 1958. Naturalmente, en los momentos donde veníase debatiendo con la muerte el romanticismo y modernismo como cánones de la poesía, la obra publicada por Vallejo insurge como una clara y promisora esperanza de la nueva expresión poética. En aquellos momentos la expectativa crítica recoge el mensaje de Vallejo y le brinda favorables comentarios. No es verdad, pues, como asevera Luis Alberto Sánchez que Trilce fue isla incógnita y repudiada y que, según Vallejo, había nacido en el mayor vacío. Las investigaciones concluyentes al respecto demuestran que tal referencia es una falsedad. Sin embargo, después de la publicación de Trilce en 1922, la situación económica y la ambición de1 poeta lo empujan a buscar nuevos horizontes. En el curso del mismo año y posterior a la publicación de Trilce, Vallejo edita dos libros más, en prosa: Escalas Melografiadas y Fabla salvaje.

Estancia en París

Decide entonces partir a París, a donde arriba el 13 de junio de 1923, a sembrar papas a la huancaína, según la propia expresión del poeta al momento de partir. En la París se enfrenta con una dura y amarga realidad: hambre, desocupación, miseria y angustia. Angustia por la patria lejana y por los nuevos dramas de su vida y de la sociedad a cuyo seno llega y en la que murió una tarde en la cual tenía ya el recuerdo. Estos años fueron de extrema pobreza y de intenso sufrimiento físico y moral. Las penurias económicas se agravaron al decaer la salud del poeta, por aquella época un hombre enfermo y atormentado. La vida del poeta es abatida por todo género de calamidades, desde el aspecto económico hasta el político y sentimental.

Para subsistir tiene que trabajar intensamente. Envía variadas colaboraciones a diarios y revistas de Lima, entre ellos El Comercio, Variedades, Mundial y Amauta. Los asuntos que trata son de diferente temática, y es precisamente en esta época donde se puede apreciar a Vallejo en su dimensión de escritor y periodista. Sus crónicas venían cargadas de profunda pasión y dominio del tema que tocaba. Su alma de artista se daba en pleno, también, en esta otra gran virtud del genio creador de indiscutible valor universal en las letras y en la poesía. En una crónica publicada en Variedades el 7 de mayo de 1927, el poeta expresaba, a raíz de aquella influencia del llamado espíritu nuevo, recogido del viejo mundo, por lo que calificó a su generación en la siguiente forma: La actual generación de América no anda menos extraviada que las anteriores. La actual generación en América es tan retórica y falta de honestidad espiritual, como las anteriores generaciones de las que ella reniega. Levanto mi voz y acuso a mi generación de impotente para crear o realizar un espíritu propio, hecho de verdad, y de vida, en fin, de sana y auténtica inspiración humana. Presiento desde hoy un balance desastroso de mi generación, de aquí a unos quince o veinte años. Estoy seguro de que estos muchachos de ahora no hacen sino cambiar de rótulo y nombres á las mentiras y convenciones de los hombres que las precedieron. La retórica de Chocano, por ejemplo, reaparece y continúa, acaso más hinchada y odiosa en los poetas posteriores. Así como en el romanticismo, América presta y adopta actualmente la camisa europea del llamado espíritu nuevo, movida de incurable descastamiento histórico. Hoy como ayer, los escritores de América practican una literatura prestada que les va trágicamente mal. La estética -si así puede llamarse esa grotesca pesadilla simiesca de los escritores de Américacarece allá, hoy tal vez más que nunca, de fisonomía propia. Un verso de Neruda, de Borges o de Maples Arce, no se diferencia en nada de uno de Tzara, de Ribemont o de Reverdy. En Chocano, por lo menos, hubo el barato americanismo de los temas y nombres. En los de ahora, ni eso. Desde un principio trabó relación con los movimientos literarios vanguardistas de la época. Allí permanecerá hasta el fin de sus días, con algunos viajes a la Unión Soviética, España y otros países europeos. En la capital francesa llevó la difícil existencia del intelectual con los bolsillos vacíos. Para poder sobrevivir tuvo que dedicarse al periodismo y su producción poética se redujo sustancialmente. Luego de algunas otras relaciones (entre ellas Henriette, una hermosa costurera con lenguaje de cocotte), apareció Georgette, quien vivía frente a la oscura pensión de Vallejo en la Rue Molière. Ernesto More, íntimo amigo del poeta en París, que vivió con él compartiendo mendrugos, fue testigo del luminoso amor del sudamericano pobre y la francesa venida a menos. Pero el romance no duró mucho después de que se casaran en 1934.

Vallejo comunista

César Vallejo absorbía todas las novedades literarias para insertarlas en su personal universo temático. En junio de 1926 en París participó con amigos como Gerardo Diego, Juan Larrea, Juan Gris, Vicente Huidobro, Pierre Reverdy y Tristan Tzara en la revista vanguardista Favorables-Paris-Poema. El surrealismo le condujo al comunismo. Al año siguiente escribía para el diario limeño Mundial que consideraraba al surrealismo y al comunismo como parte integrante de una misma revolución. Fue aquel año cuando muchos de los surrealistas, incluyendo a André Breton, Paul Elouard y Louis Aragon, se unieron al Partido Comunista Francés. Vallejo sigue ese mismo proceso, e incluso lo acentúa, adoptando ademanes dogmáticos. En 1930 el poeta peruano se deshace del surrealismo pero no del

comunismo. En marzo de aquel año, publicó su conocido artículo Autopsia del superrealismo que demuestra que su modo de pensar se había apartado totalmente del surrealismo. La vanguardia era efímera para las letras pero el comunismo proporcionaba una ciencia para que la personas pudieran soltar sus férreas ataduras. Del comunismo no se podía prescindir. Entonces comienza a estudiar el comunismo con detenimiento. Cuando, por fin, encontró la llave que le revelaba las claves de muchas de sus preguntas, Vallejo siguió el derrotero señalado por el comunismo más resueltamente que ningún otro surrealista. En él no nacieron las ambigüedades de Breton, Aragon y los demás porque el suyo no era un interés teórico sino vital. Según confesó a Pablo Abril de Vivero, Voy sintiéndome revolucionario y revolucionario por experiencia vivida más que por ideas aprendidas. Él miraba la realidad de frente, directamente, no sólo a través de los libros. En agosto de 1927 Vallejo leía en París L'Humanité, el órgano del Partido Comunista Francés que sirvió como iniciativa a lecturas más extensas. Su inquietud social lo condujo a viajar por Alemania, Inglaterra, Italia, Austria, Europa Oriental y la Unión Soviética. El 19 de octubre de 1928 visitó Moscú por primera vez, regresando a París el 27 de diciembre. La experiencia fue decisiva. A su regreso a París rompe definitivamente con el APRA y funda la Célula marxistaleninista peruana en París, adhiriéndose al Partido Comunista de Perú fundado poco antes por José Carlos Mariátegui. Dotado ya de una experiencia directa de la realidad política y económica de la Unión Soviética, Vallejo se dedicó con ahínco a estudiar marxismo. Durante 1929 visitó con frecuencia la librería de L'Humanité, regresando con un mes de lectura, más exactamente, de arduo estudio. En octubre de 1929 regresa a la Unión Soviética y en febrero de 1930 comienza a publicar una serie de artículos sobre la URSS, dentro de una serie titulada Reportaje en Rusia, que se publicaron quincenalmente en la revista madrileña Bolívar fundada en Madrid por Pablo A. de Vivero. El 2 de febrero de 1930, el Ministerio del Interior del Gobierno Francés promulgó un decreto declarando que la presencia de Vallejo en territorio francés se consideraba peligrosa por comprometer la seguridad pública. El sistema capitalista con todos sus gobiernos en todos los países, especialmente en Francia, principia a cerrarle e1 paso y acosarlo permanentemente. El gobierno de Tardien lo persigue intensamente por sus campañas constantes a favor de la causa de los trabajadores y en contra del sistema capitalista mundial. En esas circunstancias la vida de nuestro poeta se tornaba cada día más dura y complicada. Su miseria era tremenda, pero su espíritu revolucionario se había convertido en oriflama para la combatividad a favor de los más pobres y de los más humildes. Vallejo y su compañera Georgette se vieron obligados a buscar asilo político más allá de los Pirineos. Poco después de su llegada a Madrid, Vallejo se incorpora al Partido Comunista de España. En España le sorprende la llegada triunfal de la República en abril de 1931 y aquí escribe artículos para periódicos y revistas, piezas teatrales, relatos y ensayos como Rusia en 1931. Reflexiones al pie del Kremlin, que se publicó en julio de 1931, y también su novela Tungsteno. Traduce del francés obras de Henri Barbusse y Marcel Aymé. Entonces viaja a España, donde se vincula a la intelectualidad revolucionaria. Logra publicar su famosa novela El Tungsteno bajo el sello Novela proletaria de la Editorial Cénit de Madrid. Se basa en la cruel e inicua explotación imperialista de la Northern and the Stmelthing Company contra las grandes masas campesinas de 1a provincia de Santiago de Chuco, su tierra natal, y de otros lugares aledaños. Pues, en Quiruvilca y Shorey, Callacuyán y Samne, aquel consorcio extranjero se habla

establecido para succionar la riqueza cuprífera del país, dejando en cambio, cadáveres y sangre regados en los socavones oscuros y lagrimeantes, por tanta vida sepultada en el cardenillo verdoso de sus de sus rocas pétreas. Este es el drama que recoge Vallejo y cuyo mensaje continúa tocando los pechos libérrimos de la juventud. En estas páginas crepitantes de rebeldía, el autor no esconde su intención social y la define ideológicamente en el personaje inmortalizado de Servando Huanca marchando a organizar a la clase obrera, como un sólido organismo de poder para enfrentarse y parar el abuso y la indolencia de los gringos hijos de puta de la Northern and the Smelthing Company. Describe a la vez, de una sola pincelada literaria, al intelectual dubitativo de la pequeña burguesía y perenniza para el recuerdo de los santiaguinos y de los huamachucos al agrimensor Leónidas Benites, quien después de su larga trayectoria de incondicional servidor de la Northern y fervoroso creyente de la doctrina según la cual son los intelectuales los que deben dirigir y gobernar a los indios y a los obreros, termina poniéndose al lado de la causa de los trabajadores, convencidos de que las frases de Servando Huanca tenían vigencia irrefutable: Había que hacer la revolución y botar a los millonarios y grandes caciques que están en el Gobierno, para ponerlo en manos de los a obreros y de los campesinos. EL Tungsteno es una de las preclaras obras de la literatura revolucionaria de Vallejo en prosa. Su mensaje antiimperialista se desliza emocionado en cada una de sus páginas amenas y rotunda por su clarividencia histórica, tornándose en precursora estela de un movimiento insurreccional en el cual los peones de Quiruvilca capturaron el poder por breves días tras, la gesta armada de los obreros y los campesinos del pueblo de Trujillo, conducidos por Búfalo Barreto, en 1932; es decir un año después de la publicación de la novela. Su nombre perenniza también los días en que la lucha por la vida empujara al joven estudiante santiaguino a trabajar en las agrestes punas de Pasto Bueno y Tamboras, en la dura y peligrosa tarea del minero que perfora la roca endurecida que custodia el tungsteno y cuya explotación venían operando dos viejos amigos y enemigos de un trato: Fermín Málaga Santolalla y Wenceslao Gálvez. A este último personaje, Vallejo dedicó de puño y letra uno de los ejemplares de su primer libro: El romanticismo en la poesía castellana. En las páginas quemantes de esta abra sólo debería buscarse el trasunto de un mensaje doctrinario sobre un sólido basamento marxista en el cual Vallejo se significó claramente. No otra es la razón para que el inmortal santiaguino enfocara con tanta precisión la problemática de un fenómeno social que bien pudo desarrollarse en Perú, motivando ríos de insurgencia y rebeldía, frente a la brutal explotación imperialista. Por otro lado, Vallejo incide abiertamente en la praxis revolucionaria del movimiento obrero y campesino, pintando con elegancia y a la vez con crudeza novelística, los fracasos de las luchas desorganizadas, aun frente a la pequeña burguesía pueblerina. No cabe duda, pues, que El Tungsteno es una gran novela proletaria cuya dimensión rompió las barreras de la literatura americana en la medida del tiempo y del espacio y ha penetrado en la conciencia de todos los que anhelan verdaderamente la justicia social. Frente a esta realidad carece de importancia el sentido folklórico y indigenista que algunos críticos han pretendido endosar a la obra como basamento fundamental. Lo esencial y permanente está por encima de estos argumentos, que si bien es cierto le sirvieron dé inspiración al añorar la patria chica en los momentos de su concepción, no constituyen el fondo de la obra que deviene plenamente en la temática social. Quizá por ello pronto abjura de su obra Trilce. Se esfuerza por superar el vacío y el nihilismo de esa obra y por incorporar elementos históricos y de la realidad concreta (peruana, europea, universal) con los que pretende manifestar una apasionada fe en la lucha de los hombres por la justicia y la solidaridad social.

En octubre de 1931 realiza su tercer viaje a la Unión Soviética. Después de recorrer todo el territorio ruso, Vallejo concibe sus grandes crónicas para describir sus impresiones sobre la nueva sociedad que allí se estaba edificando. Publicados en diferentes idiomas sus trabajos recorren Europa y América, que más tarde vienen editándose bajo el título de Rusia en 1931. Reflexiones al pie del Kremlin y Rusia ante el II Plan Quinquenal. Es así como tales trabajos pasan a la posteridad como las mejores e insuperadas crónicas de la construcción del socialismo. En ellas Vallejo relata con lujo de detalles cuanto significa un cambio sustancial en las estructuras socio-económicas de un pueblo que se estaba sacudiendo sus cadenas. Pormenorizadamente explica cada uno de los detalles que en la solución posrevolucionaria acontecen en la nueva Rusia. Así, por ejemplo, se sorprende al encontrar todavía, después de 13 años de instaurado el nuevo régimen, problemas de mendicidad alarmante como el que constata al entrar en un restaurante: Delante de la puerta de entrada -expresa Vallejo- hay un haraposo que pasa y repasa mirando ávidamente el interior. Lleva una mano metida dentro de la americana, a la altura del pecho, y su palidez es la de un hambriento o de un enfermo. Los alemanes (que habían estado comiendo en el restaurant) se levantan y se van. Entonces el haraposo penetra de un salto y recoge, como un animal famélico, las migajas y desperdicios de la mesa. Algunos huesos se echa al bolsillo y vuelve a salir, lanzando miradas de loco y devorando a grandes bocados lo que encontró en la mesa. ¡Espantoso! le dijo a la komsomolka, es decir a la joven que lo acompañaba como intérprete y que pertenecía a la juventud comunista. Ella le respondió: 'Son los sobrevivientes del régimen zarista. Antes esta misma escena se veía con frecuencia. Poco a poco estos mendigos van desapareciendo. Sin embargo -agrega Vallejo- se me han acercado muchos a pedirme en los pocos días que llevo en Rusia. ¿Cómo me explica usted semejante plaga en una sociedad como el Soviet? Esto es realmente incomprensible. El hambriento está junto a la puerta, triturando ruidosamente un hueso, como un perro. Advierto que no despega los ojos de la mesa donde estamos nosotros. Yeva no ha terminado su pastel. Este está casi entero. Las miradas del hambriento sobre el pastel son febriles y casi rabiosas. Nunca he visto ojos tan extraños en mi vida. Hay en la cara de este pobre una avidez agresiva, furiosa, demoníaca. A veces tengo la impresión que va a saltar sobre nosotros y nos va a arrancar de un zarpazo un trozo de nuestras propias carnes. Se ve que tiene cólera. Se ve que nos odia con todas sus entrañas de hambriento. Inspira miedo, respeto y una misericordia infinita. ¡El apetito es, sin duda, una cosa horrorosa! Pienso en los desocupados. Pienso en los cuarenta millones de hambrientos que el capitalismo ha arrojado de sus fábricas y de sus campos. ¡Quince millones de obreros parados y sus familias! ¿Qué va a ser de este ejército de pobres sin precedentes en la historia? (Vallejo se refiere a la debacle económica que sufrió el capitalismo). Ciertamente, ha habido en otras épocas paros forzosos, pero nunca el mal ofreció proporciones, causas y caracteres semejantes. Hoy es un fenómeno simultáneo y universal, creciente y sin salida. Los remedios y paliativos que se ensayan, son superficiales, vanos, inútiles. El mal reside en la estructura misma del sistema capitalista, en la dialéctica de la producción. El mal reside en los progresos inevitables de la técnica de trabajo, en la concurrencia y, en suma, en la sed insaciable de provecho de los patronos. ¡La plusvalía! He aquí el origen de los desocupados. Suprímase la plusvalía y todo el mundo tendrá trabajo. Pero ¿quién suprime la plusvalía? Suprimir el provecho del patrón equivaldría a destruir el sistema capitalista, es decir, hacer la revolución proletaria.

Mas ya que esta supresión no vendrá jamás por acto espontáneo, por un suicidio del capitalismo, ella vendrá, tarde o temprano, por acción violenta de esos millones de hambrientos, víctimas de los patronos. Toda la crítica conviene en aceptar que este reportaje de Vallejo es uno de los más completos relatos sobre el desarrollo histórico de la revolución rusa. El propio autor en una nota preliminar a la edición española expresa lo siguiente: Mi propósito es dar en él una imagen del proceso soviético interpretado objetiva y racionalmente y desde cierto plano técnico. Trato de exponer los hechos tal como los he visto y comprobado durante mis permanencias en Rusia, y trato también de descubrirles, en lo posible, su perspectiva histórica, iniciando a los lectores en el conocimiento más o menos científico de aquéllos, conocimiento científico sin el cual nadie se explica nada claramente. Mi esfuerzo es, a la vez, de ensayo y de vulgarización. En febrero de 1932 le autorizan a regresar a Francia.

Influencia de «Proletkult»

Tras sus viajes a la Unión Soviética, Vallejo acabó adoptando una perspectiva muy rígida sobre el valor del arte, que parece influida por la RAPP (Asociación Rusa de Escritores Proletarios), como se desprende de su durísima -e injustísima- crítica de Maiakovski, sin duda una de las bestias negras de la RAPP. Esa influencia hizo que Vallejo se dedicara a la prosa más que a la poesía en aquellos años 1930-1931. Escribía ensayos teóricos, estudios políticos, novelas, y también unas obras teatrales. Se dedicó a la novela y al teatro más que a la poesía, quizá por el carácter subjetivo y personal de ésta. Las dos novelas que Vallejo escribió en aquel entonces, Paco Yunque y El Tungsteno encajan bien con los criterios literarios de la RAPP. Paco Yunque es un cuento para niños cuya publicación fue rechazada por los editores en enero de 1931, por ser demasiado triste. Narra la biografía de un joven maltratado continuamente en 1a escuela por un compañero de colegio y que acaba sometiéndose a su voluntad porque su madre es la criada que trabaja en la casa de sus padres. La opresión de una clase social por otra se ve, por eso, funcionando dentro de todos los estratos de la sociedad, incluso en el mundo aparentemente inocente de los niños. El hecho de que este cuento recurra al género realista y que su contenido trate de la lucha de clases de una forma abierta y simple, hace que sea un ejemplo perfecto, aunque prematuro, de la fórmula realismo en la forma y socialismo en el contenido que promovía la RAPP. Por tratar el tema político desde la óptica de las relaciones humanas y por no subrayar demasiado las implicaciones de éstas, la novela se puede considerar un ejemplo logrado de novela comprometida. El Tungsteno, novela publicada por la editorial española Cénit en mayo de 1930, es también un ejemplo prematuro de realismo socialista. En aquella época, la RAPP, a consecuencia del Primer Plan Quinquenal, aconsejaba a los escritores soviéticos a que visitasen fábricas y granjas colectivas, para que pudiesen basar sus obras literarias en ellas. Vallejo no lo necesitaba porque recordaba su propia experiencia de cómo se explotaba a los peones indígenas en la sierra del Perú. En 1910 Vallejo había trabajado en 1as oficinas mineras norteamericanas de Quiruvilca, y dos años más tarde había sido ayudante de cajero en la hacienda Roma, de manera que

conocía a fondo la situación laboral en que se encontraban los serranos en aquel entonces. La forma en que Vallejo trata el tema de la granja colectiva es, por eso, radicalmente distinta de la forma en que, por lo general, el escritor soviético trataba este mismo tema. Mientras que los escritores soviéticos tendían a expresar el optimismo que animaba la industrialización en un país socialista, Vallejo mostraba la brutalidad de la vida industrial en la sociedad capitalista. A diferencia de la obra de los escritores soviéticos, el tono prevalente en El tungsteno es de ataque violento. Podría calificarse como una obra indigenista de protesta social. La trama de la novela se centre en varios personajes muy claramente esbozados. Mr. Weigg y Mr. Taik son unos crueles y golosos hombres de negocios norteamericanos. Apoyan a los hermanos Marino, unos arribistas burgueses que son capaces de traicionar a sus compatriotas por dinero. Tanto los dos norteamericanos como los hermanos Marino explotan sin compasión a los indios que viven en el valle. Si exceptuamos a Servando Huanca, las masas indias no son conscientes de esta represión tanto económica como política a que están sometidas. La trama se ve desde la perspectiva de Leónidas Benites, un intelectual cuyo temperamento religioso se transforma poco a poco en conciencia política. La última escena de la novela nos muestra a Huanca persuadiendo a Benites para que luche contra la opresión social mediante la revolución: Hay una sola manera de que ustedes, los intelectuales, hagan algo por los pobres peones, si es que quieren, en verdad, probarnos que no son ya nuestros enemigos, sino nuestros compañeros. Lo único que pueden hacer ustedes por nosotros es hacer lo que nosotros les digamos y oírnos ponerse a nuestras órdenes y al servicio de nuestros intereses. Si consideramos la época en que fueron escritas estas palabras -durante el período más comprometido políticamente de su vida- es probable que Vallejo hubiera estado de acuerdo con la validez de tal exigencia dirigida al intelectual. Leonides Benites actúa como una suerte de barómetro emocional a lo largo de la novela. Al comienzo del relato se le presenta como un hombre con tendencias místicas. En efecto, en una escena basada en otra semejante del cuento Sabiduría, Benites tiene una visión del Sagrado Corazón y de la Hora del Juicio. Esta religiosidad, sin embargo, se convierte poco a poco en un deseo de ayudar a su prójimo, específicamente a los indios explotados, mediante un compromiso político. Al final de la novela, Benites acepta las doctrinas marxistas de Huanca. Quizá Vallejo esté proyectando en esta novela los motivos de su propia decisión de rechazar el cristianismo a favor de una militancia política. El tungsteno es una obra comprometida políticamente en el sentido de que la solución que ofrece a los problemas que afronta la sociedad es la revolución. En efecto, tanto Paco Yunque como El tungsteno pueden clasificarse como ejemplos del arte revolucionario según el modelo planteado por la RAPP. Lo mismo cabe decir de las dos obras de teatro que escribe por aquellas fechas, Lock Out y Entre las dos orillas, claramente políticas y de denuncia social.

«España, aparta de mí este cáliz»

Al estallar la Guerra Civil española participó desde el principio en los Comités de Defensa de la República Española y el 21 de diciembre de 1936 se trasladó a España desde París realizando tareas de información y propaganda en el frente catalán. Fue nombrado corresponsal para seguir de cerca la Guerra Civil española e informar a los lectores peruanos. Además, en 1937 fue delegado por Perú en el II Congreso de Escritores Antifascistas en Madrid. Salío de nuevo para España el 2 de julio formando parte de los delegados extranjeros y visitando los frentes de batalla. El 17 de julio regresó a París y participó en la reación del boletín Nuestra España. Vallejo, pues, no sólo escribió sobre nuestra Guerra Civil sino que participó activamente en la lucha contra el fascismo. Al poco de estallar la guerra, en octubre de 1936 le escribía a Juan Larrea que no era suficiente la literatura ni el apoyo a distancia a las fuerzas republicanas: Nada de esto nos satisface y querríamos volar al mismo frente de batalla. Nunca medí tanto mi pequeñez humana como ahora. Nunca me di cuenta de lo poco que puede un hombre individualmente. Como dice en esa misma carta, los nuestros habían entrado en su carne. En otra crónica escribió: Por primera vez la razón de una guerra cesa de ser una razón de Estado, para ser la expresión, directa e inmediata, del interés del pueblo y de su instinto histórico, manifestados al aire libre y como a boca de jarro. Por primera vez se hace una guerra por voluntad espontánea del pueblo y, por primera vez, en fin es el pueblo mismo, son los transeúntes y no ya los soldados quienes sin coerción del Estado, sin capitanes, sin espíritu ni organización militar, sin armas ni kepis, corren al encuentro del enemigo y mueren por una causa clara, definida, despojada de nieblas oficiales más o menos inconfesables. Puesto así el pueblo a cargo de su propia lucha, se comprende de suyo que se sientan en esta lucha latidos humanos de una autenticidad popular y de un alcance germinal extraordinarios, sin precedentes. La guerra le impactó profundamente hasta el punto de que no se limitó a la crónica periodística, sino que el fragor del combate le inspiró todo un gran poemario épico: España, aparta de mí este cáliz, que apareció en 1939 impreso por los soldados del ejército republicano. Entre sus versos destaca el Himno a los voluntarios de la República que abre el poemario: Voluntario de España, miliciano de huesos fidedignos, cuando marcha a morir tu corazón cuando marcha a matar con su agonía mundial, no sé verdaderamente qué hacer dónde ponerme; corro, escribo, aplaudo. Todo él está salpicado de versos crudos, brutales, como éstos: En España, en Madrid, están llamando a matar, voluntarios de la vida! ... ¡Voluntarios por la vida, por los buenos, matad a la muerte, matad a los malos! ¡Hacedlo por la libertad de todos, del explotado y del explotador!

Desde París sus crónicas periodísticas sobre la guerra contienen también párrafos impresionantes en los que Vallejo se interesa principalmente por remarcar la heroica gesta del pueblo español al enfrentarse a un ejército bien preparado como el fascista, de una manera espontánea, sin preparación y sin medios militares, disponiendo sólo de su coraje y de su ímpetu liberador. En su crónica de marzo de 1937 afirma: La epopeya popular española es única en la historia. Ella revela de cuánto es capaz un pueblo lanzado, por exclusiva propulsión de sus propios medios e inspiraciones cívicas, a la defensa de sus derechos. La contienda española es para él de alcance planetario: en ella se juega la humanidad su destino. Para ello recuerda el proyecto fascista de crear un imperio hispano-americano, de extender los tentáculos más allá del Atlántico. Denuncia la complicidad del gobierno francés con los fascistas españoles, dictada por las oligarquías financieras imperantes El 24 de marzo de 1938 ingresa en la clínica Arago de la capital francesa aquejado de fiebres y agudos dolores intestinales. Tras varios días de agonía muere el 15 de abril de 1938 y su cadáver fue incinerado en el cementerio de Montrouge, aunque posteriormente sus restos fueron trasladados al de Montparnasse. Se diría que vivió tan cerca a la muerte que ésta pasó a ser quien sabe en medio de la resaca de alguna madrugada parisina, cuando el dolor se junta con las ganas de abandonarlo todo, hasta la vida- su confidente. Tal vez fue ella quien le dictó este poema, inexplicablemente premonitorio: Me moriré en París con aguacero un día del cual tengo ya el recuerdo. Me moriré en París -y no me corrotal vez un jueves, como es hoy, de otoño. Vallejo, tan humanamente cercano en su poesía y tan desaprensivo con los seres que lo amaron, murió en una lluviosa tarde parisina. Pero no era jueves; era Viernes Santo. Sobre ese momento había dejado escrito: En suma, no poseo para expresar mi vida sino mi muerte. Los que le rodeaban oyeron que deliraba: España, me voy a España. Al año siguiente de su muerte se editaron de manera póstuma sus Poemas humanos, donde se recopiló la obra poética escrita en París, y que Vallejo publicó parcamente en diversas revistas. César Vallejo es el poeta peruano más grande de todos los tiempos, una figura capital de la poesía hispanoamericana del siglo XX y una de las voces más originales de la lengua española. Su complejo mundo poético se distingue por un profundo arraigo al ámbito familiar; las experiencias del dolor cotidiano y la muerte; la visión del mundo como un lugar penitencial sin certeza de salvación; la solidaridad con los represaliados por el sistema capitalista; y la confianza en la revolución. En diversas etapas de su obra se notan los influjos del modernismo, la vanguardia, el indigenismo, la poesía social y el impacto de acontecimientos históricos, como la Guerra Civil española. La infancia andina de Vallejo marcó su carácter y el trasfondo de su obra. Criado en un ambiente católico, en medio de expresiones culturales encontradas, donde la oralidad y el sincretismo sobreviven al oleaje de la modernidad, el alma del cholo se nutrió de experiencias que constituyen el trasfondo íntimo de su obra poética, narrativa y ensayística. La reflexión inicial sobre sus orígenes, la vida y el mundo, se sustentan en esta matriz cultural múltiple de la sociedad de su tiempo.

En un autor que hizo -y hará luego también- un amplio uso de la simbología cristiana, asombran sus acerbas críticas a la asimilación del comunismo con el cristianismo. Parece un tanto paradójico que Vallejo rechazara en 1930-31 el uso de los términos y los conceptos católicos cuando se trataba del comunismo, si consideramos el uso que hizo precisamente de los símbolos cristianos en su poesía posterior, y sobre todo en España, aparta de mi este cáliz. Como consecuencia de sus estudios y de la experiencia concreta de sus viajes, el poeta peruano insiste en la dicotomía entre la teoría y la práctica. Escribe sobre el clima político de Francia, y titula su artículo Las grandes crisis económicas del día. El caso teórico y práctico de Francia (El Comercio, 14 de diciembre de 1930). En un poema más o menos contemporáneo, Telúrica y magnética, se refiere al ¡Suelo teórico y práctico! En el cuaderno de 1932, se nota otra vez la yuxtaposición de estos dos adjetivos: Hace un frío teórico y práctico, dice el poeta peruano. Años más tarde, Vallejo canta el caos teórico y práctico del proletario en España, aparta de mí este cáliz. Esta frase llega a ser casi omnipresente. A pesar de una existencia cercada constantemente por la muerte -la de su hermano, sus padres, sus amores y sus amigos- la poesía de Vallejo lleva en sí misma un hálito de vida; ese mismo que lo sostuvo en sus momentos más críticos, cuando el dolor humano y por extensión el propio le pusieron al borde del suicidio. Antes que el arte la vida. La poética de Vallejo brota de un espíritu profundamente crítico. El hombre y la realidad son los principales motivos de su obra, temas estos nutridos de su propia experiencia de encarcelamiento, de injusticia y de desesperación ante el dolor de los demás. Hay un vacío en mi aire metafísico que nadie ha de palpar: el claustro de un silencio que habló a flor de fuego. Yo nací un día que Dios estuvo enfermo. La fuerza ancestral de sus orígenes ganan e integran la actitud vital de Vallejo en el camino de la construcción de una nueva cultura. Esta búsqueda encuentra su cumbre en Trilce. César Vallejo, el más grande poeta peruano de todos los tiempos, es de esos que reclaman imperiosamente el recuerdo, la admiración y pleitesía de las generaciones posteriores,. Llevó su grito hasta el último confín del Universo, cantando el dolor de todos los hombres en la hora de la verdad y sin freno de ningún género y con un supremo esfuerzo de sinceridad. Quiero escribir pero me sale espuma, no hay cifra hablada que no sea suma; quiero decir muchísimo y me atollo, ni hay pirámide escrita sin cogollo. La magia de su poesía ha quedado convertida en grito universal de protesta y de dolor. Su palabra estuvo siempre colmada de un profundo dolor de humanidad. La sencillez prístina de su poesía rompe a cada paso con el verbalismo y la retórica. Sus poemas brotan vitalizados con el máximo humanismo o, lo que es lo mismo, con una excelsa expresión estética.

Fue el gran buceador de la vida, que afanosamente luchó por encontrar una dimensión de humanidad que cubriera, en armonía universal, a todos aquellos que nacieron un día en que Dios estuvo enfermo. Su expresión es siempre profunda, tierna y reverente. No se detiene ante la sintaxis y rompe la tapadera armónica que cubre las palabras, penetró hasta el fondo para arrancarles su máxima expresión y proyectarlas al compás de su amor y su dolor hacia todos sus hermanos de la tierra. Mestizo nacido en aquel apartado rincón de Perú, en donde la dominación española había casi liquidado a su estirpe, deviene en máxima expresión del indígena que se alza para cumplir un designio impuesto por palpitantes manifestaciones de verdad.

antorcha

http://www.antorcha.org

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(César Vallejo-biog)

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