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EL COMANDANTE BENÍTEZ

Un interesante trabajo, publicado en el número 17 de la revista "Jábega", La Conferencia de Pizarra, debido al señor Fernández Riera, me hace creer en la necesidad de relatar las causas que motivaron la citada Conferencia, que no fueron otras que el desastre militar del verano de 1921, que costaron a nuestra nación más de 14.000 vidas humanas y la pérdida de 128 posiciones militares. Tratemos de resumir los hechos. Era, por entonces, comandante general de Melilla don Manuel Fernández Silvestre, cuyas acciones por tierras de la parte oriental del protectorado eran motivo de unánime admiración. Tras conquistar Tafersit, hizo lo mismo con Midar y Bu-Hafora. Por sorpresa y sin disparo alguno se apoderó del monte Mauro en diciembre de 1920. En febrero de 1921 adelanta sus posiciones hasta Annual. Su objetivo era penetrar en Beni-Urriagel, el más indómito y agreste de los territorios del Rif, feudo del caudillo Abd-EI-Krim. Estas acciones eran aparentemente muy positivas, pero estaban incurriendo en un grave riesgo logístico, cual era tener sometidos unos seis mil kilómetros cuadrados, con sólo 18.000 hombres, los puestos de vanguardia no quedaban suficientemente guarnecidos, los de retaguardia un mucho indefensos, unido a ello la limitación de pertrechos militares y víveres. La empresa, pues, no podía ser ni medianamente tranquilizadora, al parecer tampoco existió total acuerdo entre el alto comisario, don Dámaso Berenguer, y don Manuel Fernández Silvestre. Los consejeros de éste le hicieron ver reiteradamente lo vulnerable de la situación ante el enemigo, pero confiado en su valor y buena estrella desoyó con obstinación tan leales advertencias. Creía el triunfo final

ya próximo y pensó poder aniquilar totalmente a su antiguo subordinado y actual enemigo Abd-EIKrim. Decidió continuar el avance de las tropas a sus órdenes y ocupó las posiciones de Abarran el 1 de junio y siete días después la de Igueriben, los dos puestos más avanzados. Como muchos habían profetizado, la reacción nacionalista no se hizo esperar. La conquista de Abarran e Igueriben, y la aparición de un líder entre los nativos, que convenció a éstos de la imperiosa necesidad de hacer frente a los españoles, frenándoles primero, para pasar a la ofensiva seguidamente, hizo realidad tales vaticinios. Pero dejemos la pluma al marqués de Lozoya, para que sea él quien trace el perfil humano y guerrero de este personaje, de alguna manera vinculado con Málaga. "Fue, sobre todo, causa principal del desastre, la aparición entre los rifeños de un caudillo notable, capaz de unificar sus fuerzas dispersas y de concebir un plan eficaz de campaña; era el taleb, Sid Mohamed Ben Abd-EIKrim El Jatabi El Uriagli. Lo más triste es que la superioridad de este personaje se fundaba en su formación española. Había estudiado en Málaga; en 1907 desempeñó el cargo de secretario del negociado de Asuntos Indígenas; fue profesor de árabe en Melilla y KadiKodat (juez de jueces). En 1921 era quizás el más importante personaje musulmán en el sistema español, cuyos fallos conocía perfectamente. Después de una violenta reyerta con Fernández Silvestre, se retiró entre las cábilas del interior, donde preparó cuidadosamente la sublevación general contra España. Era cauteloso y astuto, buen guerrero, que utilizaba el perfecto conocimiento del país y de su gente. Bajo un exterior de hombre cortés y educado ocultaba su crueldad y su avaricia".

Este líder indiscutible, Abd-EI-Krim, reunió una "harka" importante de más de 3.000 hombres, que cayeron por sorpresa sobre la posición de Abarran, guarnecida sólo por 500 combatientes, de los cuales sólo 50 eran españoles, los restantes indígenas, no tardaron en unirse a los sublevados. El 5 de junio de 1921 sucumbieron los defensores de monte Abarran, iniciándose en adelante lo que se conoce históricamente como el desastre de Annual. El 17 de junio la columna enemiga puso sitio a Igueriben, donde se escribió una de las más heroicas páginas de la guerra de Marruecos, cuyo principal protagonista fue un malagueño natural de la villa de El Burgo, un comandante de cuarenta y dos años, de nombre Julio Benítez y Benítez, el centenario de su nacimiento se celebró el 17 de agosto de 1978, y en homenaje a su memoria se escriben estas líneas. El 10 de julio de 1921 había tomado el mando de la posición de Igueriben, donde alcanzó heroica muerte once días después, tras resistir cuatro días de asedio y negarse a abandonar el puesto que se le había confiado, contestando al general Silvestre, que le instaba a la rendición por medio del heliógrafo, con este lapidario texto: "Los de Igueriben mueren, pero no se rinden. Tengo doce disparos de cañón, cuéntenlos; cuando oigan el último hagan fuego sobre la posición, pues estaremos revueltos con los moros". Había nacido don Julio Benítez y Benítez, como ya dijimos antes, en la villa de El Burgo, a las tres de la madrugada del 17 de agosto de 1878 en la casa señalada con el número 25 de la calle Real, hijo de un capitán de infantería de reemplazo, natural de Yunquera y

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Extracto de la Revista Jábega nº 27, año 1979. © Centro de Ediciones de la Diputación de Málaga (www.cedma.com)

segundo teniente Benítez, sin más anotaciones especiales que: "1,750 metros de estara y traduce francés. Su primer destino fue el regimiento de infantería Aragón número 1 con residencia en Lérida. El 7 de septiembre de 1896 embarcó con destino a La Habana. En Cuba permaneció hasta el 30 de octubre de 1898, en que en el vapor "Nuestra Señora de la Salud" regresa a la Península. En la campaña ultramarina sus servicios son recompensados con la Cruz Roja del Mérito Militar y con la Cruz de María Cristina, ascendiendo a primer teniente, en 1905 a capitán y en enero de 1916 se le otorga el grado de comandante. Antes, el 19 de diciembre de 1912, contrae matrimonio en Málaga con doña María de las Nieves Fernández Oja, de cuya unión nació su única hija Julia. Esta es a grandes rasgos su biografía. En su hoja de servicio alternan los hechos de guerra con sus convalecencias por enfermo y herido, diez en total. Y llegamos a 1921, el año de su muerte. Copiemos lo que en el número 24 de "España en sus Héroes": "En 1921, con la vanguardia de la columna de la derecha, ocupa posiciones en Sidi-Drich. Es jefe de aquel campamento cuando en la madrugada del 2 de junio ataca vigorosamente la posición un numeroso enemigo. El combate se prolonga durante veintiséis horas y el comandante Benítez, según la letra oficial, dio prueba de acertado mando y elevado espíritu militar, organizando y dirigiendo personalmente la brillante defensa que hicieron las tropas a sus órdenes, no obstante hallarse herido leve a

El comandante Benítez

de nombre Juan Benítez Montero y de doña Julia Benítez y Risco, como su hijo nacida en El Burgo y dedicada por entero a su hogar. Por su hoja de servicio conocemos que, "tres días antes de cumplir los dieciséis años, Julio Benítez y

El Burgo

Benítez era filiado en la academia de Toledo. "La guerra de Cuba hizo que, al año siguiente de su ingreso en la academia militar, se aprobase un plan de cursos abreviados, y el 22 de julio de 1896, con dos años de estudios, salía el

Extracto de la Revista Jábega nº 27, año 1979. © Centro de Ediciones de la Diputación de Málaga (www.cedma.com)

consecuencia de un rebote de bala enemiga. El hecho tuvo trascendencia, y aún al parecer, faltó poco para la Laureada. Le felicitaron el general en jefe, el alto comisario y el comandante general de Melilla". Pero la Laureada de San Fernando, máxima recompensa militar, reconocimiento oficial al valor, sacrificio y heroísmo, no se le resistiría por mucho tiempo, pues, aunque se le concedió con fecha 3 de enero de 1925, se debió a su gesta de Igueriben en julio de 1921. Como hemos leído en un trabajo dedicado a su hazaña: "No es la suya la Laureada del arrojo y la acometividad, sino la del estoicismo consciente y el sacrificio reflexivo". La orden de concesión de la más alta distinción castrense, es como sigue: "El comandante don Julio Benítez y Benítez combatió en la posición de Igueriben desde el día 17 al 21 de julio de 1921, en que se le ordenó por el comandante general del territorio el abandono de aquella posición. Durante los días de la defensa, el comandante Benítez, jefe de la guarnición, no dejó un momento de alentar a aquélla, recorriendo los distintos frentes del recinto, elevando el espíritu de su tropa y dándole un alto ejemplo de virtudes militares, que todos los declarantes reconocen, habiendo sido el alma de la defensa y siendo su figura, al decir del único superviviente, admirada por su bizarría de todos los defensores, que desde el primer momento depositaron fe ciega en su jefe. Los ataques enemigos a la posición de Igueriben, no sufrieron ya interrupción un solo momento y además desde el día 18 fue hostilizada con dos piezas de artillería, que produjeron bajas en la tropa. El día 19

El general Silvestre Abd-el-Krim

se intentó llevar un convoy, sin llegar a conseguirse por la superioridad numérica del enemigo, no obstante haber intervenido casi todas las fuerzas disponibles de la circunscripción de Annual. En dicho día 19 la guarnición de Igueriben había sufrido ya 40 bajas, producidas por el enemigo, entre los defensores, había bastantes enfermos de síncope por falta de agua y principalmente por tener que sufrir los efectos de un sol abrasador, ya que toda la guarnición se hallaba en el parapeto para rechazar los continuos ataques del enemigo; a pesar de que todas las penalidades producidas por la sed y los efectos del sol fueron en aumento, la guarnición supo soportarla con gran disciplina, por la confianza que le infundió su jefe. Agotados todos los recursos de la defensa, y ordenado por el comandante general que se evacuara la

posición de Igueriben, previa destrucción de cuanto pudiera aprovechar el enemigo, dicha evacuación se llevó a cabo ordenadamente por grupos mandados por oficiales, y el comandante Benítez la abandonó en el último grupo, siendo muerto entre la alambrada y el parapeto, así como la mayor parte de los que lucharon tan bravamente contra el numeroso enemigo que los envolvía. De la guarnición que se elevaba a 300 hombres, únicamente se salvaron un oficial y cuatro soldados, que cayeron prisioneros, y otros varios, hasta el número de once, que llegaron a Annual, falleciendo de agotamiento físico algunos de ellos en esta última posición. El rey se ha dignado. Madrid, 3 de enero de 1925". El día 11 de febrero de 1926, se rindió a su heroísmo el homenaje

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Extracto de la Revista Jábega nº 27, año 1979. © Centro de Ediciones de la Diputación de Málaga (www.cedma.com)

Primitivo emplazamiento del monumento al comandante Benítez, en la plaza de Augusto Suárez Figueroa, en 1926, hoy plaza de Queipo de Llano

que su gesta merecía, con la presencia en Málaga de los reyes y del presidente del Gobierno, marqués de Estella, con motivo de la inauguración oficial del monumento a su memoria, obra del escultor González Pola, en la plaza de Augusto Suárez Figueroa (hoy de Queipo de Llano) a la salida del puerto, de donde partió rumbo a la gloria y la muerte para no volver jamás, ya que su cuerpo reposa en el panteón de héroes de Melilla. Tras la memorable defensa de Igueriben, hazaña que finalizó con la entrega de lo más preciado, con su vida, por parte del benemérito malagueño comandante Benítez, se inició la catástrofe militar de Annual, en cuya defensa también murió el comandante general de Melilla, don Manuel Fernández Silvestre, cuya retirada se realizó un día después de la de Igueriben, el 22 de julio. En adelante, todo fue un auténtico desastre sin paliativos, el mayor de nuestra guerra de Marruecos. El ejército huyó desordenadamente víctima del pánico y la indisciplina, perseguido y acosado por un enemigo muy superior. Trató de tomar el mando de este ejército en desbandada el segundo jefe de Melilla, general don Felipe Navarro y Ceballos-Escalera, barón de Casa Davalillo, que hizo frente a los enardecidos rifeños en Monte Arruit con tres mil hombres desde el 29 de julio al 9 de agosto en que tuvo que capitular, por carecer de agua, víveres y municiones, iniciando un duro y penoso cautiverio en Axdir, que se prolongó du72

rante dieciocho meses. Su resistencia en Monte Arruit, sirvió para que llegaran a Melilla, gravemente amenazada, la Legión y los Regulares de Ceuta, que detuvieron por fin y definitivamente las oleadas de las huestes de Abd-EI-Krim. Ya quedó señalado al principio, que esta desgraciada operación militar costó el alto precio de catorce mil vidas españolas, los heridos fueron incontables. Málaga tuvo con Melilla un estrecho contacto en estos días que siguieron al desastre de Annual. Fue pórtico en que embarcaban los refuerzos para Marruecos y entrada de los heridos de este desastre. En nuestras calles se vivieron intensas emociones. Resultaba lastimoso comprobar el estado en que volvían los combatientes evacuados, algunos en estado de demencia. En muchísimas ocasiones los coches de punto, los tan malagueños coches de caballos, sirvieron para transportar los numerosos y graves lesionados de Marruecos y conducirlos a los centros hospitalarios públicos y privados de la ciudad, todos puestos, durante el verano de 1921, al servicio de tan noble y altruista empresa. Coordinador, alma y vida de la hospitalidad malagueña fue su alcalde don José García Almendro, que no se limitó a recibir y acoger a los heridos, sino que también se desplazó a

El monumento, hoy en el Parque de Málaga

Melilla, al frente de una nutrida representación malagueña, para hacer entrega de donativos, bebidas, tabaco y medicamentos, conseguidos en suscripción popular, a los que allí luchaban con valor y abnegación. De tal magnitud fue la hospitalidad, acogida y amparo dispensado por todos los estamentos sociales de la ciudad, a los que volvían después de haber regado con su sangre tierras marroquíes, que no pasó desapercibido en las más altas esferas del gobierno de la nación. Así por Real Decreto de 28 de febrero de 1922, y en prueba de real aprecio a la ciudad por la caritativa ayuda prestada a los soldados del ejército de África, y sostenimiento de un hospital para los mismos, se concedió a Málaga el título de "Muy benéfica", que desde entonces y junto a los que ya poseía de "La primera en el peligro de la libertad", "Muy hospitalaria", "Muy leal", "Muy noble" y "Siempre denodada", orlan el escudo de armas de nuestra ciudad, concedido por Real Cédula de los Reyes Católicos de 30 de agosto de 1494.

Diego ESQUINAS DE AVILA

BIBLIOGRAFÍA: FERNANDEZ RIERA, Vicente, La conferencia de Pizarra, "Jábega", número 17. MARQUES DE LOZOYA, Historia de España, Salvat Editores, Barcelona. ESPAÑA EN SUS HÉROES, número 24, Igueriben a toda costa, Benítez. PEMAN, José María, FERNANDEZ DE LA TORRE, Ricardo, España siglo XX. VARIOS AUTORES, SO años de vida política española, ediciones Giner, Madrid. VARIOS AUTORES, Historia mundial del siglo XX, editorial Vergara, Barcelona.

Extracto de la Revista Jábega nº 27, año 1979. © Centro de Ediciones de la Diputación de Málaga (www.cedma.com)

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