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COLEGIO DE INGENIEROS DE CAMINOS, CANALES Y PUERTOS DEMARCACIÓN DE MADRID CICLO DE CONFERENCIAS SOBRE LA HISTORIA DE ESPAÑA EN EL OCÉANO PACÍFICO

EL OCÉANO PACÍFICO, "LAGO ESPAÑOL".

Luis Laorden Jiménez. Doctor Ingeniero de Caminos, Canales y Puertos. Madrid 23 de febrero de 2010

Abraham Ortelius, "Theatrum Orbis Terrarum", Amberes, 1595.

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EL OCÉANO PACÍFICO, "LAGO ESPAÑOL".

Luis Laorden Jiménez. Doctor Ingeniero de Caminos, Canales y Puertos.

Madrid 23 de febrero de 2010

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EL OCÉANO PACÍFICO, "LAGO ESPAÑOL". ÍNDICE

Introducción. La denominación "lago español". Los "fundamentos de derecho" en las bulas pontificias. El descubrimiento de Magallanes y Elcano 1519-1522. La discusión del "antimeridiano" en las Molucas. La expedición de García Jofre de Loaysa en 1525. Las cinco expediciones de Hernán Cortés y los primeros descubridores de California por mar. La reina Calafia origen del nombre de California. La primera expedición hacia el Norte de Juan Rodríguez Cabrillo y Bartolomé Ferrelo 15421543. La expedición de Sebastián Vizcayno a la Alta California en 1602. Los navegantes que cruzaron el Pacífico desde América pero no pudieron volver. El "tornaviaje" de Andrés de Urdaneta en 1565. Alonso de Arellano con el San Lucas poco antes de Urdaneta y Pedro Sánchez Pericón con el San Jerónimo poco después. Los galeones de Manila y Acapulco. Las exploraciones inversas de California. El pirata Francis Drake en 1579 y otros visitantes no deseados. El plan de Pedro Sarmiento de Gamboa en 1581 para controlar el estrecho de Magallanes. Las consecuencias del descubrimiento del paso más fácil por el Cabo de Hornos. España y Portugal unidos de 1581 a 1668. El "paso del sur" y el "paso del norte". Los jesuitas en India y Japón y los agustinos en Filipinas y China. Los primeros libros españoles que trataron de China. Fray Martín Ignacio de Loyola cruzó el Pacífico y dio la vuelta al mundo dos veces y media en sentidos contrarios antes de morir en 1606. Los jesuitas en India y Japón y los agustinos en Filipinas y China. Sebastián Vizcayno fue embajador de España en Japón de 1611 a 1613. El viaje de Hasekura Tsunenaga a España y Roma de 1613 a 1620. El apellido Japón en Coria del Río y Andalucía. La pugna de españoles y holandeses en Formosa de 1626 a 1642. Oceanía española desde Nueva España y desde Perú antes del inglés Cook. El nombre de Australia. La pugna primero con Rusia y después con Inglaterra por el Pacífico Norte. El incidente de Nutka en 1789. La expedición científica de Alejandro Malaspina, 1789-1794. La retirada de España del Pacífico en la segunda mitad del siglo XIX. Dos episodios en el Mar Rojo y en Indochina. El legado español de obras de Ingeniería en Oceanía. El final de la presencia de España en el Océano Pacífico. BIBLIOGRAFÍA GENERAL. BIBLIOGRAFÍA REFERENCIADA.

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EL OCÉANO PACÍFICO, "LAGO ESPAÑOL".

Luis Laorden Jiménez. Doctor Ingeniero de Caminos, Canales y Puertos

Introducción. El descubrimiento por Vasco Núñez de Balboa el día 25 de septiembre de 1513 del mar bautizado entonces como "Mar del Sur", que después sería llamado "Océano Pacífico", fue el acontecimiento más importante para la Historia de la Humanidad en la época moderna posterior al descubrimiento de América por Cristóbal Colón en 1492. Nuestro Emperador Carlos I y V de Alemania se dio cuenta enseguida de esta importancia y mandó al navegante portugués Fernando de Magallanes para comprobar si se podía llegar a este nuevo mar rodeando América por el sur y si continuando la navegación se llegaba a los territorios fabulosos de las Molucas y de China y la India a los que había llegado antes Portugal. Con el viaje de Magallanes y Elcano de 1519 a 1522 empezó la Historia del Océano Pacífico como "lago español", que tuvo su plenitud cuando España y Portugal estuvieron unidas bajo la misma corona, a partir de Felipe II en 1580 hasta 1640 con Felipe IV, y en ella se escribieron hechos tan relevantes como la conquista de Filipinas y los galeones de Manila, los viajeros a China, las exploraciones "inversas" de California, la embajada de España en Japón y las relaciones españolas con Japón, los viajeros japoneses a España, la presencia española en Siam en el siglo XVI, y en Formosa en el siglo XVII en pugna con Holanda, la búsqueda del "paso del norte", los descubridores de las islas de la "Tierra Austral del Espíritu Santo" y de "Austrialia", llamada así esta última en honor a los reyes que gobernaban entonces de la Casa de Austria, nombres de las actuales Oceanía y Australia, los navegantes que surcaron este Océano desde Perú y Nueva España mucho antes que el inglés Cook, y la pugna con Rusia e Inglaterra por el Pacífico Norte hasta Alaska, con el "incidente de Nutka" a finales del siglo XVIII, los episodios en Indochina y el mar Rojo, y el legado español de obras de ingeniería en Guam y en otras islas de la Polinesia, antes de la retirada de 1898. El tema es muy extenso y en esta conferencia, por limitaciones de tiempo, sólo se podrá dar breves pinceladas de estos hechos de la gran Historia de España en el Océano Pacífico, y el objetivo es que sirvan de estímulo para que las personas a las que se las despierte curiosidad acudan a las fuentes bibliográficas que se mencionan. No se incluye en el presente texto la referencia extensa de las exploraciones en el Pacífico Norte hasta Alaska, incluyendo el llamado "incidente de Nutka" que constituyen una de las páginas más interesantes de la Historia de España en el Océano Pacífico porque serán tratadas por Arsenio Rey Tejerina Profesor Emérito de la Universidad de Alaska a continuación de esta intervención. Tampoco se tratará, para no alargar demasiado el texto, de la presencia de los misioneros jesuitas de San Francisco Javier en Japón que corresponden a la aproximación portuguesa por la ruta africana del Cabo de Buena Esperanza y puede ser tratada aparte desde una perspectiva diferente.

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La denominación "lago español". No es pretensioso decir que el Océano Pacífico fue un "lago español" durante mucho tiempo. Son historiadores y cronistas antiguos, y otros modernos, especialmente los de lengua inglesa, los que más han utilizado para el Océano Pacífico el calificativo de "lago español", o "spanish lake" en inglés, que da título a esta conferencia. Un ejemplo del uso de esta denominación está en la Universidad Nacional de Australia y en especial en su profesor Oskar Hermann Kristian Spate que es buen historiador del Océano Pacífico y buen conocedor de España. El orden de esta Conferencia será hablar primero de los argumentos jurídicos que apoyaban esta denominación a favor de España, los "fundamentos de derecho" que se podrían decir en la sentencia de un pleito moderno, y a continuación de los numerosos "fundamentos de hecho" que apoyaron el dominio español de este Océano. Los "fundamentos de derecho" en las bulas pontificias. Nada hay más correcto que en aquella época se llamase al Océano Pacífico el "lago español" porque así era aplicando la demarcación del Papa Alejandro VI en las famosas bulas de 1493 y lo dispuesto en el Tratado de Tordesillas entre España y Portugal en 1494 en el que se establecía la línea de separación de norte a sur, cuando no se sabía todavía que la tierra era redonda, y más tarde mantenida esa línea y considerada como un meridiano que continuaba en el otro hemisferio, con lo que cortaba en dos la tierra, como si fuese una naranja, dejaba para España una mitad en la que estaba incluido todo el Océano Pacífico, a pesar de que este reparto no gustase a los demás países como Inglaterra, Francia o Holanda que no participaron en el acuerdo pero no tenían medios para oponerse. La Historia de las demarcaciones pontificias la empezó Portugal, cuyos grandes navegantes se lanzaron al mar desconocido antes de que lo hiciesen los españoles. Portugal se adelantó a España en la navegación por el Océano y por eso fue la primera nación que solicitó al Sumo Pontífice de Roma que emitiese unas Bulas para reconocer sus derechos y garantizar a Portugal la exclusividad de la navegación y la posesión de las tierras de Africa y el camino a Indias por la ruta de Vasco de Gama. Estas fueron las tres bulas llamadas "Bulas portuguesas", primeramente la "Romanus Pontifex" de Nicolás V en 1455 que reconocía el monopolio marítimo portugués y la "Inter Cetera" de Calixto III al año siguiente que otorgaba a Portugal privilegios eclesiásticos en las tierras descubiertas, y con posterioridad la "Aeterni Regis" de Sixto IV en 1481 que ratificaba los derechos reconocidos a Portugal por Castilla en el Tratado de Alcaçovas firmado dos años antes.1 La navegación de Colón y el descubrimiento de las nuevas tierras de América en 1492 plantearon un problema jurídico a la luz de las Bulas "portuguesas" en vigor que se han citado en el párrafo precedente. Según la cláusula VIII del Tratado de Alcaçovas, se reconocía expresamente como propiedad de Portugal todo lo ya descubierto "e cualesquier otras yslas que se fallaren o conquirieren de las yslas Canarias para baxo contra Guinea...".2 Con estas estipulaciones era evidentemente un atrevimiento que la Corona

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ESCUDERO, p. 627 MANZANO, p. 7

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española enviase navegantes a aguas que si estaban al sur de Canarias pertenecían a Portugal y por eso los preparativos de la expedición de Colón se llevaron en secreto ante toda la Cristiandad y no se informó de ellas al Papa, cabeza visible de la misma. Las Capitulaciones de Santa Fe de 17 de abril de 1492 en las que se establecieron las condiciones de la expedición de Colón eran muy cuidadosas a este respecto y insistían en que la navegación debía hacerse por "el mar donde hasta ahora no se había navegado" para no entrar en conflicto con Portugal.3 Al regreso de Colón, después de la explicación que éste dio a los reyes y a sus consejeros, tanto Isabel como su esposo Fernando y los juristas castellanos entendieron que la navegación había sido correcta y que no había ningún reparo ni en el Tratado de Alcaçovas ni en las Bulas "portuguesas" que permitiesen dudar del legítimo título de propiedad de lo descubierto a favor de la Corona castellana. Sin embargo cuando Colón visitó antes en Portugal al rey Juan II al tocar tierra en su regreso 4 de marzo de 1493, éste rey portugués había expresado su opinión diferente de que "según la capitulación que había entre los Reyes Católicos y él, que aquella conquista le pertenecía"4 y así Juan II se lo transmitió a Colón y dio instrucciones a su embajador en Castilla para que reclamase ante nuestros Reyes Católicos. Con la toma de posición mantenida por Juan II se originó una controversia entre Castilla y Portugal y la reina Isabel temió haber caído en excomunión, si es que la razón asistía a Portugal y resultaba que Castilla no había cumplido las Bulas "portuguesas" del Sumo Pontífice. Ante la discusión planteada, la Reina Isabel no quiso que hubiese la mínima duda de legitimidad y decidió acogerse al cuarto supuesto de la legislación de las "Siete Partidas" y pedir una Bula al Papa Alejandro VI en la que se aclarase la cuestión estableciendo la donación pontificia de América a la Corona de los Reyes Isabel y Fernando, de forma análoga a como los Papas anteriores Nicolás V, Calixto III, y Sixto IV, habían establecido donación del Atlántico en la ruta de África a favor de Portugal en las llamadas Bulas "portuguesas".5 Las Bulas papales dirigidas a los monarcas católicos eran frecuentes en aquella época. En 1486 el Papa Inocencio VII había dirigido a los Reyes Católicos la llamada "Bula de Granada" en la que les animaba a completar la reconquista de las tierras ocupadas por los moros. Nuestros Reyes Católicos contaron con la circunstancia de que el Papa entonces, Alejandro VI, elegido Papa el año anterior, en 1492, era español, de la famosa familia Borja o Borgia de la ciudad valenciana de Xátiva, con lo que la petición formulada fue rápidamente atendida y Isabel y Fernando obtuvieron no una, sino cuatro Bulas, todas ellas a favor de las pretensiones españolas y en tan breve espacio de tiempo que algún malpensado podría aventurar juicio sospechoso sobre trato de excesivo favor. Estas cuatro Bulas, que se conocen como las bulas "españolas", en contraposición a las anteriores "portuguesas", fueron la "Inter Cetera" de 3 de mayo de 1493, que era una Bula de donación, la "Eximie devotionis" con la misma fecha del 3 de mayo de 1493, que era una Bula de concesión de privilegios, la "Inter Cetera II" fechada al día siguiente que las anteriores, es decir el 4 de mayo de 1493, que establecía una raya de separación en el océano entre España y Portugal

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MANZANO, p. 9 ESCUDERO, p. 627 5 MANZANO, p. 16 y ESCUDERO, p. 627

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situada a cien leguas al oeste de las islas Azores o Cabo Verde, y la "Dudum siquidem" de 25 de septiembre del mismo año de 1493 que ampliaba los derechos de Fernando e Isabel al dominio de las tierras en "zonas orientales", es decir la India o regiones próximas que se descubriesen navegando hacia occidente y no estuviesen ocupadas por un príncipe cristiano, revocando cualquier donación allí hecha antes si no se mantenía entonces la posesión de esas tierras.6 La fecha primera escogida, del 3 de mayo, tenía un valor simbólico porque era el día en que se conmemora la Invención de la Cruz que era lo más apropiado para comparar con lo que los españoles habían hecho en su descubrimiento en América.7 En estas Bulas no faltaba la advertencia de excomunión para los monarcas de las naciones que no respetasen la concesión papal a favor de España. La rapidez con la que se promulgaron las Bulas pontificias mencionadas fue cuando menos sorprendente y a este respecto es oportuno recordar las fechas en las que desarrollaron los acontecimientos. Colón llegó a Guanahaní el 12 de octubre de 1492, la "Santa María" quedó dañada e inservible y con sus restos se hizo el fuerte "Navidad" el 25 de diciembre, en el regreso la "Niña" en la que iba Colón tocó tierra primero en las Azores el 17 de febrero de 1493 y después fue primero a Lisboa a donde llegó el 24 de febrero. En Lisboa Colón tuvo una entrevista con el rey Juan II de Portugal el 4 de marzo. Desde Lisboa Colón envió varias cartas a la corte española informando de su viaje., Los motivos que Colón tuvo para ir a Lisboa antes que a España en su regreso después del descubrimiento no se saben con certeza, pero en cualquier caso fue sorprendente el trato amistoso dado a Colón por el rey Juan II en la entrevista que el historiador Francisco Morales Padrón califica como "insólita".8 Después de Lisboa, Colón continuó viaje y llegó a Palos de Moguer al mismo tiempo que la "Pinta" el 15 de marzo y desde allí fue por tierra a Barcelona donde los Reyes le recibieron a finales de abril. La primera de las Bulas pontificias fue el 3 de mayo, lo cual indica que los reyes de España debieron empezar a prepararla antes de la reunión con Colón en Barcelona. En una época en la que las comunicaciones se hacían por barcos a vela y mensajeros a caballo los Reyes Isabel y Fernando fueron capaces en menos de dos meses de asimilar la situación a partir de las primeras noticias del descubrimiento en el mes de marzo y de enviar diplomáticos bien instruidos a Roma para conseguir la voluntad del Papa. A pesar de su rechazo inicial de estas Bulas favorables a España, Portugal no discutió con el Papa y España y Portugal negociaron hasta que sus principios fueron aceptados, por convenio mutuo de las dos partes afectadas, en el Tratado de Tordesillas firmado el 7 de junio de 1494 por Isabel y Fernando, Reyes de Castilla y Aragón, y Juan II, Rey de Portugal, con la única concesión a favor de Portugal de que la raya de separación fijada en la segunda "Inter Cetera" a cien leguas al oeste de las islas Azores o Cabo Verde se desplazó en Tordesillas a 370 leguas para dar algo de América, en concreto Brasil, a Portugal. Llama la atención esta abundancia de Bulas "españolas", más de una en tan poco tiempo, y los investigadores han discutido sobre cómo se tramitaron, si fue porque nuestros Reyes Católicos no se conformaron con la primera porque les parecía poco y querían el mismo

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ESCUDERO, p. 627 y 628. ESCUDERO, p. 630 8 MORALES PADRÓN (2), t. I, p. 95

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trato o mejor que el de las Bulas "portuguesas" y exigieron Bulas aclaratorias, que se dataron con fechas anteriores a su redacción para que tuviesen efectos iguales a la primera Bula, o si obedecían a un plan de conjunto planteado desde el inicio, que en cualquier caso sorprende por la dificultad de las comunicaciones en aquella época. Sólo un ingenuo podría pensar que las Bulas "españolas" no fueron dictadas como resultado de las presiones de España, como las "portuguesas" lo habrían sido por las de Portugal, aunque en la primera de las cuatro Bulas "españolas", la "Inter Cetera" de 3 de mayo de 1493 Alejandro VI proclamase que concedía los privilegios "... liberalmente ... y de motu propio, y no a instancia vuestra ni de otro que Nos lo haya sobre esto pedido por vosotros...". Como ejemplo de estas presiones está que la definición de la raya de separación que no figuraba en la primera "Inter Cetera" de 3 de mayo y parece que fue un añadido exigido por los Reyes españoles, con el buen asesoramiento de Colón, a la sazón en Barcelona, cuando llegó a su poder la versión de la primera "Inter Cetera", que fue en la primera quincena de julio de 1493, y por ello se hizo la segunda "Inter Cetera" que precisaba la raya exigida y cuya redacción tuvo que ser necesariamente posterior aunque se pusiese en ella la fecha del 4 de mayo para que tuviese efectos inmediatos a la primera.9 La originalidad de las bulas españolas comparadas con las portuguesas, y el gran acierto de los monarcas españoles que las pidieron, fue que las bulas portuguesas establecían la línea de separación entre Portugal y España según un paralelo mientras que las bulas españolas lo hacían según un meridiano. En aquel momento en que no se sabía de forma fehaciente que la tierra era redonda esta diferencia en el planteamiento tendría consecuencias totalmente favorables a España en los años siguientes. El meridiano fijado en el Atlántico, en cualquiera de las posiciones que se negociaron, prolongado en el otro hemisferio pasaba por las islas Molucas en el sudeste asiático, aunque no estuviese totalmente fijada su posición, dejando todo el Océano Pacífico en el lado español

El descubrimiento de Magallanes y Elcano 1519-1522. La noticia del descubrimiento del Mar del Sur por Vasco Núñez de Balboa en 1513 llegó a España rápidamente y la reacción fue inmediata. Después de las indagaciones oportunas, el Emperador Carlos I firmó en Valladolid capitulaciones con el navegante portugués Fernando de Magallanes que había estado antes en las Indias portuguesas y había realizado estudios sobre la situación más exacta de la línea de Tordesillas y por ello fue considerado el más adecuado para la aventura de investigar si por ese mar se podía llegar a la lejana tierra de las especias en Asia hasta entonces monopolizada por Portugal. Magallanes partió de Sevilla con cinco naves el 10 de agosto de 1519 llevando a Juan Sebastián Elcano entre los principales de la tripulación. La mayor de estas naves, la Trinidad, desplazaba ciento veinte toneladas y la Santiago que era la más pequeña setenta y cinco. Magallanes llegó a la costa de América en Brasil y navegó siguiendo esta costa hacia el sur hasta que encontró el paso que llamó de "Todos los Santos" o de los "Patagones" y después se llamaría Estrecho de Magallanes en su honor. Después de numerosas incidencias y de perderse varias veces en las islas de este paso en la Tierra de Fuego, Magallanes consiguió atravesar el peligroso estrecho, venciendo a la geografía y al frío y los fuertes vientos, para lo que

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MANZANO, p.22

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necesitó siete días de dura brega, entre el 21 y el 28 de noviembre de 1520, y siguió adelante para explorar el nuevo mar que llamaría Océano Pacífico, y lo surcó durante 103 días ayudado por los suaves alisios, recorrió 20.000 kilómetros, llegó por fin a los territorios que podían ser portugueses en Asia, y desembarcó en una de las islas del archipiélago que se llamaría de Filipinas, donde muere el 27 de abril de 1521 en un combate con los indígenas. Le sustituye en el mando Juan Sebastián de Elcano, que deja en Filipinas a Gonzalo Gómez de Espinosa con la averiada nave mayor, la Trinidad, con el encargo de que cuando repare la nave haga el viaje a Nueva España en América para informar allí, y a bordo de la otra nave que quedaba de las cinco que habían salido se Sevilla, la Victoria, continúa el viaje por el sur de Asia, rodea África, pasa el Cabo de Buena Esperanza de Este a Oeste y llega a Sanlúcar de Barrameda el 6 de septiembre de 1522, con sólo dieciocho hombres de los 250 que habían iniciado la navegación tres años antes.10 Elcano con su circunnavegación comprobó que por el nuevo Mar del Sur se podía llegar a China y a la India y que el planeta Tierra era redondo. Más allá del nuevo mundo de América estaba, al otro lado del Océano Pacífico, el mundo viejo de Asia, que ahora aparecía como el más nuevo, y con el que era posible comunicarse desde las posesiones que ya tenía España en América sin pasar por territorio portugués. España estaba en una posición privilegiada que no tenían los demás países europeos para esa comunicación, evitando la ruta del cabo de Buena Esperanza dominada por los portugueses. En ese momento, España, al mismo tiempo que pensaba en la comunicación por el Atlántico entre Europa y América, empieza a pensar en el nuevo Océano Pacífico y en Asia .

La discusión del "antimeridiano" en las Molucas. El Océano Pacífico era español de derecho, según la interpretación de las famosas bulas de Alejandro VI de 1493, en especial las "Inter Cetera" del 3 y 4 de mayo de ese año, que fueron aceptadas en el Tratado de Tordesillas de 7 de junio de 1494, firmado por los Reyes Católicos, Isabel y Fernando, y Juan II de Portugal,11 en el que se corregía la línea divisoria entre los dos imperios, el español y el portugués, que pasó de hacerse según un paralelo a hacerse según un meridiano, que primero se estableció en 100 leguas al oeste y se fijó definitivamente en el situado a 370 leguas al oeste de Cabo Verde, (134º40´E).12 El cambio de 100 a 370 leguas se hizo a petición portuguesa y hay historiadores que sostienen que fue porque los portugueses tenían ya noticia de la existencia de Brasil antes de su descubrimiento oficial por Pedro Álvarez Cabral en abril de 1500.13 Inicialmente pensada esta línea de Tordesillas para delimitar las posesiones españolas y portuguesas en las costas bañadas por el Océano Atlántico en América y África, que era lo que se conocía en el momento, pero mantenida esta línea más tarde y continuada por su antimeridiano para separar en dos partes todo el globo terráqueo, como si fuese una naranja, la línea pasaba precisamente por el archipiélago filipino y las Molucas, dando como consecuencia que todo el Océano Pacífico quedaba dentro de la mitad española.

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MARQUÉS DE LOZOYA, tomo 3, p. 307 y siguientes EDITORIAL NAVAL p.97 12 SPATE p.29 13 HIDALGO, p. 19

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Fijar con precisión la posición del antimeridiano en las Molucas según la línea de Tordesillas que separaba los derechos españoles de los portugueses fue tarea imposible aunque lo intentaron los más afamados cartógrafos y científicos de la época tanto españoles como portugueses.14 No había acuerdo preciso porque con los instrumentos y los conocimientos de que se disponía, aunque era posible medir las latitudes con suficiente aproximación basándose en la inclinación de las estrellas, no había manera de medir bien las longitudes en la navegación. El Tratado de Tordesillas en su formulación era complejo y la medición de las distancias era especialmente difícil por los instrumentos de que se disponía y por las imprecisiones del texto, como por ejemplo, que al establecer el número de leguas no especificaba a qué leguas se refería, si a la legua española de 16 y 2/3 millas, o a la portuguesa de 17 y ½ millas.15 El Papa Alejandro VI, que promulgó las bulas que sirvieron para el Tratado de Tordesillas era español, uno de los dos Papas de la familia valenciana Borgia, y podía ser sospechoso de actuar favoreciendo a España por lo que se abstuvo de intervenir en las disputas posteriores a su firma. De hecho el Tratado de Tordesillas nunca se aplicó con rigor por la dificultad técnica de realizar mediciones precisas, y como curiosidad puede mencionarse que a pesar de esas dificultades estuvo en vigor durante más de doscientos cincuenta años porque no fue derogado formalmente hasta el acuerdo firmado el 13 de enero de 1750 entre Juan V de Portugal y Fernando VI de España.16 Las Bulas Pontificias habían establecido que "nadie, de ningún rango, ni siquiera imperial o real, podría traspasar esta línea sin permiso de los "Reyes Católicos" españoles, bajo pena de excomunión"17, con lo cual el Océano Pacífico quedaba como "mare clausum" de los españoles. La discusión estaba en las Islas Molucas, que según como se midiesen las distancias se encontraban de un lado o de otro. A partir del viaje de Magallanes y la presencia española en las islas orientales del archipiélago de las Molucas las discrepancias originaron enfrentamientos en estas islas Molucas entre los portugueses que habían llegado antes y los españoles que aparecieron en estas islas después y se vió que era necesario precisar la interpretación del Tratado de Tordesillas o negociarlo de nuevo. Para discutir las diferentes interpretaciones se celebraron laboriosísimas negociaciones diplomáticas en Badajoz y Elvas y reuniones en el puente sobre el río Caia,18 afluente del Guadiana, fronterizo entre España y Portugal. Como podía suponerse, estas conversaciones de Badajoz y Elvas se celebraban al mismo tiempo que cada una de las partes intentaba ganar por la mano a la otra y preparaba en secreto expediciones para la conquista de las islas disputadas en Oriente. Esa fue la razón de la expedición española de Loaysa que zarpó en 1525, que se comentará a continuación.

La expedición de García Jofre de Loaysa en 1525.

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CEREZO, p. 176 MARTÍN MERÁS p.76 16 EDITORIAL NAVAL p.101 17 SPATE p.27 18 SPATE p.55

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El Emperador Carlos I veía con irritación que las conversaciones de Badajoz y Elvas no avanzaban y decidió organizar una gran expedición al Pacífico con todos los medios disponibles para consolidar el éxito de Magallanes-Elcano y tomar las Molucas afirmando la soberanía española como un hecho consumado. Al frente de esta expedición iba García Jofre de Loaysa que zarpó de La Coruña el día 24 de julio de 1525 con siete barcos y 450 hombres. Iba con él como piloto mayor Juan Sebastián Elcano que contaba con la experiencia de haber ido con Magallanes. Esta expedición fue desde el principio en una sucesión de desgracias. Hubo temporales, naufragios y muertes naturales. Loaysa murió el 30 de julio de 1527 en el Pacífico y le sucedió como capitán Juan Sebastián Elcano que también murió a los seis días. Al poco tiempo naufragaron todos los barcos menos uno que pudo llegar a las Molucas, donde los españoles tuvieron que pelear con los indígenas y con los portugueses, y aunque Álvaro de Saavedra llegó en 1528 desde México para ayudarles, los supervivientes fueron hechos prisioneros por los portugueses y repatriados a Lisboa en 1536 donde fueron liberados. Merece señalarse que en esta expedición fue Andrés de Urdaneta como joven grumete.

El Tratado de Zaragoza en 1529. Las discusiones sobre el "antimeridiano" se cerraron con el Tratado de Zaragoza en 1529 por el que España renunció a las Molucas a cambio de 350.000 ducados, que le vinieron muy bien para sus guerras en Europa, aunque empezó la discusión pidiendo 1.000.000, y la línea de separación entre España y Portugal se estableció a 17º al Este de Molucas, y a su vez Portugal evacuó la guarnición de Tidore que estaba en conflicto con los españoles de la expedición de Loaysa y los refuerzos enviados por Hernán Cortés.19 Obviamente, a las demás potencias europeas no les gustaban nada estas conversaciones ya que no se las invitaba a participar en el reparto.20 Una exposición muy completa de las discusiones sobre la posición del antimeridiano está en el Capítulo V, dedicado a la casa de Contratación y la Escuela Sevillana de Cartografía, de la excelente obra de Luisa Martín Merás "Cartografía Marítima Hispana. La imagen de América" editada por el Consejo Superior de Investigaciones Científicas con el patrocinio de los Ministerios de Obras Públicas, Transportes y Medio Ambiente, y de Industria y Energía, editado por Ediciones Lunwerg en 1993 y en el libro "The Spanish Lake" de Oskar H.K. Spate de la Universidad Nacional de Australia, 3ª edición 2004, texto disponible en internet.21 La extraordinaria obra de Ricardo Cerezo Martínez "La Cartografía Náutica española en los siglos XIV, XV y XVI" incluye referencias muy detalladas de los diferentes planteamientos matemáticos para el cálculo de la posición del antimeridiano.

Las cinco expediciones de Hernán Cortés y los primeros descubridores de California por mar.

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SPATE p. 95 EDITORIAL NAVAL p.101

http://epress.anu.edu.au

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Al mismo tiempo que desde España se enviaban barcos por la ruta de Magallanes, Hernán Cortés en la Nueva España, que quería ser el primero en todo, reclamó para sí la navegación por el nuevo mar y la posible conquista de China y los territorios que estaban al otro lado, y pensando en ello recorrió la costa occidental de México, seleccionó el emplazamiento adecuado, preparó un astillero, hizo traer los elementos metálicos desde España trasportándolos desde Veracruz y construyó barcos con los que organizó cinco expediciones, al mando de Diego Hurtado de Mendoza en 1532, Hernando de Grijalva en 1533, Francisco de Ulloa en 1535, Andrés Tapia en 1537 y Francisco de Ulloa en 1539, esta última al mismo tiempo que la de Hernando de Alarcón en 1540, que descubrieron la península de California, que al principio creyeron que era una isla, y se acercaron por primera vez la costa de la Alta California. En una de estas expediciones surgió el nombre de California como recuerdo de la mítica reina Calafia del libro de caballería de "Las Sergas de Explandián". Las expediciones marítimas de Cortés son poco conocidas por el público en general, y siguieron las de otros en los primeros años del siglo XVII, tampoco muy conocidos como los hermanos Cardona, Juan de Iturbe, Francisco Ortega, Luis Cestero, Francisco Lucenilla, Pedro Porter Casanate y Isidro de Atondo y Astillón. Mención especial merecen Juan Rodríguez Cabrillo con Bartolomé Ferrelo en 1542-43 y Sebastián Vizacayno en 1602 que están considerados como los primeros navegantes de Alta California. Merece señalarse en esta conferencia que se celebra en la sede del Colegio de Ingenieros de Caminos, Canales y Puertos, que uno de los mejores libros para conocer las primeras expediciones marítimas españolas en Baja y Alta California fue escrito como tesis doctoral en 1947 y publicado más tarde con el título "Descubrimientos y exploraciones en las costas de California 1532-1650" por un ilustre Ingeniero de Caminos, Álvaro del Portillo, que fue también sacerdote y mereció la fama y probablemente la canonización, actualmente en proceso, por su dedicación a obras religiosas en el Opus Dei.

La reina Calafia origen del nombre de California, Muchos de los primeros españoles que viajaron a América llevaban en su equipaje los mitos transmitidos desde la Alta Edad Media. Entre estos mitos que a menudo motivaron las ansias de los aventureros y conquistadores que se lanzaron a explorar los nuevos territorios estaban el de Eldorado, el de la fuente de la eterna juventud, el de las Siete Ciudades, el de las amazonas o el de la isla de mujeres. El mito de las mujeres fantásticas ha estado en la humanidad desde la antigüedad clásica. Según contó Garci Ordóñez de Montalvo autor del libro de caballería "Las Sergas de Explandián" publicado en Sevilla en 1510, Calafia fue una Reina romántica y guerrera al mismo tiempo que vivía en su isla maravillosa llamada California, hasta que enterada de que todas las fuerzas del paganismo se habían aliado con los Reyes de Asia y habían sitiado al Emperador cristiano en Constantinopla, que sólo contaba con el apoyo del famoso caballero Amadís de Gaula y su hijo Esplandián, organizó su ejército de amazonas y al frente de ellas, vestida de oro y piedras preciosas y llevando a sus fieros pájaros grifos deja su isla y acude presurosa para participar en la contienda ayudando a los sitiadores contra los cristianos.

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A los navegantes enviados por Cortés les pareció al principio que la tierra que encontraron por casualidad navegando hacia el oeste, en un mar cálido y con perlas, y no excesivamente lejos de la tierra firme podía ser la Isla maravillosa que buscaban. En la tercera expedición desembarcaron en tierra, iniciaron ciudades, la recorrieron con entusiasmo buscando a Calafia y a sus amazonas, pero no tuvieron éxito. La costa resultó seca y árida, los indígenas beligerantes y las corrientes dificultaban la navegación. Los cultivos no daban suficiente para comer. Había muchas perlas pero las ostras estaban a profundidades inaccesibles y tenían que conformarse con abrir las conchas defectuosas que el mar arrojaba a las playas. Esta expedición tercera fue calamitosa. Hay dos versiones de lo que pasó cuando los pocos que sobrevivieron regresaron a México capital, y informaron a Cortés. Unos dicen que aunque les quedaban pocas fuerzas las aprovecharon para fanfarronear diciendo que habían descubierto la California de verdad. La otra versión es que confesaron sus desventuras y el error en que habían estado y entonces sus enemigos para mofarse de ellos, y también de Cortés que les había enviado al viaje, se reían diciendo que habían descubierto la California que sólo estaba en su imaginación y que era imposible de encontrar. También se ha dicho que el nombre de California se lo había dado el propio Cortés antes de esta malhadada expedición cuando todavía creía que era la isla maravillosa. Posteriormente en la quinta expedición, en 1539, para colmo de disgustos se demuestra que no había tal isla, sino que el golfo que estaban recorriendo por mar se cerraba totalmente por el norte, y las tierras que veían no eran una isla sino una gran península alargada. En cualquier caso aquellas tierras fueron llamadas desde entonces California y con este nombre empezaron a aparecer más tarde en los mapas de la época .

La primera expedición hacia el Norte de Juan Rodríguez Cabrillo y Bartolomé Ferrelo1542-1543. La instrucción que se dio a Cabrillo fue costear la California por su lado oeste que daba al Océano Pacífico y subir lo más que pudiese hacia el norte para encontrar el tan buscado estrecho de Anián que debía comunicar con el Océano Atlántico. Salió Cabrillo el 24 de junio de 1542 del puerto de Navidad en Colima, con dos navíos, uno de los cuales, el San Salvador lo había construido él mismo. Llevaba Cabrillo marineros, soldados, indios, un sacerdote, alimentos para dos años, animales y mercancías. Como piloto iba Bartolomé Ferrelo, Ferrel o Ferrer, natural del levante español. El 3 de julio llegan a la punta sur de la península Baja California y paran en San José del Cabo para proveerse de agua. Siguen y descubren la bahía de Magdalena, llegan a la isla de los Cedros donde había desaparecido Francisco de Ulloa en 1540, costean levantando mapas, llegan al puerto de Ensenada, que nombran San Mateo y el 28 de septiembre encuentran una bahía que es "puerto muy bueno y seguro", a la que llaman de San Miguel, por ser el santo del día, y hoy es la actual San Diego. Sigue subiendo por la costa y establece San Pedro y Santa Mónica, poblaciones que hoy día forman parte del área metropolitana de Los Ángeles. Descubren las islas del canal de Santa Bárbara, el 13 de octubre llegan a lo que hoy es Santa Bárbara y a Punta Concepción el día 17. Los fuertes vientos les dificultan el avance, el 11 de noviembre llegan a Santa María, en la California

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central, tienen alguna desorientación, los navíos se separan pero vuelven a juntarse el 15 de noviembre en la bahía que llaman de los Pinos y después de Monterrey. Inician una retirada por los fuertes vientos y pasan tres meses en la bahía de San Miguel esperando que pasen las tormentas de invierno. Cabrillo muere el día 3 de enero de 1543 en la isla de San Miguel como consecuencia de la herida infestada de un brazo que se le quebró en una caída. Se cree que fue enterrado en la Isla Santa Catalina enfrente de la ciudad de Los Ángeles. Antes de morir transmitió el mando a su segundo, el piloto Bartolomé Ferrelo al que manda seguir hacia el norte, tan pronto como sea posible, para continuar la exploración y cumplir el encargo recibido. Ferrelo continúa hacia el norte el 18 de febrero de 1543 y en marzo llegan a Punta Mendocino, que llaman así en honor del Virrey Mendoza que les ha enviado. Están en el límite norte de lo que hoy es el Estado de California. Han pasado por delante de la boca de la bahía de San Francisco pero no se percatan del mar interior que hay detrás y que sería el mejor puerto posible de abrigo en la zona. Llegan a explorar algo de la costa del Estado de Oregón. Ante los fuertes vientos ve que no puede continuar y decide regresar. Vuelve el 14 de abril de 1543 al puerto de Navidad de donde había partido.

La expedición de Sebastián Vizcaíno a la Alta California en 1602.22 Alteramos aquí el orden cronológico que se procura seguir en esta conferencia para introducir aquí una referencia de la expedición de Sebastián Vizcayno en 1602 por su relación como continuadora de la de Cabrillo y Ferrelo que acaba de ser tratada, aunque esto obligará al lector a esperar con paciencia a que más adelante se traten los hechos intermedios en el tiempo entre Cabrillo y Vizcayno. En los años en que Vizcaíno vuelve a México después de su primera expedición de 1596 por el golfo de California, la importancia cada vez mayor en Nueva España es para el comercio con Filipinas por medio de los denominados Galeones de Manila, que llegan, después de la travesía del Pacífico, costeando por el norte de California. Se prepara una nueva expedición que se encomienda otra vez a Vizcaíno y en la que se manda que no se preste atención a las costas interiores del golfo de California y se establece que el objetivo único es la costa norte de California en el océano Pacífico. Esta será la segunda expedición de Vizcaíno en 1602 con el reconocimiento completo de la costa de Alta California que se llevará a cabo con un completo éxito. Vizcayno partió del puerto de Acapulco, se detuvo en Navidad en Nueva España y tras dos meses de navegación llegó hasta el cabo de San Lucas en Baja California. A partir de este punto empezaba la parte importante de la navegación. Vizcaíno se queja de los fuertes vientos contrarios. Navegan hacia el norte siguiendo la costa de la península de California. Observan que hay muchas ballenas y dieron el nombre a Bahía Ballenas, localizada frente a la Isla de Cedros, donde las ballenas acuden a procrear. Ven en las playas de esta zona como panes hechos de brea blanquecina y blanda, en gran abundancia, que más tarde les dijeron eran de ámbar gris de muy buena calidad. El día 5 de noviembre llegan a la bahía de Todos los Santos y el día 11 al puerto de San Diego, que les pareció muy seguro para

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las naves de Filipinas. El capellán fray Antonio de la Ascensión diría más tarde que "este Puerto de San Diego es muy bueno y capaz" y contará la amabilidad de los indios, la abundancia de pesca, y la de ámbar y metales, especialmente oro, "porque todas estas playas estaban llenas de margaritas doradas ojosas, que con las lluvias bajan de los montes cercanos". En este lugar reciben noticia de los indios "que cerca de allí había gente blanca como nosotros, y que usan de vestidos galanos, con pasamanos de oro y plata, y que sacaban plata de unos montes que allí hay...", de esta gente misteriosa el cronista Fray Antonio no supo nunca quiénes eran ni por dónde había llegado, pero, ya que no debían haber llegado por el sur, porque les habrían visto, las referencias les parecieron a los españoles como una confirmación de la existencia del paso del Norte, el estrecho de Anián, que en ocasiones habían estado buscando. Siguieron la navegación describiendo con minuciosidad extraordinaria todo lo que encontraban. Pasaron por la bahía de San Pedro y el canal de Santa Bárbara. Llegaron el 13 de diciembre a Monterrey que les pareció un sitio adecuado para un buen puerto. En la bahía de Monterrey celebran una de las Juntas más importantes de la expedición. Se debate si están en condiciones de seguir. Han muerto varios tripulantes, hay cuarenta enfermos y están mal de alimentos. Se decide que la nave Almiranta regrese a México con los enfermos y para informar al Virrey. Votan a favor de hacerlo así todos los capitanes menos Juan Francisco Sureano que alega el mal efecto que esto podría producir en el resto de la tripulación. El 3 de enero continúan su viaje de reconocimiento, deteniéndose en diversos puntos y el 12 de enero llegan a Cabo Mendocino a 350 kilómetros al norte de la actual ciudad de San Francisco. Vizcaíno es otro navegante que pasa por delante de la boca de la bahía de San Francisco sin percatarse de la existencia del extraordinario puerto de abrigo escondido en ella, que permaneció ignorado otros ciento sesenta y siete años. Parece como si este extraordinario puerto jugara a esconderse de los navegantes y que su destino fuese que no se descubriera desde el mar, ya que como sucederá más tarde, con ocasión de las expediciones de las Misiones, tuvo que ser un militar de tierra, y no un marino, el sargento José Francisco Ortega que iba como avanzadilla de Gaspar de Portolá, buscando perdidos la bahía de Monterrey, el que lo descubriera en noviembre de 1769. Vizcaíno divisó el cabo Mendocino después de ocho meses de navegación desde que salieron de Acapulco. Llega cuando arrecian el frío del invierno y los temporales en la mar, y con la tripulación en malas condiciones físicas. Dice el cronista carmelita Fray Antonio de la Ascensión que a veces sólo seis de sus miembros andaban en pie y estaban con fuerzas para subirse a afirmar las velas. Celebran Junta y deciden que pueden regresar ya que han cumplido el objetivo del viaje, sin embargo durante unos días más siguen con ese empeño de los descubridores españoles de llegar hasta el "plus ultra", ateniéndose a la autorización que figuraba en las Instrucciones, para subir hasta Cabo Blanco y cien leguas más. Así queda registrado por el cronista; "... llegamos al cabo Mendocino, que está en la altura de cuarenta y dos grados, que es a la mayor altura que vienen a reconocer las naos de China; aquí por ser la fuerza del invierno en este tiempo y los fríos y garúas crueles, y por ir casi toda la gente enferma se amainaron las velas y el navío Capitana se puso de mar a través, y como no podía gobernar, las corrientes le fueron llevando poco a poco hacia tierras que corrían al estrecho de Anián, que aquí comienza su entrada, y en ocho

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días nos habían subido más de un grado de altura, que fue hasta cuarenta y tres grados, a vista de una punta que se llamó de San Sebastián, y junto a ella desagua un río, que se llamó de Santa Inés. Aquí nadie saltó en tierra, porque toda la gente iba muy falta de salud, tanto que sólo seis personas andaban en pie. La costa y tierra da la vuelta al nordeste, y aquí es la cabeza y fin del reino y tierra firme de California y el principio y entrada para el estrecho de Anián." La mención que aquí se hace del estrecho de Anián es el único o uno de los pocos errores en las descripciones del viaje de Vizcaíno, pero indica una vez más la importancia que se daba a su existencia y a su hallazgo. El día 20 de enero emprende Vizcaíno el regreso en su nave principal dejando atrás a la fragata que acompañaba. El día 28 celebran nueva Junta en la isla de Santa Catalina para decidir si continúan o se quedan esperando. El cronista toma nota de todos los pormenores: "... era tanta la necesidad de salud y los enfermos clamaban sin médico ni medicinas ni regalos que poderles dar, más de un tasajo podrido y mazamorra, habas y garbanzos pasados de gorgojo, todos con las bocas dañadas..., que apenas podían pasar el agua, que parecía el dicho navío hospital y no navío de Armada, y estaba el negocio en tal extremo, que el que en su vida había tomado el timón, gobernaba y subía a la gavia y hacía las demás faenas, y los que podían andar, acudían al fogón a hacer mazamorra y poliada para los enfermos, y sobre todo nos daba mucho cuidado la fragata Tres Reyes, que no parecía, y temerosos que con el viento pasado no se hubiese perdido, mas era tanta nuestra necesidad como está dicho, que no la pudimos esperar.." Vizcaíno sigue hacia el sur sin detenerse y el día 11 de febrero llega al cabo de San Lucas. Dudan otra vez si esperar a la fragata, si ir al puerto de La Paz a esperar órdenes y socorros del Virrey, si cruzar a Mazatlán y seguir por tierra hacia México. Deciden nuevamente en Junta y intentan esto último, pero encuentran problemas en el camino y reanudan el viaje por mar. Llegan a Acapulco el 21 de febrero y de allí a Mexico el 18 de marzo de ese año 1603. En México se encuentran con sus compañeros de la fragata Tres Reyes, que después de perder entre los fríos del cabo Blanco a su alférez y al piloto y a la mayor parte de la tripulación, había llegado directamente al puerto de Navidad a finales de febrero y desde allí por tierra se habían dirigido a México. El viaje de Vizcaíno había durado un año y durante él murieron más de cuarenta participantes. El gozo de los supervivientes al llegar a la capital de México donde estaba el Virrey debió ser grande. La expedición había sido un éxito. A partir de ella se dispondría de una colección de 36 mapas dibujados por Enrico Martínez23 y observaciones minuciosas que serían de grandísima utilidad para las navegaciones posteriores. Muchos de estos mapas están reproducidos en la obra citada de Álvaro del Portillo. Vizcaíno está reconocido como el gran navegante que exploró de manera técnica y concienzuda las costas de California y junto con Cabrillo son las dos figuras veneradas en la historia de California que se enseña en las escuelas americanas o a las que se hace referencia en la literatura narrativa del principio de la Alta California.

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Los navegantes que cruzaron el Pacífico desde América pero no pudieron volver. El Océano Pacífico era un mar inmenso, difícil y desconocido para los primeros navegantes que se adentraron en él y no sabían cómo era el régimen de vientos y corrientes en el que deberían desenvolverse. Durante los primeros años después del descubrimiento de Magallanes sólo se sabía la forma de atravesarlo de Este a Oeste, es decir desde América hacia Asia, pero se desconocía la forma de regresar atravesándolo en el otro sentido. El primero que quiso regresar a América navegando de Oeste a Este fue Gonzalo Gómez de Espinosa, que iba en la expedición de Magallanes, y lo intentó sin éxito desde las islas Molucas, que acababan de descubrir. Desde estas islas, al mismo tiempo que Juan Sebastián Elcano continuaba el viaje de circunnavegación hacia España siguiendo la ruta del Cabo de Buena Esperanza con la nao "Victoria", Gómez de Espinosa recibía el encargo de volver a América en la nave capitana "Trinidad" para informar en Nueva España del descubrimiento. Después de efectuar una profunda reparación de la "Trinidad", Gómez de Espinosa partió de la base española de Tidore en Molucas el 6 de abril de 1522, con medio centenar de hombres, y tras navegar sin éxito durante seis meses renunció a continuar el viaje y regresó a Ternate en las mismas Molucas, con sólo diecisiete supervivientes. Gómez de Espinosa se encontró con la sorpresa de que en su ausencia esta isla había sido tomada por Portugal y fue hecho prisionero por el capitán de este puesto portugués que después de cuatro meses de mantenerle en calabozo le llevó detenido en un largo viaje por la ruta de Buena Esperanza, con estancias en diversas cárceles portuguesas hasta que a mediados de 1526 llegó a Lisboa, en donde se le obsequió con otros seis meses de cárcel hasta su liberación definitiva, aunque sin devolverle las cartas de navegación y sus diarios que no fueron publicados y por lo tanto quedaron desconocidos para las autoridades españolas.24 El segundo que lo intentó fue Álvaro de Saavedra al que Hernán Cortés encargó, siguiendo el mandato del Emperador Carlos, que fuese desde Nueva España a las Molucas en socorro de los expedicionarios de Gaspar Jofre de Loaysa. Saavedra partió de Zihuantanejo en la costa occidental de Nueva España con tres naves el 31 de octubre de 1527 y llegó a Tidore el 27 de marzo del año siguiente, después de perder a dos de las tres naves y de pasar por las islas Marshall, Carolinas, Marianas y Mindanao y de recoger supervivientes de Loaysa en la isla de Mindanao y en la de Gilolo. Saavedra demostró ser un buen marino y fue el primero que hizo el trayecto desde Nueva España a las Molucas. Cumplida su misión de ayudar a los supervivientes de Loaysa y de mantener la pugna en Tidore con los portugueses, Saavedra intentó por dos veces regresar a Nueva España navegando en sentido inverso a como lo había hecho a la ida, y en las dos ocasiones fracasa. Saavedra muere durante en alta mar durante el segundo intento y sus hombres regresan sin éxito a Tidore donde son hechos prisioneros por los portugueses y los supervivientes regresan a España en barcos portugueses.25

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LANDíN y ROMERO en EDITORIAL NAVAL, t. 1, p. 166. GÉNOVA SOTIL y GUILLËN SALVETTI en EDITORIAL NAVAL, p. 223 y siguientes.

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El tercer intento correspondió a Hernando de Grijalba en 1536, que había sido enviado por Cortés desde Nueva España para ayudar a Francisco Pizarro y una vez cumplido este encargo fue destinado a las Molucas y para ello partió del puerto peruano de Paita en abril de 1537. Este viaje de Grijalba, absolutamente novelesco, ha sido muy estudiado por el ilustre marino e historiador Amancio Landín Carrasco. Hubo de todo: grandes calmas, temporales despiadados, hambre, sed, motín contra el capitán y muerte de éste, luchas con salvajes isleños y un largo cautiverio de los contados supervivientes. La nao "Santiago" de Grijalba rompió quizás todas las marcas de permanencia en la mar sin escalas ni avistamientos, entre ocho y diez meses, y navegó una distancia equivalente a la mitad del diámetro de la tierra.26 Su sucesor en el mando Esteban de Castilla intentó volver a Nueva España navegando hacia el Este pero cayó prisionero de los papúes en Nueva Guinea y sus hombres fueron tratados como esclavos hasta que el gobernador portugués de las Molucas rescató a los supervivientes.27 Las siguientes expediciones que no consiguieron volver fueron las de Bernardo de la Torre y Iñigo Ortiz de Retes en 154328 como continuación de Ruy López de Villalobos que había salido del puerto de Navidad el 1 de noviembre de 1542 por iniciativa del virrey de Nueva España Antonio de Mendoza. La navegación de López de Villalobos fue la que descubrió más islas de la Polinesia en aquellos años.29 Estando en la isla filipina de Mindanao López de Villalobos decidió enviar a Bernardo de la Torre a Nueva España para pedir ayuda al virrey con la que continuar las exploraciones y la toma de posesión del archipiélago filipino. De la Torre zarpó de Sarangani el 4 de agosto de 1543 y después de navegar 750 leguas hacia el noreste regresó sin éxito a la isla de Leyte.30 Fallido este intento Villalobos dispuso que lo intentase de nuevo Iñigo Ortiz de Retes que partió de Tidore el 16 de mayo de 1545 en dirección sureste y descubrió numerosas islas pero tuvo que regresar sin éxito igual que sus antecesores el 3 de octubre.31 Villalobos murió en 1546 en la isla de Amboina cuando regresaba a España a bordo de un barco portugués.32

El "tornaviaje" de Andrés de Urdaneta en 1565, Andrés de Urdaneta se había apuntado voluntario como grumete en la expedición de Jofre de Loaysa cuando tenía sólo 17 años. Llegó a las Molucas, peleó con los indígenas y con los portugueses, se quedó algunos años en este archipiélago, volvió a España, presentó su Diario al Rey en 1536 y fue a Nueva España, peleó con los indios en Guatemala y profesó como agustino en Ciudad de México. Era considerado navegante con experiencia y por eso Felipe II le pidió que dejase el convento y acompañase en 1564 a Miguel de Legazpi que iba a partir desde Acapulco a la conquista de las islas que se llamarían Filipinas, con el encargo además de que encontrase una ruta para volver a Nueva España. Diversos navegantes habían ido a las islas del Pacífico desde América dejándose llevar por las

LANDÍN CARRASCO, (2), p. 73 CEREZO, p. 200 y GÉNOVA SOTIL y GUILLÉN SALVETTI en EDITORIAL NAVAL, t.1, p. 271 y siguientes. 28 CEREZO, p. 201 29 BARREIRO-MEIRO y LANDÍN CARRASCO en EDITORIAL NAVAL, t. 2, p.319 y siguientes 30 BARREIRO-MEIRO en EDITORIAL NAVAL, t. 2, p. 361 y siguientes. 31 GÉNOVA SOTIL en EDITORIAL NAVAL, t.2, p. 379 y siguientes. 32 BARREIRO-MEIRO y LANDÍN CARRASCO en EDITORIAL NAVAL, t. 2, p.354

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corrientes y los vientos pero ninguno había sido capaz de volver con esos vientos y corrientes en contra, como se ha narrado en el apartado anterior. La intuición y el atrevimiento de Urdaneta fue que para volver en vez de navegar directamente hacia el este se dirigió primero hacia el norte, llegó casi a la altura del Japón, "hasta que apareció el hielo en las jarcias", allí observó las corrientes que cambiaban y se dejó llevar por ellas describiendo un amplio círculo hacia levante hasta tocar tierra en la actual California desde la que fue costeando hacia el sur y llegó a Acapulco en México. Dieciséis miembros de su tripulación murieron en la travesía y cuando llegó a Acapulco el 8 de octubre de 1565, sólo él y el capitán Salcedo tenían fuerzas para mantenerse en pie. El viaje lo habían iniciado en la isla de Cebú el 1 de junio de 1565 y había durado por lo tanto 130 días.

Alonso de Arellano con el San Lucas poco antes de Urdaneta y Pedro Sánchez Pericón con el San Jerónimo poco después. En realidad no fue Urdaneta el primero en hacer el viaje de regreso desde Filipinas porque el 9 de agosto de 1565, es decir dos meses antes que Urdaneta llegase a Acapulco había llegado al Puerto de la Navidad en Nueva España, Alonso de Arellano que iba en la expedición de Legazpi pero desertó con el pequeño patache San Lucas de 40 toneladas, viajó por las islas del Pacífico, llegó a Filipinas y volvió por la ruta de Urdaneta quizás porque la imaginaba por haber oído hablar a Urdaneta de sus planes. Arellano pasó a la ida por islas Marshall y Carolinas y llegó en su viaje de regreso hasta los 43º Norte y la isla japonesa de Sumisu en el archipiélago volcánico de Schichito y completó su recorrido de regreso.en 109 días, es decir 21 días menos que Urdaneta. El viaje de Arellano es muy interesante aunque sea poco conocido. Un estudio excelente es el de Amancio Landín Carrasco y Luis Sánchez Masiá en la obra citada muchas veces Descubrimientos españoles en el Mar del Sur.33 Las autoridades españolas no dieron mucha consideración a Alonso de Arellano a su llegada a Nueva España por su condición de desertor, pero tomaron nota de todo lo que contó de Filipinas, ampliadas por Urdaneta y pensaron inmediatamente en organizar una expedición nueva para enviar ayuda a los españoles que allí estaban. Con este fin se preparó el galeón San Jerónimo que se puso al mando del malagueño Pedro Sánchez Pericón y se hizo a la mar en Acapulco el 1 de mayo de 1566 llevando como piloto al mulato Lope Martín que había acompañado a Alonso de Arellano. Amancio Landín Carrasco califica de "truculento" el viaje del San Jerónimo y Luis Sánchez Masiá de dramático.34 El capitán Sánchez Pericón fue descrito como hombre "mísero, melancólico, enemigo de afabilidad y amigo de la soledad"35 y durante la travesía fue muerto a cuchilladas mientras dormía por el sargento mayor Ortiz Mosquera, y éste fue ahorcado por Lope Martín un mes más tarde, y siguieron los sucesos extraños cuando parte de la tripulación se amotinó y Lope Martín y sus veinticinco hombres fieles fueron abandonados en una islilla a poniente de las Marshall con víveres para sólo cuatro

EDITORIAL NAVAL, t. 2, p. 469 y siguientes. Amancio Landín Carrasco en GALVÁN, p. 23 y Luis Sánchez Masiá en EDITORIAL NAVAL, t. 2, p. 515 y siguientes 35 GALVÁN, p. 23

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días. Al final los que quedaron en el San Jerónimo llegaron a Cebú el 15 de octubre después de realizar descubrimientos importantes y a su llegada a Filipinas contaron que Urdaneta había conseguido regresar a Nueva España y que por lo tanto era posible la comunicación normal entre Filipinas y Nueva España y esto elevó la moral de los españoles que allí estaban

Los galeones de Manila y Acapulco. En 1566, después del "tornaviaje" de Urdaneta, una vez comprobado que era posible atravesar el Pacífico y volver, se inicia el tráfico comercial regular de los galeones cargados de riquezas y de mercancías provenientes de China, India, y los países orientales en un sentido, o de América y Europa en el otro, que en el viaje desde Filipinas a México se denominaron popularmente como los Galeones de Manila, o las Naos de la China, y desde México a Filipinas, las Naos de Acapulco. El intercambio fue muy intenso. En Asia, Manila desempeñó el papel de base logística para todo el Oriente, compitiendo con el comercio portugués desde Macao en la India, así como en América lo era Acapulco para unir con el Perú y para enviar por tierra a Veracruz las mercancías destinadas a Europa. El eje comercial Sevilla-Veracruz-Acapulco-Filipinas fue el más importante en el mundo durante más de dos siglos. En una segunda época, a partir del 12 de mayo de 1717, la Casa de Contratación se traslada a Cádiz y esta ciudad compartió la importancia con Sevilla.36 Los galeones eran unos barcos enormes en su tiempo. Muchos de ellos se construyeron en Filipinas con maderas tropicales y herrajes de fundición y aparejos llevados desde España. Su tamaño estaba reglamentado por unas exigentes instrucciones de carácter fiscal, pero muy a menudo se construían más grandes de lo permitido. En 1720 se autorizó que tuviesen hasta 500 toneladas pero enseguida esta cifra se superó. El Santísima Trinidad que fue capturado por el pirata inglés Samuel Cornish en 1762 tenía 2.000 toneladas. Antes, el Nuestra Señora de la Concepción que naufragó en 1638 en Saipán, una de las Marianas del Norte, según estudios realizados en su rescate, era ya de 2.000 toneladas y tenía una eslora de 150 pies con un calado a plena carga de 20 pies37. Para hacernos una idea se puede comparar este dato con el de la nave con la que Elcano completó la vuelta al mundo, la Victoria, que sólo tenía 85 toneladas, o la Santa María de Colón, que apenas superaba las cien toneladas y era grande entonces. (Aunque había muchas definiciones de tonelada la más usual entre los españoles era el volumen del sitio necesario para acomodar dos toneles de 27 arrobas y media cada uno. Una arroba serían aproximadamente 16 litros de hoy38). Los galeones del Pacífico eran más grandes que los del Atlántico porque no estaban limitados por los escasos calados de las barra de Sanlúcar en la desembocadura del Guadalquivir, para ir a Sevilla, y de San Juan de Ulúa en el puerto de Veracruz en el golfo de México.

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SANZ p.62 NATIONAL GEOGRAPHIC, vol 178,nº 3, sep. 1990, p.44 38 SANZ p.64

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Los galeones eran embarcaciones preparadas para la guerra, pero cuando se usaban comercialmente se les retiraban los cañones para habilitar más espacio para el transporte, lo cual les dejaba indefensos ante posibles ataques. Además de la tripulación solían llevar a bordo una abigarrada muchedumbre de comerciantes y pasajeros, de frailes, funcionarios civiles y militares, y a veces presos que eran objeto de traslado por la justicia, viajando todos ellos hacinados en el escaso espacio disponible en las bodegas y en la cubierta. Era frecuente que viajasen en cada galeón trescientas o más personas. El viaje se hacía casi en línea recta entre Acapulco y Manila, en menos de tres meses, saliendo de Acapulco a principios de año para llegar a Manila antes de los monzones, con vientos fáciles en esta dirección. Era más fácil ir de Acapulco a Manila que de Acapulco a San Diego en la Alta California, ya que en este último trayecto los vientos y las corrientes eran en contra. El regreso de Manila a Acapulco se hacía describiendo un amplio semicírculo por el norte, que llevaba a los navegantes a pasar no lejos del archipiélago japonés, con una duración bastante más larga y difícil, de entre cuatro y cinco meses, aunque muy frecuentemente se tardaba más. El comerciante aventurero italiano Giovanni Francesco Gemelli Careri, (o Carletti), que dio la vuelta al mundo de 1697 a 1698, fue como pasajero en un galeón desde Manila a Acapulco y escribió unas interesantes memorias de sus viajes, (traducidas al inglés con el título "A voyage round the World by Dr. John Francis Gemelli Careri" y incluidas en "A collection of voyages and travels" de Awnsham y John Churchill, publicado en Londres en 1752)39, en las que cuenta que tardó casi siete meses en la travesía y describe con mucho colorido las incidencias que eran habituales en este viaje. Entre Acapulco y Manila existía la posibilidad de paradas de emergencia en las islas de la Polinesia pero al regreso entre Manila y Acapulco esas paradas no eran posibles porque la ruta quedaba muy al norte. En el viaje era frecuente que se acabasen el agua de beber y las provisiones. Podemos imaginar la dificultad de la convivencia durante los largos días todos iguales de navegación. Los navegantes que avistaban el Cabo Mendocino en el norte de Alta California llegaban exhaustos y lo celebraban con fiestas y actos religiosos de acción de gracias. Los asentamientos españoles en Alta California que se avistaban después de rebasar Cabo Mendocino eran una posibilidad de socorro para los galeones que llegaban con problemas. Este fue uno de los motivos por el que se hicieron esos asentamientos. También servían para controlar el paso y el comercio de los galeones. En 1775 se estableció que todos los galeones parasen obligatoriamente en Monterrey, pero muchos capitanes preferían desatender esta obligación, ansiosos de llegar cuanto antes a su destino de Acapulco del que sólo les faltaba un mes escaso en ese punto, después de la larga travesía del océano que habían pasado.40 Un estudio muy completo sobre las condiciones del viaje de los galeones españoles entre México y las Filipinas es el de Félix Álvarez Martínez con el título "Galeón de Acapulco" y el ilustrativo subtítulo "El Viaje de la Misericordia de Dios" publicado por Editorial Polifemo de Madrid. No todos los que salían de Manila llegaban vivos a Acapulco. Las actas de los viajes indican que a partir del cuarto mes aproximadamente, morían a bordo hasta cuatro a seis personas diariamente. En uno de los primeros galeones en el siglo XVI, de 400 personas que salieron de Manila sólo 192 llegaron a Acapulco. Hubo otro en el siglo XVIII, el San José, en el que murieron todos los que iban a bordo, quedando el

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galeón a la deriva. Esto explica, según algunas crónicas burlescas, que algunos de los embarcados prefiriesen hacer todo el trayecto vestidos con hábito de monjes, aunque no lo fuesen, y sin quitárselo en ningún momento, para tener más seguridad de ser mejor tratados en caso de que el Señor les llamase repentinamente a rendir cuentas, y que los verdaderos frailes fuesen los más ocupados durante todo el viaje administrando confesión y perdón de los pecados a los viajeros. Era el viaje más largo que se podía hacer en el mundo, pero también el que más éxito económico aseguraba a los que lo hacían. La organización de las mercancías a embarcar en estos viajes estaba basada en las "encomiendas" y en las "boletas" que se asignaban en Manila y en Acapulco y se compraban y se vendían. Era frecuente el contrabando y el exceso de carga sobre lo autorizado. Las mercancías una vez cumplido el viaje multiplicaban su valor muchas veces. La llegada del Galeón, tanto en Manila como en Acapulco era una fiesta con mucha animación seguida de feria comercial. Acapulco era el centro que recibía y enviaba mercancías a Lima, igual que Manila lo era con respecto India, Ceilán, Tailandia, China y Japón. La importancia económica de este comercio fue extraordinaria y duró más de doscientos años hasta que en 1789 España permitió abrir el puerto de Manila a los navíos de otros países al mismo tiempo que barcos más modernos competían utilizando la ruta del cabo de Buena Esperanza. El último galeón, llamado precisamente Magallanes, que realizaba el recorrido entre Manila y Acapulco y regreso a Manila, estuvo en servicio entre los años de 1811 a 181541. La apertura 1869 del Canal de Suez configuró la ruta más rápida entre Oriente y Europa haciendo desaparecer a los galeones españoles. Un estudio muy completo y muy interesante sobre este comercio está en el discurso leído por Carlos Martínez Shaw en su recepción como Académico de la Real Academia Española de la Historia el día 11 de noviembre de 2007 con el título "El sistema comercial español del Pacífico (1765-1820)" y la contestación por la Académica Doña Carmen Iglesias. En los viajes de ida desde México, los galeones españoles llevaban principalmente plata y productos europeos, para intercambio o compra de productos orientales. Hay que recordar que los virreinatos de Nueva España y de Perú, desde Zacatecas hasta Potosí, producían el 90% de toda la plata del mundo en aquellos años, de la cual una parte se destinaba a Europa donde las potencias nacionales, en continuas guerras, la codiciaban para pagar a sus ejércitos o para respaldar la moneda, o para usos suntuarios, y otra parte iba a Asia para este comercio. En el viaje inverso los galeones llevaban sedas, porcelana, gemas, marfiles, lacas, especias y té y otros productos deseados por la rica sociedad europea. Normalmente se hacían al año uno o dos viajes en cada sentido y los galeones iban en solitario o en grupos de hasta cuatro. Algunos de estos galeones se perdieron en la navegación, y siempre existía la amenaza oculta de los piratas, como más adelante se comenta. En el nº 178 de septiembre de 1980 de la revista "National Geographic" hay un interesante artículo sobre los Galeones de Manila y otro sobre el rescate del tesoro del Nuestra Señora de la Concepción naufragado en 1638 en las islas Marianas, firmados respectivamente por Eugene Lyon y William M. Mathers. Entre las mercancías que llevaban los galeones de Manila, las más valiosas y que había que llevar con más cuidado eran las piezas de porcelana China que los reyes y nobles de

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NATIONAL GEOGRAPHIC, Sep 1990, p. 8

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Europa ansiaban recibir para utilizarlas como ostentación ante sus invitados en los banquetes que celebraban. Las mejores de estas piezas de porcelana china se hacían por encargo incorporando en la decoración los escudos heráldicos y los emblemas de las personas importantes que las compraban. Deteniéndose a contemplar los detalles de estas piezas de porcelana en los museos y colecciones privadas se puede reflexionar sobre la evolución de la alta sociedad en la Historia de Europa en aquellos siglos. En el Museo de Artes Decorativas de Madrid hay buenos ejemplos de estas porcelanas chinas. El mundo de las porcelanas chinas es el paraíso de anticuarios y coleccionistas, y también de las casas de subastas que las ponen en el mercado con valoraciones astronómicas. Antonio Diez de Rivera e Icaza, que fue compañero de colegio y desde entonces buen amigo de este conferenciante, y no es coleccionista de profesión, pero tiene la educación y cultura suficientes para gozar con las piezas de porcelana china que posee y para despertar en sus amigos el interés por la Historia, dio el 12 de noviembre de 1998 en Sothebys de Londres una conferencia muy documentada sobre este tema que después fue publicada resumida en la revista que se edita en Singapur, "The Oriental Art" (Año XLV, nº 1 de 1999), dentro del ciclo "The China Circle". Antes de los galeones españoles todo el comercio con el lejano Oriente estaba monopolizado por Portugal que tenía el puerto de Lisboa como centro de distribución para toda Europa. A Felipe II le debió molestar esta preeminencia portuguesa y en 1594 ordenó el cierre del puerto de Lisboa a los barcos extranjeros para eliminar las facilidades de comercio que tenían los países rivales de España en Europa. Las consecuencias de esta medida fueron indeseadas para los propósitos de España. Los países europeos que perdieron la posibilidad del comercio regular en Lisboa, que antes era fácil porque estaba cerca, se animaron a acudir por su cuenta a los países de origen, aunque estuviesen más lejos, y así fue como nació en 1602 la "Compañía Holandesa de las Indias Occidentales"42, que fue una fuerte competencia para España en el comercio de la porcelana china y de otros productos orientales. Con la medida desafortunada del cierre de Lisboa también aumentó el comercio ilegal y la piratería que padeció España.

Las exploraciones inversas de California La ruta del "tornaviaje" que usaban los galeones de Manila atravesaba el Pacífico sobre la latitud 40º aproximadamente hasta avistar tierra en la parte norte del actual Estado de California y desde allí navegaban hacia el sur aprovechando los vientos y corrientes favorables costeando por Alta y Baja California hasta dirigirse al puerto de Acapulco. Los navegantes al pasar hacían reconocimientos de la costa de California y eventualmente hacían paradas en ella y la exploraban. Las más famosas de estas exploraciones llamadas "inversas" porque se hacían al volver, fueron las de Francisco de Gali en 158443, Pedro de Unamuno en 158744 y Rodrigo de Cermeño en 159545. La costa norte de California era el primer punto en que los galeones de Manila podían tocar tierra después de su larga travesía por el Pacífico y las autoridades españolas consideraron la conveniencia de establecer

DIEZ DE RIVERA, p. 12 CHAPMAN p. 112 y siguientes, PORTILLO p. 173. 44 PORTILLO p.174, SANTOS, The first Philippine indios in Caifornia. www.bibingka.com/sst/esperanza/indios.htm ,TELLECHEA p.205, SANTOS, Did Philippine indios really land in Morro Bay, www.bibingka.com/sst/esperanza/morrobay.htm 45 CHAPMAN p. 112 y siguientes

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bases en esta zona que sirviesen como descanso a los navegantes aunque se vio que la mayoría de éstos estaban ansiosos por llegar pronto a su puerto de destino Acapulco y preferían no detenerse.

El pirata Francis Drake en 1579 y otros visitantes no deseados España no pudo evitar que otros navegantes extranjeros visitasen también el Océano Pacífico rompiendo la tranquilidad del "lago español". El primero de estos visitantes extranjeros fue el inglés Francis Drake, que hay que reconocer era un buen navegante, pero su recuerdo es penoso para España por haber sido el iniciador de la piratería contra los barcos y las poblaciones españolas de la costa americana del Pacífico, que entonces no tenían defensas porque no podían imaginar la llegada de visitantes hostiles. Francis Drake zarpó de Inglaterra con cinco barcos en diciembre de 1577 con el objetivo de explorar el paso descubierto por Magallanes y atacar las posiciones españolas en Pacífico. Los hielos y tempestades echan a pique cuatro de estos barcos en el paso del estrecho de Magallanes y Drake continúa con el único que se salva, la capitana "Golden Hind". Siguiendo la costa chilena Drake asalta Valparaíso y Arica y el 13 de febrero de 1579 el puerto limeño del Callao y continúa hacia Panamá y California. El virrey Toledo lanza a Pedro Sarmiento de Gamboa, que tenía experiencia por haber navegado por la Polinesia, con dos barcos para que persiga al intruso o le espere a su regreso, suponiendo que volvería por la misma ruta del estrecho, en un empeño imposible por la dificultad de localizar a un barco en la inmensidad del océano, y no tiene éxito porque Drake continúa según el viaje de Magallanes y no vuelve por la costa americana. Drake continuó su navegación después de una parada técnica en la costa del norte de California y dio la vuelta al mundo. Los historiadores ingleses dicen que Francis Drake fue el segundo que dio la vuelta al mundo después de Magallanes pero eso no es cierto porque antes que él la dieron los supervivientes de la expedición de García Jofre de Loaysa citada antes aunque no la hicieran entera en los mismos barcos con los que salieron. El siguiente asalto pirata en el Pacífico fue a finales de 1587. El pirata inglés Thomas Cavendish que había salido de Inglaterra en 1586 dobla el cabo de Hornos siguiendo la ruta de Francis Drake, sube hacia el norte por América del Sur y llega a los mares de California y se queda apostado en la bahía de San Bernabé del cabo de San Lucas, en el extremo sur de la península de California, con tres barcos y 123 hombres de tripulación, esperando al próximo galeón de Manila, en un punto que se repetía siempre, ya que era paso obligado en la ruta hacia Acapulco, y en él los galeones pasaban cerca de la costa. No tiene que esperar mucho. El primer galeón que pasa, el Santa Ana, de 700 toneladas46, con un rico cargamento de sedas y mercancías valiosas además de 122.000 pesos de oro,47 es capturado el día 1 de noviembre de 1587 por los piratas ingleses, que toman su carga, y lo incendian y abandonan, mientras que los pocos supervivientes que hay alcanzan como pueden la costa y se apañan para llegar a Acapulco donde cuentan lo ocurrido. Para evaluar la importancia económica del botín obtenido en este saqueo se puede decir que equivalía a

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CHAPMAN cap.X SPATE p.282

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aproximadamente dos quintos de los ingresos totales anuales de la Corona inglesa48. Cavendish continúa su viaje cargado con estas riquezas, atraviesa el Pacífico, pasa por Filipinas donde procura mantenerse lejos de la zona dominada por España, sigue por el Cabo de Buena Esperanza y el 19 de septiembre de 1588 llega a Plymouth, desembarca su tesoro y lo lleva a Londres donde es objeto de un gran recibimiento. En España el saqueo de Cavendish, a los pocos años del viaje de Drake, produjo un fuerte impacto. Al poco tiempo, en 1588, fue el desastre de la Armada Invencible. A pesar de las medidas tomadas, el ataque pirata de Cavendish no fue el único que tuvo éxito en la historia de los galeones de Manila. Posteriormente hubo los de otros piratas ingleses, entre ellos como más importantes los de Wooder Roger que apresó el Encarnación en 1709, George Anson el Covadonga en 1743 y Samuel Cornish el Santísima Trinidad, que era el barco más grande de su época, en 176249. Es verdad que en número no fueron muchos los asaltos exitosos, comparados con el total de los viajes realizados, si sólo se computan los de los galeones, pero hubo otros muchos ataques piratas a barcos de menor importancia y en conjunto éste fue un problema de gran importancia para el desarrollo de las posesiones españolas en América.

El plan de Pedro Sarmiento de Gamboa en 1581 para controlar el estrecho de Magallanes. Después del paso de Drake el virrey español dio instrucciones a Pedro Sarmiento de Gamboa, (1530 o 1532 - 1582), que tenía gran experiencia por haber navegado y peleado antes en Perú y Oceanía, para que hiciese un reconocimiento detallado del estrecho de Magallanes y estudiase si sería posible establecer allí posiciones permanentes para controlar el paso de barcos de forma que se impidiese la entrada en el Pacífico de visitantes indeseados como había sido Drake. Sarmiento de Gamboa realizó este reconocimiento después de perseguir a Drake y cuando lo terminó emprendió rumbo a España para explicar su plan al rey Felipe II, que lo consideró prioritario y lo aprobó y concedió a Sarmiento de Gamboa todos los medios que solicitó, con 23 barcos y unas 2.500 personas que el 9 de diciembre de 1581 se hicieron a la mar en Cádiz rumbo al estrecho al mando del capitán general Diego Flores de Valdés llevando a Sarmiento de Gamboa a bordo. El viaje tuvo muchas dificultades, durante la travesía a Brasil murieron más de 150 personas, otras 200 murieron y varios soldados desertaron en el fondeadero donde invernaron y otros 300 murieron al hundirse el Arriola y otros cuatro barcos más y por último cuando llegaron al estrecho los fuertes vientos les impidieron el paso, el inepto capitán Diego Flores de Valdés abandonó y Sarmiento de Gamboa tuvo que tomar el mando y regresar a Brasil. La suerte fue que en Brasil Sarmiento de Gamboa se encontró con cuatro barcos que había enviado el Rey como refuerzo para el poblamiento austral y con ellos Sarmiento de Gamboa regresó al estrecho de Magallanes el 4 de febrero de 1584, donde tuvo éxito inicialmente, a pesar de las dificilísimas condiciones climáticas, con la fundación de un par de pueblos. El drama viene cuando estando de reconocimiento por la costa en el único barco que había quedado a esta colonia de españoles, los vientos fuertes le impiden

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SPATE p.282 AMERICAN ANTIQUARIAN. COMMOM PLACE. www.commom-place.org/vol05/coclanis/index.shtml Pacific Overtures p.5 de 8.

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regresar a los pueblos fundados y le empujan lejos. Sarmiento de Gamboa lucha con los vientos durante unos meses y se ve obligado a dirigirse nuevamente a Brasil para pedir ayuda, con su único barco, cada vez más maltrecho, dejando abandonados a los colonos establecidos en el estrecho. Consigue un barco más pequeño aunque en mejor estado y navega nuevamente hacia el estrecho sin conseguir éxito tampoco. Decide entonces en junio de 1586 ir a España para contar todo al rey y organizar una expedición de rescate de los pobladores desembarcados en los pueblos del estrecho. La mala suerte hace que el barco portugués en el que viajaba sea capturado por piratas ingleses y Sarmiento de Gamboa es llevado a Plymouth y a Londrés, donde el aristócrata Walter Raleigh muestra admiración al mismo tiempo que interés por los relatos del brillante navegante español. Después de un par de meses la reina inglesa decidió dejar en libertad a Sarmiento de Gamboa encomendándole una gestión personal secreta con el rey español Felipe II. Otra vez la mala suerte hace que en el viaje a través de Francia una partida de hugonotes le secuestran y mantienen en calabozo durante tres años en Mont de Marsan, exigiendo rescate por su liberación. A mediados de 1590 el rey Felipe II paga el rescate y Sarmiento de Gamboa llega a El Escorial donde implora ayuda para los españoles que quedaron abandonados en la Patagonia y de los que no se tenía noticia, sin que nadie le apoye dado el tiempo transcurrido en el que todos deberían haber muerto, aunque Sarmiento de Gamboa consigue el reconocimiento de sus méritos y es premiado por el Rey. Finalmente Sarmiento de Gamboa es nombrado Almirante y se le encarga el mando de la armada de protección de los barcos que navegaban a América. Nuestro héroe Sarmiento de Gamboa está viejo y con malas condiciones físicas pero acepta el cargo y se embarca en sus nueva misión pero a los pocos días de navegación fallece en junio de 1592.

Las consecuencias del descubrimiento del paso más fácil por el Cabo de Hornos. Hasta el mes de enero de 1616 en que los holandeses Jacob Le Maire y Willem Cornelis Schouten descubrieron el paso por el cabo de Hornos la única manera de acceder al Océano Pacífico era atravesando el largo y peligrosísimo estrecho de Magallanes en el que los fuertes vientos, las bajísimas temperaturas y la complicada geografía de las dos orillas, hacían naufragar a un buen número de los navegantes que intentaban pasarlo. En cierto modo España no necesitaba este paso porque tenía la alternativa de la comunicación por tierra en el itsmo de Panamá y también en Nueva España por el camino desde Acapulco a Veracruz pasando por Ciudad de México. Podría decirse que el estrecho de Magallanes era la mejor barrera de protección de los intereses españoles en el Pacífico, hasta que se descubrió el paso fácil por mar abierto en el cabo de Hornos más al sur de Tierra de Fuego. A pesar de estas dificultades se debe mencionar que en los años siguientes a Magallanes hubo un buen número de navegantes españoles, especialmente andaluces, que lo atravesaron en expediciones particulares sin participación económica de la Corona y probablemente lo hicieron buscando sólo la aventura porque no se tenía noticia de que en los fríos parajes del extremo sur de América existiesen riquezas.50 El pirata Drake fue el primero que intuyó la existencia del cabo de Hornos cuando después de atravesar el estrecho de Magallanes el 7 de septiembre de 1578 abatió hacia el sur y

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MORALES PADRÓN, (2), t. I, p. 237.

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llegó hasta la latitud 57º 20´ Sur sin encontrar tierra aunque no llegó a divisar el cabo de Hornos por su lejanía. El mérito de la utilización de este descubrimiento correspondió a los navegantes holandeses citados que buscaban un camino fácil para el desarrollo comercial de la nueva compañía de la familia Le Maire que pretendía hacer la competencia a la poderosa Compañía Holandesa de las Indias Orientales titular del monopolio del paso holandés por el estrecho de Magallanes. Schouten publicó el relato de su viaje en 1618 y a partir de entonces se abrió la puerta para la entrada de todas las naciones competidoras de España en el Océano Pacífico. España se dio cuenta en seguida de la importancia del descubrimiento y envió inmediatamente una expedición para comprobarlo al mando de los hermanos Bartolomé y Gonzalo Nodal de Pontevedra que atravesó el estrecho de Magallanes y circunnavegó toda la Tierra de Fuego en enero de 1619, confirmando el paso por el Cabo de Hornos. La consecuencia de este descubrimiento del Cabo de Hornos es que el Océano Pacífico empezó a dejar de ser un exclusivo "lago español", aunque España siguiese siendo la potencia más importante en él. Los primeros que se lanzaron al océano ahora más cercano fueron los holandeses de sus poderosas compañías comerciales y siguieron ingleses y franceses.

España y Portugal unidos de 1581 a 1668. La unión de las coronas de España y Portugal por el rey Felipe II en 1581 significó en el Océano Pacífico que las dos orillas de este enorme "lago" quedaron nominalmente bajo una sola autoridad. En la práctica los navegantes españoles y portugueses continuaron sus actividades de forma independiente por separado como lo venían haciendo antes, con sólo una consecuencia importante, que terminaron las hostilidades en las islas del sudeste asiático y esto permitió la consolidación de la presencia española en las Islas Filipinas.

El "paso del sur" y el "paso del norte". Cuando se comprobó que existía un "paso del sur" para llegar al Océano Pacífico se pensó de manera lógica que también debía existir un "paso del norte", que se identificó con el fabuloso "estrecho de Anián" por el que los europeos llegarían fácilmente a China. La búsqueda del "paso del norte" fue una de las más interesantes aventuras de los navegantes españoles en el Pacífico y se dedicaron a ella primero Juan de Fuca en 1592, Pedro Bartolomé de Fonte en 1640 y Lorenzo Ferrer Maldonado en 1588, éste último por el Atlántico, que por sus exageraciones o fantasías fueron llamados "viajeros apócrifos" por el gran Académico de la Historia Martín Fernández Navarrete, y después con una expedición más seria Alejandro Malaspina 1789-1794. Andrés de Urdaneta señaló en un memorial de 1561 dirigido al Rey la importancia que tendría para España ser la primera en encontrar ese "paso del norte" y establecer posiciones militares en sus orillas que impidiesen el paso de buques enemigos a las aguas del Pacífico. Los exploradores españoles yendo por tierra hacia el norte en los actuales Estados Unidos también buscaron el "paso del norte" y ese fue uno de los objetivos que se puso a Juan de Oñate en 1595 para su expedición a Nuevo México. Los ingleses, franceses y holandeses buscaron este

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"paso del norte" por el lado del Océano Atlántico sin conseguir encontrarlo porque los hielos del Océano Ártico se lo impidieron. Los que sí encontraron un paso en el norte entre Alaska y Siberia fueron los rusos gracias al descubrimiento y las exploraciones del danés Bering de 1728 a 1730 y del ruso Chirikoff de 1729 a 1741, y ese descubrimiento no sirvió para comunicar con Europa, sino para que la Rusia de los Zares pudiese llegar más fácilmente a las costas españolas del Pacífico. Ahora se vuelve a hablar de la posibilidad del "paso del norte" por el deshielo como consecuencia del cambio climático y si este paso llega a ser practicable se producirá una revolución en el transporte marítimo entre Europa y China o Japón que tendrá una vía más corta que el canal de Panamá.

Los jesuitas en India y Japón y los agustinos en Filipinas y China. Es conocida la presencia de los jesuitas apoyándose en la ruta del comercio portugués por el cabo de Buena Esperanza, primero en India y después en Japón a partir de la estancia de San Francisco Javier en 1549-1551. Debe señalarse la presencia de los agustinos que iban a Asia utilizando la ruta española desde México, primero en Filipinas y después en China desde el primer viaje de Urdaneta, con los padres Martín de Rada y Jerónimo Martín. El "Museo Oriental" en el convento de los agustinos de Valladolid ilustra extraordinariamente sobre la obra de los primeros misioneros y la presencia española en Oriente y patrocina actividades y publica libros muy interesantes sobre este tema.

Los primeros libros españoles que trataron de China. Abundaron en aquella época los libros españoles relativos a la China misteriosa. En 1577 Bernardino de Escalante publicó en Sevilla el primero con el título "Discurso de la navegación que los portuguéses hacen a los reinos y provincias del Oriente y de las noticias que se tienen de las grandezas del reino de la China", que recopilaba información portuguesa, editado recientemente con un interesante estudio de Lara Vilá en la colección Biblioteca de Literatura Universal de Editorial Almuzara, 200851 en el que proponía algo parecido al establecimiento de relaciones diplomáticas con China, enviando una embajada pacífica, para lo que bastarían dos barcos de doscientas cincuenta toneladas cada uno y una escolta total de ochenta soldados que una vez cumplida su misión regresarían a Nueva España por la ruta descubierta por Urdaneta.52 Después fue en 1587 Diego García de Palacio, Oidor de la Real Audiencia de Guatemala, el que proponía enviar un verdadero ejército a China que se aumentaría cada año con quinientos soldados para detener cualquier resistencia del enemigo, de lo que él se ocuparía con su galeón particular el "San Martín" de 500 toneladas y otro que construiría ex-profeso de 200, y a cambio pedía la exclusiva del comercio.53 De todos estos libros que indicaban el gran interés por China, el más importante y famoso fue el del agustino Juan González de Mendoza con el título completo "Historia de las Cosas más notables, Ritos y costumbres del Gran Reyno de la China, sabidas así por los

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Ver VILÁ, Lara, en Editorial Almuzara. VARGAS MARTÍNEZ, p. 120 53 VARGAS MARTÍNEZ, p. 121

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libros de los mismos chinos, como por relación de Religiosos y otras personas que han estado en el dicho Reyno. Hecha y ordenada por el muy Reverendo Padre Maestro Fray Juan González de Mendoza de la Orden de San Agustín, Predicador Apostólico, y Penitenciario de su Santidad, a quien la Majestad Católica envió con su Real carta, y otras cosas para el Rey de aquel Reyno el año de 1580, Y nuevamente añadida por el mismo Autor "54, publicado en Roma en 1585 y en Madrid en 1586 que se reeditó en cincuenta y siete ocasiones en menos de un siglo y fue traducido a todas las lenguas cultas europeas. Paradójicamente fray Juan González de Mendoza sólo estuvo en China después de que escribiese este libro, por lo que fue el más famoso ejemplo de "viajero inmóvil", pero demostró un profundo conocimiento de todos los aspectos de la Historia y la cultura china que alcanzó leyendo las fuentes directas que escribieron los que sí estuvieron en China, Pedro de Alfaro, Martín Ignacio de Loyola, Gaspar de la Cruz y sobre todo Fray Martín de Rada (1533-1578), este último que debe ser considerado el primer sinólogo de Occidente. Fray Martín de Rada con el también agustino Jerónimo Martín zarpó de Manila el 12 de junio de 1575 y llegó al puerto chino de Toncoco, (Tiong-Suso), el 5 de julio y viajó por Fukien y regresó a Manila el 28 de octubre de 1575 en la embajada mencionada en un párrafo anterior. González de Mendoza también consultó las obras de Bernardino de Escalante y del portugués Joäo de Barros y numerosos libros de autores chinos que fueron traídos a España por Martín de Rada. El libro de fray Juan González de Mendoza, que es interesantísimo, habla no sólo de China, también de la ruta desde Mexico y del Japón y Cochinchina, incluye la narración de los incidentes de Fray Martín Ignacio de Loyola con las autoridades chinas en su viaje alrededor del mundo de 1581 a 1584, que no fue el único que realizó este franciscano sobrino de San Ignacio de Loyola, y al que nos referiremos a continuación. En el precioso "Museo Oriental" del Convento de los Agustinos en Valladolid hay una extraordinaria exposición de la actividad misionera de los frailes agustinos y de España en Filipinas, China, Japón y la India, con una importante colección de obras de arte oriental y numerosos libros editados sobre esta actividad. Después fueron los escritos del jesuita Mateo Ricci (1552-1610), astrónomo, matemático, geógrafo, lingüista, pintor y músico, que llegó a China durante el período de Wanli, de la dinastía Ming y fue el primero en introducir la ciencia y la cultura europeas en China. Hay otros libros sobre China de Antonio de Adrada de principios del siglo XVII que se conservan en la Real Academia de la Historia de Madrid.55 Sin embargo, a pesar del gran interés cultural evidenciado en esta abundancia de libros, el interés apostólico de los frailes franciscanos de Nueva España por China y Japón quedó pronto superado por el interés material del comercio hecho posible por la nueva ruta de los galeones entre Manila y Acapulco. En ese interés material o económico se encuadra el nombramiento de Sebastián Vizcayno como embajador en Japón que se comenta a continuación.

Fray Martín Ignacio de Loyola cruzó el Pacífico y dio la vuelta al mundo dos veces y media, en sentidos contrarios, antes de morir en 1606.

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Ver edición en 1990 y reedición en 2008 por Miraguano Ediciones, Ediciones Polifemo, Madrid. VARGAS MARTÍNEZ, p. 131

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Investigando en la historia de las exploraciones inversas de California el Autor de esta conferencia encontró la mención de que con Pedro de Unamuno viajaba un fraile franciscano que se llamaba Martín Ignacio de Loyola y era sobrino o primo de San Ignacio de Loyola y le encantó saber que el primer punto donde este viajero pisó tierra en California fue en la actual Morro Bay, dominada por una roca que llaman el Gibraltar del Pacífico y está muy cerca de la actual ciudad de San Luis Obispo donde Fray Junípero Serra fundó una Misión en 1772 y este Autor vivió como profesor de la Universidad de California en 1969 y 1970. La curiosidad del Autor por saber algo más de este franciscano viajero aumentó cuando primero en Arequipa y después en Cuzco del Perú le fue enseñado un cuadro extraordinario, repetido muchas veces en el barroco peruano, de la boda del capitán y gobernador español Gaspar Martín Ignacio de Loyola, que era presentado también como sobrino o primo de San Ignacio de Loyola, con la bellísima princesa india Beatriz Clara Coya. La curiosidad era saber si estos dos protagonistas eran la misma persona porque el nombre con el que aparecían era muy parecido. La respuesta es que fueron dos personas diferentes primos entre sí y a su vez primos cada uno de San Ignacio de Loyola. Estos dos primos no se conocieron personalmente aunque el franciscano cuando fue obispo de Paraguay y Río de la Plata quiso conocer a su primo capitán y inició el viaje para ello hacia Perú pero murió en Asunción en 1606 antes de conseguirlo. Merece un recuerdo especial este primo franciscano viajero incansable que dio dos veces y media la vuelta al mundo desde España hasta que murió en el río de la Plata en un momento en que había un grandísimo interés por la cultura y la forma de vivir en China y en el lejano Oriente en general que autores españoles como Juan González de Mendoza contribuyeron a difundir en Europa. La historia de fray Martín Ignacio de Loyola está narrada en el libro de Jose Ignacio Tellechea Ydígoras titulado "Martín Ignacio de Loyola. Viaje alrededor del mundo", publicado en la colección Historia 16 en 1989.

Sebastián Vizcayno fue embajador de España en Japón de 1611 a 1614. El comercio de los galeones hizo que las autoridades de Nueva España se interesasen por tener contacto directo con Japón. España quería establecer una base de operaciones en Japón y obtener la exclusiva del comercio apartando a holandeses e ingleses. En 1609 el barco en el que viajaba el Gobernador Rodrigo de Vivero desde Filipinas a Nueva España naufragó cerca del archipiélago del Japón, y Vivero fue socorrido y bien atendido por las autoridades del Japón. Vivero había enviado antes desde Filipinas un memorando al rey Felipe II que no iba precisamente en dirección pacífica, ya que proponía un plan para dominar Japón y China, pero cambió de parecer después del trato hospitalario de los japoneses. Dentro de este panorama se enmarca la gestión de Sebastián Vizcayno como embajador del rey de España en Japón entre 1611 y 1614 que se comentará a continuación. Vizcayno era persona con prestigio en Nueva España por sus exploraciones en la costa norte de California. Vizcayno llegó a Japón y obtuvo permiso para estudiar sus costas y los puertos posibles de socorro para las embarcaciones españolas con dificultades. En este período Vizcayno salió a navegar desde Japón para recorrer el océano Pacífico en busca de las supuestas islas "Rica de Oro" y "Rica de Plata" que podían servir de escala a los galeones de Manila y regresó a Japón sin encontrarlas. Vizcayno fue acusado de

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intromisión en asuntos internos del Japón y se consideró más conveniente que volviese a Nueva España aunque no hubiese culminado con éxito su misión diplomática. Los gobernantes japoneses consideraron prometedor enviar una representación para que viajase a Europa al mismo tiempo que Vizcayno regresaba y se entrevistase con las dos grandes autoridades que interesaban en aquellos momentos a su país, que eran el Rey de España y el Papa de Roma. La persona escogida para encabezar esa representación fue Hasekura Rokuemon Tsunenaga que era un samurái del Sendai veterano de las invasiones japonesas a Corea bajo el taiko Toyotomi Hideyoshi entre 1592 y 1597.56 El barco de Vizcayno se había deteriorado y no estaba en condiciones de navegar y el viaje de regreso lo hizo en el que galeón que prestó un rico noble japonés57. A este galeón se le puso el nombre japonés de "Date Maru" y el español de "San Juan Bautista" y fue construido en 45 días por 800 constructores navales, 700 herreros y 3.000 carpinteros. El "San Juan Bautista" partió de Japón el 28 de octubre de 1613 y llegó a Acapulco el 25 de enero de 1614 con 180 personas a bordo, incluyendo 10 samurais del Shogun y 12 del Sendai, 120 comerciantes, marinos y sirvientes japoneses y alrededor de cuarenta españoles y portugueses. Con el regreso a Nueva España terminó la experiencia de Vizcayno en Japón aunque continuó la de Hasekura Tsunenaga en España y Roma. (En el parque temático de Ishinomaki se construyó en 1993 una réplica del "San Juan Bautista". Después de dejar a Vizcayno y a Hasekura con sus acompañantes en Acapulco, el "San Juan Bautista" regresó a Japón en un viaje del 28 de abril al 15 de agosto de 1615 llevando un grupo de misioneros franciscanos y de operarios de minería. El "San Juan Bautista" volvió más tarde a Acapulco para recoger a la comitiva de Hasekura a su regreso de Europa, y en su viaje de regreso a Japón pasando por Filipinas el galeón fue comprado por las autoridades españolas de Filipinas para refuerzo de su flota frente a los holandeses). Con Vizcayno se había estado cerca pero no se llegó al entendimiento entre España y Japón. Si ese entendimiento se hubiera producido probablemente la Historia de los países del Océano Pacífico, y en particular de toda América, y quien sabe si de Europa también, habrían sido diferentes. Para el lector al que esta referencia a las actividades de Vizcayno en el Japón haya despertado curiosidad le sugerimos lea la narración más completa contenida en el Capítulo IV con el título "La oportunidad japonesa en el Pacífico al principio de la Edad moderna", del libro del historiador Charles E. Chapman sobre la Historia de California en el período español, publicado en 1923, y el resumen bien documentado de Álvaro de Portillo en su obra ya mencionada58. Como cierre de esta referencia a las relaciones entre España y Japón en el siglo XVII podemos traer a este texto la entrevista al Alcalde de Tokio, Shintaro Ishihara, publicada en el periódico de Madrid "El Mundo" el sábado 8 de septiembre de 2007, en el que este alcalde hace referencia al episodio del naufragio del gobernador español Vivero cerca de la costa del Japón y el buen trato y hospitalidad que le dispensó el Emperador entonces

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http://es.wikipedia.org/wiki/Hasekura_Tsunenaga CHAPMAN, p. 37 y 38 58 PORTILLO, p. 235 y siguientes.

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reinante en Japón. La pregunta del entrevistador y la respuesta del entrevistado fueron las siguientes: "Pregunta: Japón también estuvo ocupado por EE.UU después de la II Guerra Mundial, pero en pocos años pasó de ser una nación en ruinas a la segunda economía del mundo. ¿Por qué cree que Japón pudo resurgir como potencia tan rápidamente? Respuesta: Después de 1945 quedó demostrada la enorme capacidad de trabajo y sacrificio de los japoneses. Durante el período Edo (1603-1867), un navío español naufragó frente a las costas de Japón. Don Rodrigo de Vivero (entonces ilustre gobernador de las Filipinas en viaje hacia México) recibió la hospitalidad del Gobierno Edo. (hoy Tokio). Pasado un tiempo, cuando regresó a España, De Vivero entregó al Rey informes sobre su estancia en los que describía lo que entonces era Tokio como una ciudad madura y funcional. Decía que era un lugar maravilloso. Una de las cosas que le llamó la atención era que, mientras Madrid estaba fabricada en piedra, la capital nipona había sido construida con madera y que, a pesar de ello era una ciudad igualmente bella. Tras la Segunda Guerra Mundial, los japoneses mantenían aún las habilidades que tanto habían sorprendido al capitán español." Debemos congratularnos que personas ilustres de Japón conozcan el episodio del gobernador Vivero que es poco conocido por el gran público español, y se debe agradecer al Alcalde de Tokio este recuerdo de la Historia de España. Shintaro Ishihara tenía 74 años cuando le hicieron la entrevista en 2007 y su currículo es polifacético, según resume el periódico donde se publicó. Ishihara sobrevivió a los bombardeos aliados en la II Guerra Mundial, ganó el premio literario de mayor prestigio en Japón a los 23 años, cubrió la guerra de Vietnam como reportero, cruzó Latinoamérica en motocicleta, creó una compañía de teatro, dirigió películas y se hizo tan popular en el Japón de la post-guerra que sus compatriotas terminaron identificando su apellido con un popular corte de pelo. Sus intervenciones en política, dice el periodista que realizó la entrevista, son siempre apasionadas.)

El viaje de Hasekura Tsunenaga a España y Roma de 1613 a 1620.59 La delegación japonesa de Hasekura Tsunenaga que acompañó a Sebastián Vizcayno fue bien recibida en Acapulco y en Ciudad de México y permaneció un tiempo en Nueva España antes de despedirse de Sebastián Vizcayno y del Virrey y dirigirse a Veracruz de donde partió el 10 de junio del mismo año 1614 de su llegada a Acapulco para continuar viaje a España en la flota de Antonio Oquendo. Una parte del grupo japonés se quedó en Nueva España esperando el regreso de los demás y Hasekura con el resto, tras una parada en Cuba, llegó a España el 20 de diciembre de 1614. El 30 de enero de 1615 Hasekura, que llevaba una carta de Mate Masamune y una propuesta de tratado entre los dos países, fue

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recibido por el rey Felipe III. El 17 de febrero Hasekura aceptó el bautismo en la capellanía real y se convirtió al cristianismo con el nombre de Felipe Francisco Faxicura. Hasekura continuó su viaje por el Mediterráneo hacia Italia con tres fragatas pero el mal tiempo le obligó a detenerse en Saint Tropez. Las crónicas de esta ciudad francesa recogen aspectos de los japoneses que llamaron la atención, como que nunca tocaban la comida con los dedos sino que usaban palillos y que soplaban sus narices en papeles de seda suaves que nunca usaban dos veces, y que sus espadas tenían un filo tan preciso que podían cortar un tejido poniéndolo sobre ellas y agitando la espada al viento. En noviembre de 1615 Hasekura llegó a Italia y presentó al Papa Pablo V una carta de Date Masamune, cuya copia se exhibe en el Museo del Vaticanos, proponiendo el envío de misioneros al Japón y el intercambio comercial directo. El Papa dio a Hasekura el título de ciudadano romano según un documento que se conserva en Sendai y dejó el tema del intercambio comercial para la decisión de España. Cumplidos estos objetivos de su viaje Hasekura volvió a España para continuar las conversaciones con el rey de España. (La visita de Hasekura a Roma fue contada en 1616 por el escritor italiano Scipione Amati con el título "Historia del reino de Voxu" y por el francés Abraham Savarín con el título "Récit de l´entrée solemnelle et remarcable faite à Rome, par Dom Phillipe Francois Faxicura"). Hasekura no fue tan bien recibido en su segunda visita a Madrid como lo había sido en la primera porque se tenía la noticia de que el gobernante japonés Tokugawa Ieyasu había promulgado en enero de 1614 un decreto ordenando la expulsión de todos los misioneros y la persecución de los cristianos. Las autoridades españolas no accedieron a firmar ningún tratado con Hasekura porque no le consideraron representante suficiente. Hasekura partió de Sevilla en junio de 1617 para su regreso a Japón pasando por Filipinas. A Filipinas llegó en abril de 1618 a bordo del galeón San Juan Bautista que había ido a buscarle a Acapulco y a Japón lo hizo en agosto de 1620. Hasekura regresó decepcionado a Japón por no haber tenido éxito en Europa. Lo que encontró en Japón después de una ausencia de siete años fue un profundo cambio con un sentimiento generalizado de xenofobia contra los europeos. No se sabe con precisión cuál fue la suerte de Hasekura a su regreso a Japón. Algunos estudiosos sostienen que abandonó el cristianismo y otros que fue martirizado porque seguía practicando la fe cristiana en secreto. Hasekura murió en 1622 y su tumba se puede visitar en el templo budista de Enfukuji. Al final del primer cuarto de este siglo XVII se recrudeció la persecución del cristianismo en Japón. En 1623 el shogun Tokugawa Hidetada rompió las relaciones comerciales con España y en 1624 hizo lo mismo con las diplomáticas. Los cristianos se rebelaron en 1637 y en el año siguiente fueron prácticamente masacrados. Japón quedó a continuación en una situación de aislacionismo casi total en la que permanecería hasta 1853 en que el Comodoro Perry llegó a la bahía de Tokio60. La historia de Hasekura Tsunenaga está contada de forma novelada muy agradable de leer por el escritor japonés Shusaku Endo con el título " El Samurai", publicada por Edhasa. Barcelona 1987.

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El apellido Japón en Coria del Río y Andalucía.61 En el paso de vuelta por España algunos miembros de la comitiva de Hasekura decidieron quedarse en el pueblo de Coria del Río que era el antepuerto de embarque de Sevilla, quizás porque les gustó lo que allí vieron o porque al tener noticia de la persecución desatada en Japón contra los cristianos tuvieron miedo de su suerte si regresaban. El caso es que los japoneses que se quedaron en Coria del Río se españolizaron totalmente aunque conservaron el orgullo de su ascendencia adoptando todos el apellido Japón. En el archivo de la parroquia Santa María de la Estrella de Coria del Río está el acta del primer bautizo de un niño con el apellido Japón en 1620. En la actualidad son más de 600 las personas en Sevilla y Coria del Río que llevan el nombre Japón como primer o segundo apellido. En 1989 con motivo de la conmemoración de la fundación de la ciudad de Sendai los Ayuntamientos de Sevilla y de Coria del Río establecieron relaciones culturales con esta ciudad japonesa. En 1992 durante la celebración de la Expo en Sevilla el embajador de Japón en España se reunió en el pabellón de Japón con los descendientes españoles llamados Japón y en el mes de mayo de ese año la ciudad de Sendai donó una estatua de Hasekura Tsunenaga que está colocada actualmente en el parque Carlos de Mesa en Coria del Río. En 1993 se fundó la Asociación Hispano Japonesa Hasekura de Coria del Río que organiza actos culturales y fomenta el encuentro de los corianos japoneses con sus parientes en Japón. (Antes del aposentamiento de japoneses en Coria del Río que se ha narrado hubo otro paso de japoneses por España en 1582 pero que no dejaron aquí tanta huella como los Japón de Coria del Río. Fueron cuatro alumnos del seminario jesuita de Arima que vinieron a España con su profesor el padre Mezquita. Estos seminaristas japoneses desembarcaron en Lisboa y estuvieron en Madrid donde fueron recibidos por el Rey, en la Universidad de Alcalá y en Toledo, y continuaron a Livorno y Siena. A su viaje de regreso a Japón se detuvieron especialmente en Montserrat. Lo cuenta Francisco de Asís Royo i Ribera fundador en España de la Asociación Cultural Wa Rei Ryu a partir de estudios realizados por Angel Ferrer i Casals, Catedrático emérito de la Universidad de Estudios Extranjeros en Kyoto)

La pugna de españoles y holandeses en Formosa de 1626 a 1642. En los mismos años en que Sebastián Vizcayno era embajador en Japón y las posesiones portuguesas en Asia se unían a las españolas bajo la corona de Felipe II, España se expandía por el archipiélago fascinante de Filipinas y por todo el sudeste asiático. El Océano Pacífico era en aquellos tiempos un verdadero "lago español", o "spanish lake", como fue llamado por los ingleses y ya ha sido mencionado en párrafos anteriores. Los navegantes españoles iban y venían por todo el Océano Pacífico desde Acapulco en el norte para hacer comercio con China y Japón y desde Lima en el sur para descubrir las innumerables islas de Oceanía. Sólo el paso esporádico de los piratas ingleses y de los

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grandes navegantes holandeses,62 turbaba la tranquilidad española en ese océano suyo. Un episodio poco conocido fue el de la presencia española en Formosa, en pugna con Holanda, que está tratado con mucho detalle y referencias completas a documentos de los archivos históricos por Luis Delgado Bañón y Dolores Delgado Peña en la "Revista de Historia Naval" del Instituto de Historia y Cultura Naval, Armada Española, nº 37, Año X, 1992. Otro estudio muy completo es el de José Antonio Borao, "Españoles en Taiwan", publicada en 2001. Los holandeses, además de practicar a veces la piratería contra España como los ingleses, tenían la ambición de lograr asentamientos estables en las costas de Asia para organizar mejor su comercio especialmente con China. Los enviados de las grandes compañías de comercio de comercio que florecieron en el siglo XVII irrumpieron en el océano Pacífico por la ruta descubierta del cabo de Hornos que no tenía las dificultades ni los peligros del estrecho de Magallanes usado al principio por los españoles y fueron los primeros en establecerse en la isla que los portugueses llamaron "Fermosa", o "Hermosa" para los españoles y actual Formosa o Taiwan. El primer asentamiento holandés fue en 1622 en la isla Pescadores, situada estratégicamente en el gran canal entre Formosa y el continente, y se trasladaron a Taiwan en 1624 donde construyeron un fuerte que denominaron "Zeelandia", en Anping, cerca de la actual ciudad de Tainan, y un año después fundaron otro fuerte que llamaron "Provintia", desde los que importunaban a los barcos españoles que iban y venían entre Filipinas, China y Japón.63 El gobernador de Filipinas Fernando de Silva tuvo noticia pronto de este asentamiento hostil en su jurisdicción y envió inmediatamente al piloto Pedro de Vera en misión de espionaje para que levantase mapas y informase de las fortificaciones holandesas y escribió al Rey Felipe IV el 30 de julio de 1626:64 "De Macao he tenido aviso en cuatro galeotas que han llegado con hacienda y pidiendo remedio del estado que tiene la fuerza del enemigo en Isla Formosa: dicen que está acabada de piedra, barro y ladrillo, con cuatro baluartes, y a la lengua del agua una plataforma con seis cañones; tiene la bahía ocho lenguas de box, y el surgidero a la banda del Norte; el agua dulce debajo de un reducto dos leguas de la fuerza, y la barra trece pies de fondo con arrecifes, y así las naos grandes se quedan fuera; mucho ganado de todos géneros, y con los naturales rescate de corambre de venados, géneros para Japón. Está este puerto en 22 grados de la banda Oeste, y el fin con el que se fortificaron aquí fue ser el paso de los navíos de Chincheo para esta ciudad (Manila). El efecto que han conseguido mediante los cohechos que a mandarines han dado, y amenazas de robarlos, como hasta aquí es: que les lleven las sedas para navegarlas a Japón y Holanda, como lo hacen, y quitarla a estas tierras, acabándola por este camino, por no constar de otra cosa que de este comercio: muestrase claro este daño pues en 50 navíos que a estas islas han llegado, no han venido 40 picos de seda,

Cítense entre otros a Oliverio Van Noort (1558 ­ 1627), Willem Schouten (1567 - 1625), Jacob Le Maire (1585 ­ 1616), Abel Tasman (1603 ­ 1659). 63 DELGADO BAÑÓN, p. 60 64 DELGADO BAÑÓN, p. 60, el original de la carta publicado por Fernández Duro está en A. G. I.

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teniendo el enemigo 900, sin los texidos; y si no fuera por lo que han traído de Macao, no tuvieran qué llevar estas naos..." Con este aviso el gobernador Fernando de Silva envió el 5 de mayo de 1626 una flotilla compuesta por doce shampanes y dos galeras al mando del sargento mayor Antonio Carreño de Valdés que recorrió la costa nororiental de Formosa dando nombres españoles a las bahías por las que pasó hasta que llegó a la que le pareció mejor y llamó Santiago, y hoy todavía se llama "Santiau", en donde encontró nativos amables y tomó posesión de la isla situada en su entrada que llamó de Todos los Santos, y fundó el Puerto de La Santísima Trinidad, llamado "de los españoles", en la actual Keelung, y la ciudad de San Salvador y construyó los fuertes de San Salvador y Santo Domingo. Al poco tiempo llegaron misioneros españoles que bautizaron a cinco mil nativos y compilaron el llamado "diccionario de Tamsui" y enseñaron ciencia médica occidental.65 El gobernador de Silva apoyó este asentamiento español con una clara visión estratégica enviando desde Manila todos los medios necesarios. Los holandeses de Zelandia por su parte no permanecieron impasibles ante la competencia española y en septiembre de 1641 se presentaron en el fuerte español con una flota de dos navíos de guerra y dos buques de transporte, que fracasó en su intento de arrebatar la posición a los españoles, y tuvieron que regresar a Zelandia con muchas bajas. Al año siguiente, en agosto de 1642 los holandeses volvieron a intentar el asalto con cinco navíos de guerra, cuatro de transporte y varias decenas de embarcaciones menores y un ejército de 500 soldados holandeses y más de 3.000 malayos aliados. La superioridad de esta fuerza era manifiesta pero a pesar de ello el combate duró cinco días y sólo fue posible la entrada de los holandeses en el fuerte español después de que los cañones que llevaban demoliesen parte de las murallas, llegando a un combate cuerpo a cuerpo. Finalmente la reducida guarnición española se rindió bajo unas condiciones que no se respetaron y fueron llevados como prisioneros al fuerte de Zelandia y devueltos después a Manila. Después de este combate los españoles no volvieron a intentar establecerse en Formosa y los holandeses reconstruyeron el fuerte de Santo Domingo y se quedaron en él aunque su presencia duró poco tiempo. La presencia holandesa en Formosa terminó en 1661 cuando el pirata Koxinga de Amoz, (o Kogsen en algunos escritos), que había trabajado para los españoles en Manila reclutó un ejército de 25.000 hombres y exigió a los holandeses que se retirasen para establecerse él como rey de Formosa, en una monarquía que fue continuada por su hijo y su nieto hasta 1683 en que hubo negociaciones y la isla de Formosa se incorporó a la provincia China de Fukien. La siguiente llegada de europeos a Formosa fue en 1884 con la conquista francesa de Kelung y las islas Pescadores durante la guerra franco-china. Como recuerdo de la presencia española y holandesa en Formosa se conserva perfectamente restaurado el fuerte de Santo Domingo español y los restos del de Provintia holandés sobre el que en 1874 se construyó un templo. Desde 1626 hasta 1642 hubo ocho gobernadores españoles en Formosa: Antonio Carreño Valdés, Juan de Alcazaro, Bartolomé Díaz Barrera, Alonso Díaz Romero, Francisco Hernández, Pedro Palomino, Cristóbal Márquez, Gonzalo Portillo, y los misioneros principales fueron Bartolomé

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http://taiwanhoy.nat.gov.tw/fp.asp?xItem=43691&ctNode=1539

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Martínez, Domingo de la Borda, Francisco Váez de Santo Domingo, Francisco Mola, Angelo Cocchi de San Antonio, Juan de Elgüeta y Francisco de Acebedo.66 El ejemplo comentado en Formosa no fue el único. La pugna de españoles y holandeses fue muy larga en los dos océanos, Pacífico y Atlántico, y si España perdió el primer puesto que ostentaba como potencia naval mundial no fue por el desastre de la Armada Invencible frente a Inglaterra en tiempos de Felipe II en 1588, sino por los enfrentamientos con Holanda en el siglo XVII y especialmente durante el reinado de Felipe IV. Holanda era una pequeña nación pero hizo cosas asombrosas. Hacia 1670 la flota holandesa de embarcaciones dedicadas al comercio era igual que la suma de las marinas mercantes española, inglesa, francesa, escocesa, alemana y portuguesa juntas, con un total aproximado de 570.000 toneladas.67 En el aspecto militar, el ataque y captura por el almirante holandés Piet Heyn en 162868 de la Flota de Indias al iniciar su viaje en Cuba, que hasta entonces estaba considerada lejos de cualquier alcance, con un considerable botín, y la victoria del almirante Tromp sobre la "Gran Armada" de Antonio de Oquendo en la ensenada de Las Dunas en el Canal de la Mancha en 163969 marcaron el principio del apogeo holandés. En muchos aspectos de organización que impulsaron su desarrollo económico, como por ejemplo en la utilización de la fórmula de sociedad anónima por acciones, Holanda fue la primera economía moderna europea.70

Oceanía española desde Nueva España y desde Perú antes del inglés Cook. La historia de la navegación y de los descubrimientos en el Océano Pacífico, como "lago español", está llena de nombres españoles antes de que llegasen a él James Cook en 177275, y otros extranjeros a los que historiadores de lengua inglesa o francesa han rendido más veneración. Basta hacer notar que en sólo los 85 años que corren desde la circunnavegación de Magallanes-Elcano en 1522 a la última expedición descubridora de Fernández de Quirós y Torres en 1607, es decir casi doscientos años antes que Cook, los navegantes españoles habían descubierto la mayoría de los archipiélagos de la Polinesia, y les habían dado nombres, aunque luego no todos esos nombres españoles se mantuviesen. En la lista de descubridores españoles que empieza con Fernando Magallanes que halló las Marianas y las Filipinas (1519-1521), están Gonzalo Gómez de Espinosa, que fue con Magallanes hasta Filipinas y continuó por otras rutas y descubrió las Carolinas occidentales (1522), la expedición de García Jofre de Loaysa, que muerto ya su capitán descubrió las Marshall (1525-1527), Álvaro de Saavedra las islas Marshall, Carolinas, Almirantazgo, Schouten y Aroe (1527-1529), Hernando de Grijalva las Revillagigedo, las Espórades Septentrionales, las Gilbert, las Carolinas y las Mapia (1536-37), Ruy López de Villalobos de nuevo las Revillagigedo y otra vez las Marshall, Carolinas y Palaos (15421545), Bernardo de la Torre (1543) y Iñigo Ortiz de Retes (1545), las de Volcano, Bonin, varias del archipiélago de Nueva Guinea, amén de esta gran isla, Miguel López de Legazpi y Andrés de Urdaneta, en su viaje de ida a las Filipinas (1564-1565) nuevos hallazgos en

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http://es.wikipedia.org/wiki/Gobernaci%C3%B3n_espa%C3%B1ola_de_Taiw%C3%A1n CASTILLERO, p. 227 68 Guillermo CÉSPEDES DEL CASTILLO en ALCALÁ-ZAMORA, p. 237 69 ALCALÁ-ZAMORA, p. 189 70 CASTILLERO, p. 221 y siguientes.

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las Marshall, Carolinas y Palaos, la misión iniciada por Pedro Sánchez Pericón en el San Jerónimo y que terminó Rodrigo de Angle en la isla filipina de Cebú descubrió la isla de la Pasión a 500 millas de la costa mexicana y diversas islas en el archipiélago de las Marshall (1566), Álvaro de Mendaña y Sarmiento de Gamboa el archipiélago de Salomón y Ellica (1567-1569), Juan Fernández en 1574 descubrió las islas del archipiélago Juan Fernández71 nuevamente Álvaro de Mendaña en su segundo viaje, culminado por su viuda Isabel Barreto, las Marquesas y Santa Cruz (1595-1596), (Álvaro de Mendaña tiene un monumento en su pueblo natal de Congosto en el Bierzo leones, que nuestro embajador Fernández Shaw se preocupó de que fuese visitado por los Alcaldes de las Islas Marquesas con motivo del IV Centenario del descubrimiento de esas islas y en Horare capital de las islas Salomón hay un Hotel Mendaña), en la gran expedición de Pedro Fernández de Quirós (1605-1606) se bautizó por primera vez a la actual Australia como "Tierra Austral del Espíritu Santo" y se descubrieron las Tuamotu y Nuevas Hébridas con la continuación de Luis de Vaéz de Torres por numerosas islas del sur de Nueva Guinea y el estrecho que todavía lleva su nombre entre los mares del Coral y de Arafura en Australia (1606-1607), citando hasta aquí nada más los anteriores a los viajes del inglés Cook. Posteriores a los anteriormente citados están las expediciones ordenadas por Manuel de Amat y Junyet que fue Virrey de Perú de 1761 a 1776 y envió a Juan Hervé a Pascua en 1770 y a Domingo de Boenechea a las Islas de la Sociedad, Pascua y Tahití y más tarde Francisco Mourelle de la Rúa en 1781 que descubrió las Vavao en el archipiélago de Tonga. Para conocer mejor la historia de los navegantes españoles en el Pacífico, incluyendo todas las expediciones que se han mencionado en esta conferencia se recomienda la obra en tres volúmenes con muchos mapas, grabados y dibujos, y referencias documentales, publicado por Editorial Naval, Madrid, en 1992 con el título "Descubrimientos Españoles en el Mar del Sur", con estudios monográficos por un conjunto de notables autores en su mayoría miembros ilustres de la Marina española.

El nombre de Australia. La Embajada de España en Canberra celebró en 2006 el cuarto centenario del descubrimiento español de Australia con una gran exposición y actos culturales bajo el lema "Naming Australia" que se podría traducir como "Poniendo nombre a Australia"72. El nombre que puso Pedro Fernández de Quirós, (Évora 1565 ­ Panamá 1614), en la toma de posesión de las Nuevas Hébridas en abril de 1606 fue el de "Austrialia" en honor de la casa de Austria que a la sazón reinaba en España y patrocinaba sus navegaciones, y así figuró en la portada y en el texto del Informe que envió al Rey relatando sus descubrimientos. Es verdad que Pedro Fernández de Quirós no llegó a la actual Australia pero estuvo cerca. El cambio de "Austrialia" a "Australia" lo atribuye Justo Zaragoza73 a una enmienda añadida desafortunadamente por una persona que no tenía mucho

Ferando GUILLÉN SALVETTI y Amancio LANDÍN CARRASCO en EDITORIAL NAVAL, t. 3, p.857 Una exposición similar se presentó en Nueva Zelanda en el Museo Marítimo de Auckland inaugurada por los Reyes D. Juan Carlos y Dª Sofía en junio de 2009. 73 ZARAGOZA, p. 316 en nota de p. (408)

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conocimiento en una de las copias manuscritas del memorial de Quirós en la biblioteca del Ministerio de Marina. Probablemente la intención de esta enmienda era seguir la denominación genérica de "Australes" que se daba a las islas descubiertas en Oceanía por su situación al sur o austral. En la copia de este memorial que se guarda en la Mitchell Library de Sidney se mantiene sin corrección el nombre de "Austrialia". La mezcla de denominaciones "Austrialia" y "austral" o "australes" está en una nota del escrito de don Diego de Prado y Tovar hacia 1608: "Descubrimiento que hizo Pº Fernández de Quirós a la tierra austral y le acabó don Diego de Prado que después fue monje Basilio". El escrito de Diego de Prado y Tovar tiene como título: "Relación sumaria del descubrimiento que empezó Pero Fernández de Quirós, portugués, en la Mar del Sur, en las partes australes, hasta la isla de Irenei, por el de la parte de Austrialia del Spiritu Sancto, y le acabó el capitán don Diego de Prado, que al presente es monje de Nº Pº Sanct Basilio Magno, de Madrid, con asistencia del capitán Luis Vaes de Torres, con la nao San Pedrico, el año de 1607, hasta la ciudad de Manila, a 24 de mayo de dicho año, a honra y gloria del omnipotente Dios. Amén".74 El resultado final fue que el nombre que quedó ha sido "Australia", que se debe a los españoles.

La pugna primero con Rusia y después con Inglaterra por el Pacífico Norte. El incidente de Nutka. Hacia 1760 empezaron a llegar al rey Carlos III noticias sobre el avance ruso en el Pacífico desde Alaska que si continuaba podían amenazar las posesiones españolas en Nueva España y se decidió la creación de las Misiones en Alta California. Hubo gestiones diplomáticas, contactos secretos, cartas e informes reservados para conocer las intenciones de los rusos y el 11 de abril de 1773 se dieron instrucciones al virrey Bucarelli para organizar una expedición de reconocimiento de la costa norte del Pacífico que debería repetirse periódicamente. La primera de estas expediciones marítimas fue la de Juan Pérez en 1774 que llegó hasta la latitud 54º30´ en las actuales islas de Queen Charlotte en British Columbia de Canadá, y la segunda fue la de Bruno Heceta y Juan Francisco de la Bodega y Cuadra en 1775 que tocó tierra de Alaska en el paralelo 58º. A la inquietud por la aproximación rusa se añadió la preocupación por la presencia del navegante inglés James Cook que en su tercer viaje por el Pacífico que empezó en 1776 desde Plymouth llevaba como objetivo concreto la costa española noroccidental de América, a donde llegó en 1778, utilizando documentos obtenidos clandestinamente de las expediciones españolas, y luego navegó por el Pacífico hasta que murió a manos de los nativos de las Hawai el 14 de febrero de 1779. La reacción española fue la expedición de Ignacio de Arteaga y Juan Francisco de la Bodega y Cuadra con Francisco Mourelle en 1779 que llegaron hasta la península de Kenai y el archipiélago de Kodiak en Alaska y reconocieron detalladamente toda la costa entre Alaska y San Francisco sin encontrar asentamientos estables rusos o ingleses, con lo que las autoridades españolas se quedaron tranquilas y suspendieron de momento las expediciones marítimas de vigilancia en la zona.

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Amancio Landín Carrasco y Luis Sánchez Masiá en EDITORIAL NAVAL, tomo 3, p. 680.

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Todo estaba tranquilo en Alta California hasta que el 14 de septiembre de 1786 se presentó en el puerto de Monterrey en California el navegante francés Jean François Galaup, conde de la Pérouse comisionado por el rey de Francia en viaje científico y también de orientación estratégica sobre las posibilidades de establecimientos franceses en el Pacífico. Las autoridades españolas recibieron a Pérouse como gran amigo y se alarmaron cuando en los planos de la costa norte que había levantado este navegante francés vieron establecimientos rusos de los que no tenían noticias antes. Hubo algún retraso en la reacción ante estas noticias por la muerte del Virrey Bernardo de Gálvez pero España envió el 8 de marzo de 1788 al alférez de navío Esteban José Martínez con el piloto Gonzalo López de Haro que llegaron hasta las islas Aleutianas y tomaron contacto amistoso con los rusos que encontraron que les informaron de la intención del gobierno ruso de establecer una base para el comercio en la posición estratégica de Nutka. Con estas noticias volvieron a Monterrey y a San Blas en Baja California y el Virrey ordenó inmediatamente y con carácter urgente una nueva expedición bajo el mando otra vez de Esteban José Martínez para adelantarse a los rusos y potencialmente a los ingleses y establecer una base militar en la citada isla de Nutka situada en la Columbia Británica haciendo valer los derechos que tenía España por sus exploraciones anteriores. Esteban José Martínez llegó a Nutka en mayo de 1789 y se encontró allí con dos barcos de los Estados Unidos dedicados al comercio de pieles y cuyos tripulantes dijeron que no tenían interés de dominio territorial estable pero informaron que estaban en camino barcos ingleses que pretendían establecerse en ese lugar. El capitán español apresó estos barcos estadounidenses por su conducta sospechosa, aunque luego los liberó, y también apresó a los barcos mercantes ingleses cuando se presentaron y a otros de guerra británicos que acudieron para liberarlos. La tensión en Madrid y en Londres fue subiendo y España envió refuerzos al mismo tiempo que Inglaterra anunció el envío de una poderosa escuadra. Fue un momento que los historiadores han llamado el "instante frágil". Se estuvo a punto de un enfrentamiento directo entre España e Inglaterra en esta zona del Pacífico que al final se evitó con una negociación iniciada el 24 de julio de 1790 y concluidas con un tratado preliminar firmado en El Escorial el 28 de octubre de 1790 en el que España aceptó indemnizar por las mercancías incautadas a los barcos y Inglaterra reconoció la soberanía española en aquellas costas y se acordó continuar conversaciones para completar la exploración del territorio. Tras este acuerdo Dionisio Alcalá Galiano y Cayetano Valdés zarparon de Acapulco en marzo de 1792 para investigar la existencia del estrecho de Juan de Fuca que se pensaba podría ser el deseado "paso del norte". Para vigilar el cumplimiento de los acuerdos España nombró comisionado a Juan Francisco de la Bodega mientras que Inglaterra nombró a George Vancouver. Hubo muchas conversaciones cordiales en la propia Nutka y en San Francisco y Monterrey y por parte española nuevas exploraciones marítimas encomendadas a Juan Bautista Matute, Salvador Menéndez Valdés, Jacinto Caamaño, Francisco Eliza, Salvador Fidalgo, y Juan Martínez de Zayas entre otros. Las relaciones entre los comisionados español e inglés continuaron y fueron muy cordiales cuando en Europa España e Inglaterra se convirtieron en aliadas contra el régimen revolucionario establecido en Francia después de la ejecución de Luis XVI. Finalmente las conversaciones sobre los detalles pendientes de la indemnización y los límites de soberanía se resolvieron en febrero de 1793 y el 11 de enero de 1794 se firmó el Tratado de Madrid que cerró definitivamente el tema. Este fue el que se llamó "incidente

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de Nutka", que pudo haber sido el principio de una guerra difícil entre España y Inglaterra pero terminó felizmente y se recuerda con festejos desde entonces. Al mismo tiempo el Tratado de Madrid abrió el paso a la presencia de barcos ingleses en los puertos españoles de California que muy pronto fueron seguidos por barcos estadounidenses y relaciones amistosas de los residentes españoles con todos los visitantes. Una cosa que no se cumplió fue que en honor a la concordia final y al mérito de los dos representantes español e inglés se acordó llamar a la isla "Bodega Vancouver" y luego esto se olvidó y sólo quedó el nombre inglés de Vancouver.75 Un libro extraordinario que recoge todos los antecedentes y el desenlace feliz del "incidente de Nootka", con muchos planos históricos, referencias y documentos originales, y dibujos relativos a las observaciones científicas realizadas por los expedicionarios españoles, es el publicado en 1998 por el Ministerio de Asuntos Exteriores de España, Dirección General de Relaciones Culturales y Científicas con el título "Nutka 1792. Viaje a la Costa Noroeste de la América Septentrional por Don Juan Francisco de la Bodega y Quadra, Capitán de Navío", edición de Mercedes Palau, Freeman Tovell, Pamela Sprätz y Robin Inglis. Las incidencia relativas a las exploraciones y la aproximación rusa en el Pacífico a las posesiones españolas en América del Norte están muy bien expuestas en la edición del libro de 1788 "Descripción de las costas de California" de Iñigo Abbad y Lasierra hecha en 1981 por Sylvia Lyn Hilton, Consejo Superior de Investigaciones Científicas, Instituto Gonzalo Fernández de Oviedo, Madrid.76

Éste de Nutka con Inglaterra no fue el único "instante frágil" de España en los años postreros de su presencia en el continente norteamericano. En el invierno de 1806 a 1807 como resultado de la captura por las autoridades españolas del explorador y aventurero Zebulon Pike que se internó clandestinamente en el territorio español de Nuevo México la joven nación de los Estados Unidos de Américo, hasta entonces amiga de España, envió desde Louisiana un ejército al mando del general James Wilkinson para adueñarse por la fuerza del territorio fronterizo de Texas que Estados Unidos venía reclamando desde que compró la Louisiana a Francia. España se preparó para el enfrentamiento con otro poderoso ejército formado por tropas de Nuevo León, Texas, Cohauila y Nuevo Santander mandado por el coronel Herrera. Los dos ejércitos avanzaron cada uno por su lado hasta las dos orillas del río Sabinas. Afortunadamente los dos jefes militares acordaron negociar, aunque no tuviesen instrucciones para ello, y esto paró la guerra que para España habría sido difícil en un momento en el que la preocupación mayor era la invasión del solar patrio por las tropas francesas de Napoleón. El acuerdo informal del río Sabinas incluyó la creación del llamado "territorio neutral" en la frontera de Texas, entre los ríos Sabinas y Mississippi en el que ninguna de las dos potencias beligerantes en América del Norte, España y Estados Unidos, ejercerían su jurisdicción. 76 Como recuerdo de la presencia de España en esta costa americana noroccidental del Pacífico están los nombres españoles que han quedado en ella. Hay una publicación del Dr. Arsenio Rey Tejerina, Director del Departamento de Lenguas Romance en la Universidad de Alaska con el título "Spanish Place Names in the Face of Alaska" que explica el origen de más de 70 de estos nombres, algunos de los cuales se conservan en castellano y otros están traducidos actualmente al inglés, disponible en internet: www.explorenorth.com/library/yafeatures/bl-Spanish2.htm y http://romance.uaa.alaska.edu (Uno de los nombres españoles en Alaska que le ha parecido más simpático a este conferenciante es el de "Quitate allá Rocks" que puso un navegante español cuando se encontró de frente con unas rocas que molestaban su paso, y todavía se conserva escrito en una sola palabra castellana, según le explicó el propio Arsenio Rey Tejerina en su retiro en tierras levantinas. Otro nombre curioso que menciona Arsenio Rey Tejerina es el de "Cape Muzon " que es el nombre que puso Vancouver a un cabo que le dijeron que se llamaba Cabo Muñoz porque así lo llamó antes el marino español, aunque de origen holandés, Ramón Gussen Muñoz y Vancouver no entendió bien cómo lo pronunciaban.

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La expedición científica de Alejandro Malaspina, 1789 a 1794. El esfuerzo español en el Pacífico y el interés que en el siglo de la Ilustración se tenía por todos los temas científicos en España queda de manifiesto por la gran expedición de Alejandro Malaspina de 1789 a 1794 que en parte fue impulsada por las tensiones presentes en aquellos años en la costa noroccidental americana del Pacífico que han sido comentadas en el apartado anterior. Esta expedición de Malaspina y las consecuencias que tuvo en aspectos científicos y políticos no puede ser resumida en pocas palabras y merecería una sesión completa para ella sola. Nos limitamos a presentar un plano mapamundi en el que se aprecia la ruta prevista y la que se realizó. Hay muchos libros sobre la expedición de Malaspina. Uno muy interesante para tener una visión completa de la expedición y al mismo tiempo sentir las mismas emociones que tuvieron los miembros de esta expedición como si el lector fuese uno de ellos es el de José de la Sota Ríus con el título "Tras las huellas de Malaspina" editado por R.T.V.E. y Lunwerg Editores en 2002.

La retirada de España del Pacífico en la segunda mitad del siglo XIX. Dos episodios en el Mar Rojo y en Indochina. Con la independencia de México en 1821 quedó cortada la ruta principal que seguía España para comunicarse con Filipinas pasando por América. La aplicación de la máquina de vapor a la navegación y la apertura del canal de Suez en 1869 facilitaron la comunicación directa entre Filipinas y España sin tener que pasar por América y España se repliega en el Pacífico al mismo tiempo que Estados Unidos y todas las potencias europeas toman posiciones en los diversos archipiélagos de Oceanía. Mencionamos aquí dos episodios poco conocidos de la presencia postrera de España en el Pacífico, el primero el de la importante participación de España en la conquista de la Cochinchina a petición de Francia entre 1858 y 1862, aunque fuese luego Francia la que se aprovechase de ello, y el segundo el de las negociaciones entre 1834 y 1887 para la adquisición de bases en las dos orillas del Mar Rojo, en Arabia y en Somalia y Eritrea para el apoyo de los barcos que necesitaban hacer escala en la larga travesía entre España y Filipinas. Estos dos episodios están narrados en el libro escrito por José María de Areilza y Fernando María Castiella con el título "Reivindicaciones de España", publicado por el Instituto de Estudios Políticos en Madrid en el año 1941, en momentos históricos difíciles.

El legado español de obras de ingeniería en Oceanía. España estuvo en el Pacífico con sus barcos, sus soldados y sus misioneros y en esta conferencia en el Colegio de los Ingenieros de Caminos, Canales y Puertos, se debe señalar que también estuvo con sus ingenieros. En Filipinas y en las islas de Oceanía los españoles construyeron muchos edificios civiles y obras públicas, algunas especialmente en la isla de Guam, que era el punto de parada intermedio de los galeones que se dedicaban al comercio aprovechando su posición estratégica. Hay una preciosa publicación del Ministerio de Educación Cultura y Deportes, en el año 2000, titulada "Islas del Pacífico. El legado español", en base a la exposición de la que Javier Galván Guijo fue Comisario y en la que se mostraron numerosas fotografías de estas obras o de sus restos. Hay catedrales

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españolas en la isla Saipán de las Marianas del Norte y en Agaña capital de la isla de Guam, y otras iglesias menores en numerosas islas, que establecieron los misioneros españoles y de las que algunas se mantienen en servicio limpias y aseadas, modestas desde luego, no comparables a las nuestras góticas o románicas, y otras están en ruinas. En esta isla de Guam están los restos del Palacio del Gobernador español, rehabilitado actualmente como residencia del gobernador estadounidense, y de casas de españoles, y una Plaza de España con un conjunto de edificios españoles notables. Se conservan, restauradas, fortificaciones españolas. De todas estas obras, las que más han llamado la atención del Autor, por su profesión de Ingeniero de Caminos Canales y Puertos, son los restos de embarcaderos en diversos puntos de la costa, que por el efecto del mar apenas si se mantienen, y las del "Camino Real" en Guam, llamado igual que el Camino Real de California, pero más corto naturalmente, y que otros muchos "Caminos Reales" en América, con puentes arco de piedra que todavía se conservan en buen pie, aunque no se usen hoy día, en los ríos Talifak, Taelayak, Lasafua y Sella. Terminamos esta conferencia con la mención de un detalle curioso recogido en la publicación mencionada de Javier Galván Guijo que es el escudo de España en el Palacio del Gobernador español de Guam que está hecho en madera y tiene la particularidad de que los leones están sobre campo rojo y los castillos sobre campo blanco, es decir a la inversa de la disposición habitual. Este escudo fue trasladado algún tiempo al museo de la Academia Naval Militar de Annápolis en Estados Unidos y está actualmente en el palacio reconstruido para sede del gobernador estadounidense en la isla de Guam.

El final de la presencia de España en el Océano Pacífico. La presencia española en el océano Pacífico se mantuvo hasta la guerra con Estados Unidos que marcaría la generación del 98 y se cerró con el Tratado de Paz de París del 10 de diciembre de 1898, en el que España entregó a Estados Unidos las Filipinas y la Isla de Guam, además de Cuba, Puerto Rico y las Indias Occidentales en el Caribe. Al mismo tiempo que se firmaba este tratado, España formalizaba la venta a Alemania, acordada en secreto unos días antes y firmada en Madrid el 30 de junio de 1899, de lo último que nos quedaba, las islas Marianas del norte, por veinticinco millones de pesetas, operación que no fue del agrado de los Estados Unidos.77 Con la venta a Alemania de las islas Carolinas y Palaos quedó zanjado amistosamente la discusión que España venía manteniendo con Alemania desde la orden de anexión de Bismarck en 1885 que tuvo que resolver el arbitraje del Papa León XIII en diciembre de 1885.78 (En Nueva Zelanda y Australia, y en muchas islas de la Polinesia hay descendientes de los descubridores españoles que por allí pasaron y algunos decidieron quedarse enamorados del mar, del clima y del paisaje, y de las costumbres de los nativos tan diferentes de los de sus ásperos y secos pueblos castellanos o de otras regiones españolas de donde venían. Es evidente que los españoles que tuvieron más mérito fueron los primeros descubridores de los siglos XVI o XVII o XVIII pero en épocas más recientes también han ido a Oceanía

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GALVÁN p.42 HIDALGO NUCHERA, p. 12

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españoles emprendedores que han dejado un recuerdo singular. Uno de estos españoles que fueron a Nueva Zelanda fue Manuel José de Frutos Huerta que había nacido en el pueblo segoviano de Valverde del Majano en 1811 y a los veinte años decidió emigrar cuando España era todavía una potencia en el Pacífico y se enroló en un barco ballenero y después de dar vueltas por Sudamérica llegó en 1835 a Nueva Zelanda donde decidió quedarse. Manuel José casó con cinco mujeres y tuvo abundante descendencia. En la actualidad son unos 16.000 los descendientes de Manuel José que constituyen una tribu maorí en el valle neozelandés de Saiapu y conservan el nombre de Valverde en su finca principal y se llaman orgullosamente los "paniora" que es palabra de sonido relacionado con "española". En 1981, Hal Hovell uno de los miembros de Te Araroa escribió un poema "The Manuel José Enigma". La relación con Valverde del Majano se localizó a partir de un documental periodístico "Debajo de tus pies" dirigido por Antonio Toepke y la historiadora local María Teresa Llorente que había encontrado en el archivo parroquial de Valverde del Majano el acta de bautismo de Manuel José de Frutos. En el mes de agosto de 2007 una veintena animosa de estos "paniora" visitaron Valverde del Majano acompañados por el embajador de Nueva Zelanda en España Geoff Ward y tuvieron ocasión de conocer las costumbres y el folclore de sus orígenes y celebrar actos de hermanamiento y también de presentación de la cultura maorí y hicieron planes para continuar la relación en el futuro. Los periódicos de esas fechas dejaron constancia de la confraternización entre las personas y las dos culturas a pesar de estar una y otra en las antípodas.79) Las buenas relaciones se mantienen, como ha sido señalado en una nota de pie de página anterior, con la exposición celebrada en el Museo marítimo de Auckland que inauguraron los Reyes de España D. Juan Carlos y Dª Sofía en junio de 2009.

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El Norte de Castilla 7 de agosto 2008. En Google ver "paniora".

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BIBLIOGRAFÍA GENERAL Además de los citados en el texto, un buen libro para conocer la presencia española en este "lago español" es el que tiene por título precisamente "The Spanish lake" de Oskar Hermann Khristian Spate, edición de 2004, publicado por la Universidad Nacional de Australia,80 que es una institución que pone interés en el estudio histórico del Océano Pacífico, como corresponde a su situación insular en este océano. (Hay varias publicaciones del mismo autor traducidas al español entre ellas "El Pacífico español. De Magallanes a Malaspina", Lunwerg Editores 1988). Con el mismo planteamiento está el libro de Salvador Bernabéu Antón "El Pacífico Ilustrado. Del lago español a las grandes expediciones", Madrid 1992. Otro interesante libro es el del embajador Carlos M. Fernández Shaw "España y Australia. Quinientos años de historia", Madrid 2000. Una recopilación, quizás la más completa, de la Historia de los navegantes españoles en el Pacífico está en la excelente publicación de gran calidad dirigida por Amancio Landín Carrasco y colaboradores con el título "Descubrimientos españoles en el Mar del Sur", publicada en tres tomos, con numerosos planos y grabados, por la Editorial Naval del Servicio de Publicaciones de la Armada, Madrid 1992. Por último, se debe recomendar a las personas interesadas por conocer más sobre la presencia histórica de España en el Pacífico y nuestras relaciones en el pasado y en el presente con los países de esta área geográfica, que participen en los actos culturales y congresos organizados por la Asociación Española de Estudios del Pacífico81, fundada en 1986, que cuenta con el apoyo de la Agencia Española de Cooperación Internacional (AECI) y ha editado numerosas publicaciones monográficas además de la interesantísima "Revista Española del Pacífico". En esta revista que tiene una periodicidad anual, el nº 2 del año 1992 estuvo dedicado a los viajes españoles en el Pacífico y en el nº 4 del año 1994 hay un artículo sobre "El Tratado de Tordesillas y su proyección en el Pacífico" por Lourdes Díaz Trechuelo y varios artículos sobre Mendaña y Quirós. Del abundante material reunido en los Congresos que organiza esta Asociación, en el de 1988 hay una comunicación de Salvador Bernabeu Albert sobre el tema "El Pacífico en el Reinado de Carlos III. Respuestas españolas a los viajes de Cook", y el de 1995 estuvo dedicado al tema monográfico de la Presencia Española en el Pacífico.

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80 disponible en http://epress.anu.edu.au

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Princesa y Goleta Activa. Año de 1792. Ministerio de Asuntos Exteriores de España. Dirección General de Relaciones Culturales y Científicas.Madrid 1998. PORTILLO, Álvaro del, Descubrimientos y exploraciones en las costas de California 1532-1650. (1947). Ediciones Rialp S.A. 2ª Edición, Madrid 1982. Este libro incluye 20 Apéndices con transcripciones de los siguientes documentos originales de los Archivos Históricos: I. Relación del primer viaje de Vizcaíno. II. Instrucción dada a Sebastián Vizcaíno para el viaje de 1602. III. Actas hechas por el escribano diego de Santiago de las Juntas celebradas por los capitanes, pilotos y cosmógrafos, durante la segunda navegación de Sebastián Vizcaíno a California (1602). IV. Derrotero desde Acapulco al Cabo Mendocino, hecho durante la segunda navegación de Sebastián Vizcaíno a California (1602) por Gerónimo Martín Palacios con los diseños de la costa hechos por Enrico Martínez. (1603) V. Relación descriptiva de California, según datos obtenidos durante el segundo viaje de Sebastián Vizcaíno (1602), y normas para la pacífica ocupación de California, por Fray Antonio de la Ascensión. (1620). VI. Carta del Rey a la Audiencia de México (2 de agosto 1628). VII. Primer parecer de Fray Antonio de la Ascensión sobre expediciones de descubrimiento y colonización en California. (20 de mayo 1629) VIII. Segundo parecer de Fray Antonio de la Ascensión sobre expediciones de descubrimiento y colonización en California. (8 de junio 1629). IX. Parecer de Enrico Martínez sobre expediciones a California. (30 de julio 1629). X. Memorial impreso de Nicolás de Cardona relatando sus servicios en relación con el descubrimiento de California. (1634). XI. Petición de Nicolás de Cardona sobe exclusiva a proseguir las expediciones a California. (1634). XII. Memorial de Nicolás de Cardona proponiendo condiciones para proseguir las expediciones a California. (1634). XIII. Cédula del Rey al Marqués de Cerralvo. (1635). XIV. Memorial impreso de Porter al Rey, recomendando una nueva expedición a la California para adquirir más noticias sobre tan importante territorio. (1640). (#) XV. Relación referente a don Pedro Porter (años de 1643 y 1644). XVI. Carta relación de don Pedro Porter Cassanate, Caballero de la Orden de Santiago, desde que salió de España el año 1643 para el descubrimiento del golfo de la California hasta el 24 de enero de 1649, escrita a un amigo suyo. (#) XVII. Carta relación de Porter al Rey. (1649) XVIII. Carta de Porter al Virrey Conde de Alba, con informe adjunto. (1651). XIX. Informe del Virrey Conde de Alba al Rey. (1651). XX. Relación ajustada de los servicios del Almirante don Pedro Porter Cassanate, Caballero de la Orden de Santiago. (1655). (#) Nota: El texto de los Apéndices XIV y XVI está disponible en www.cervantesvirtual.com REY TEJERINA, Arsenio. Bicentenario de Alaska y La Luisiana: dos "jornadas" que se le olvidaron a Carlos Rojas en "Proceso a Godoy". Asociación de Licenciados y Doctores Españoles en Estados Unidos (ALDEEU). Congreso 23. 2003. Jaén. Jaén: cruce de caminos, encuentro de culturas. Coordinado por Juan Fernández Jiménez, Jesús López Peláez Caselles, Encarnación Medina Arjona. Universidad de Jaén 2006. p. 271-285. REY TEJERINA, Arsenio (2). Alaska ­ Nutka. Colofón del Imperio Español. Impreso en Artes Gráficas Villena. Madrid 1993. REY TEJERINA, Arsenio (3). Tomás de Suria a l´expedició Malaspina Alaska 1791. SANTOS, Héctor. The first Philippine indios in California, Sulat Sa Tansó 1997. Disponible en www.bibingka.com/sst/esperanza/indios.htm SANTOS, Héctor, (2), Did Philippine indios really land in Morro Bay, Sulat Sa Tansó 1997, Disponible en www.bibingka.com/sst/esperanza/morrobay.htm SANZ AYÁN, Carmen. Sevilla y el comercio de Indias. Ediciones Akal, S.A. 1993. SPATE, Oskar Hermann Khristian, The Spanish Lake, ANU E. Press, The Australian National University, Camberra, Australia, 2ª edición 2004. Disponible en http://epress.anu.edu.au TELLECHEA IDÍGORAS, José Ignacio. Martín Ignacio de Loyola. Viaje alrededor del mundo. Crónicas de América. Historia 16. Madrid 1989. VARGAS MARTÍNEZ, Gustavo. Atlas antiguo de América, siglos XV y XVI. Editorial Trillas, México. Linterna Mágica 22. 1995. VILÁ, Lara. Navegación a Oriente y noticia del Reino de la China por Bernardino de ESCALANTE. Editorial Almuzara S.L. 2008

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ZARAGOZA, Justo. Historia del descubrimiento de las regiones Australes. Hecho por el General Pedro Fernández de Quirós. Edición facsímil de 1876. Colección Mundus Novus, 7. Dirección José M. GómezTabanera. DOVE, Madrid 2000.

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