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Sermón Propio 15C (15-Aug-2010) Jer. 23:23-29; Heb. 11:29--12:2; Lucas 12:49-56 El Evangelio y la lectura de la Carta a los Hebreos presentan la vida de fe no como una vida suave sino a veces una lucha. En mi experiencia, tratar de servir a Dios no nos salve de sufrimientos. El tipo de fe que nos puede apoyar a través de las dificultades--la fe mostrada por Abraham y la gente descrita en Hebreos--es el tipo de fe que quiero, para que puedo, como dice en Efeseos, «resistir en el día malo y, después de haberme preparado bien, mantenerme firme.» (Ef. 6:13, dhh) En el Evangelio el Domingo pasado, oímos que nuestro Padre celestial nos quiere dar el Reino. Dios es bueno, nos ama, y no nos abandonará. Pero nos afrontan muchos retos, que nos asustarían. Veríamos a Abraham y otros encomendados por su fe, para ver qué fuera su fe. Es un fe profunda, que a pesar de no tener nada ahora, de no oír respuesta a mis oraciones ahora mismo, creo que Dios me quiere, Dios es bueno, y Dios hará lo justo por mí y por mis amados. Durante colegio, yo era miembro de una banda cristiana llamada «El Nuevo Sonido.» Una vez fuimos a Abilene para tocar en un café. Estuvo mirando por los panfletos en el café y encontré uno de una comunidad que se llamaban «Los Hijos Manifiestos de Dios.» Ellos creían que todavía vivían en sus cuerpos resucitados; y si tuvieran fe suficiente, nunca jamás se hubieran de enfermar ni de morir. Si alguien de su grupo sí muriera, hubiera sido porque esta persona no tuviera una fe fuerte. No sé si estos Hijos Manifiestos de Dios ya existen. Quizá todos hayan muerto. Podamos reír de su fe poco realista, pero algunos la creyeron, y sin duda, tarde o temprano, se volvieron muy decepcionados. Hay un entendimiento popular pero erróneo de la fe, que Dios ha prometido a todos los cristianos buena salud y riqueza. Sólo tenemos que creer estas promesas--y las tendremos. Cada cristiano que esté enfermo o pobre no tiene perfecta fe. O haya algún pecado en su vida que le impide de recibir la curación y riqueza de Dios. Esta enseñanza de "palabra de fe" dice, «que lo creas y digas en voz alta, y así es, porque Dios lo promete.» Si eres miope, di, «Reclamo mi curación en nombre de Jesús. Puedo ver.» Sigue decirlo. No escuches a nadie que diga «Eres miope,» aún al médico. Si tienes síntomas, no creas los síntomas. Es importante por esta enseñanza que alguien haga «una buena confesión.» Que quiere decir confesar que has recibido lo que pediste. No importa si al parecer no lo has recibido, sólo sigue a confesarlo. Claro que esta actitud es erróneo. Los héroes de la Biblia experimentaban todo tipo de tribulación. La gente de fe listada en Hebreos mostraba su fe a través de sus penas. Y San Pablo Apóstol, ¿por su fe, evitaba «sufrimientos, las necesidades, las dificultades, los azotes, las prisiones, los alborotos, el trabajo duro, los desvelos y el hambre»? (2 Cor. 6:4-5) No, tampoco salvo Dios al primer mártir cristiano Esteban, ni a los otros mártires de sus muertes crueles. Durante los 1970s, miles de personas murieron por su fe en Uganda cuando gobernaba Idi Amin, y miles por el mundo desde entonces. ¿Cual cristiano, cuándo, por fe, ha vivido en salud perfecta con riquezas, y nunca murió? A veces seamos tentados a creer si nuestra fe es fuerte, entonces Dios tendrá que hacer lo que pedimos. Hay tantos problemas en la vida, que desearíamos decir, «Basta de esto. ¿Por qué Dios no me salva de todo esto?» Queríamos que la vida sea toda buena y nada mala. Pero si agarramos a tal tipo de creencia, al fin estaremos decepcionados. Un amigo mío en colegio rogó con perfecta fe, en nombre de Jesús, que su compañero de cuarto sea curado de leucemia. Pero él se murió. Entonces decidió Wayne que había enseñado y creído una mentira. Él se volvió ateísta amargo. Hay otro tipo de fe, mejor, yo creo. Donde dice el primer tipo «Creo que esta persona es curada no importa que diga nadie,» la otra fe acepta la realidad, pero cree que Dios te ama y está contigo por todo esto; y que Dios te guiará hasta el fin. La fe es confianza en Dios, en su amor y bondad, sea lo que sea en su vida; no mantener que sus ojos son curados mientras sigues chocando contra cosas como hacía mi compañero de cuarto Dwight bajo la influencia de «enseñanza de palabra de fe.» Si dice un tipo de fe, «Lo creo, no me confundas con los hechos,» entonces el otro tipo dice, «Creo que Dios es bueno y me ama, aunque hay dificultades ahora. Algún día, por alguna manera, Dios cumplirá sus promesa. Mientras tanto, seguiré fiel a Dios.» --Ese es el tipo de fe que tenía Abraham. Es la fe de todas la justas personas mencionadas en Hebreos 11. Es la fe que las guiaban por tiempos duros. Y es el tipo de fe--el único tipo de fe--que nos guiará por los tiempos duros. Oremos. Querido Padre Celestial, danos una fe que siempre crezca, para que nos confiemos cada vez más en ti. Que nuestra fe se haga fuerte para llevarnos por cada dificultad. Como nuestro antepasado en la fe, Abraham, que creamos en tu bondad y en tus promesas de bendición; y que sirvamos a ti con todo nuestro corazón. Amén. Rdo. William G. Gartig, Cincinnati, Ohio, E. U. A.

Sermon Proper 15C (15-Aug-2010) Jer. 23:23-29; Heb. 11:29--12:2; Luke 12:49-56 Today's Gospel and reading from Hebrews present the life of faith not as always smooth sailing but as often a struggle. In my experience, trying to serve God does not spare us from suffering. So the kind of faith that can get us through difficulty--the faith shown by Abraham and the people described in Hebrews--that is the faith I want, so that I, as Ephesians puts it, "may be able to withstand in the evil day, and having done all, to stand." [Eph. 6:13, rsv] In last week's Gospel we heard that our Heavenly Father wants to give us the Kingdom. God is good, God loves us, God won't abandon us. But we are faced with challenges, things that may frighten us. We can look at Abraham and others who have been commended for their faith, to see what their faith was. It is a very deep faith, that despite not having anything right now, despite not receiving the answers to my prayers right now, I believe that God loves me, God is good, and God is going to do right by me and those that I love. In college I was part of a Christian singing group called "The New Sound." Once we went to Abilene to play in a coffeehouse. I was looking through the tracts in the coffeehouse and came across one from a group who called themselves "The Manifest Sons of God." They believed that they were already living in their resurrection bodies; and that if they had enough faith, they would never get sick and never die. If any of their number did die, it would be because that person's faith had not been strong enough. I don't know if these "Manifest Sons of God" are still around. They may have all died. We may laugh at their unrealistic belief, but there were people who believed it, and doubtless, sooner or later were terribly disappointed. There is a popular but wrong understanding of faith, that God has promised health and wealth to all Christians. Our response to these promises is just to believe them--and they will be ours. Any Christian who is ill or poor does not have perfect faith. Or there may be some sin in their life preventing him or her from receiving God's healing and wealth. This "word of faith teaching" says, "just believe it and say it out loud, and it is so, since God promises it." So if you are nearsighted, you say, `I claim my healing in the name of Jesus. I can see.' Now, just keep saying that. Don't listen to anybody, even a doctor, who tells you, `You are nearsighted.' If you have symptoms, don't believe the symptoms." It is important in this teaching to make a "good confession." That means confessing that you have received what you asked for. It doesn't matter if it doesn't look like you have, you just keep confessing it. This attitude is plainly wrong. The great people of the Bible experienced all sorts of tribulations. The people of faith referred to in Hebrews 11 showed their faith in their troubles. And the Apostle Paul, was he because of faith spared "afflictions, hardships, calamities, beatings, imprisonments, riots, labors, sleepless nights, hunger"? [2 Cor. 6:4-5] No, nor did God did save Stephen, the first Christian martyr, nor the other martyrs of the early Church from cruel deaths. In the 1970s thousands died for their faith in Uganda under the dictator Idi Amin, and thousands throughout the world since then. What Christian ever, by faith in God, has ever lived in perfect health and wealth, never dying? We may at times be tempted to believe that if our faith is strong, then God will certainly do what we ask. Life is full of frustrations, with so many troubles, that sometimes we may feel like saying, "I've had enough. Why isn't God saving me from all this?" We would like for life to be all "ups" with no "downs." But if we latch on to such belief, we will inevitably be disillusioned. A friend of mine in college prayed with perfect faith, in the name of Jesus, that his roommate would be cured of leukemia. But his roommate died. Wayne then concluded that he had been taught and believed a lie. He became a bitter atheist. There is, I think, a better kind of faith. Where the first faith says, "I believe this person is healed no matter what anyone says," the other faith faces facts, but believes that God loves you and is with you in the midst of this; and God will see you through. Faith is trust in God, in God's love and goodness, whatever your circumstances; not maintaining that your eyes have been healed when you keep running into things, as my college roommate Dwight did under the influence of "the word of faith teaching." If the one sort of faith says, "I believe this, don't confuse me with the facts," then the other kind of faith says, "I believe God is good and God loves me, even though things are difficult right now. Somehow, someday, God will make good His promises. In the meantime, I will be faithful to Him." --That is the kind of faith Abraham had. That is the faith of all the righteous people mentioned in Hebrews 11. That is the faith that got them through hard times. And that is the kind of faith--the only kind of faith--that will see us through hard times. Let us pray. Dear Heavenly Father, grant us an ever-growing faith, that we may entrust ourselves to You more and more. May our faith become strong, strong enough to carry us through every difficulty. Like our ancestor in the faith, Abraham, may we believe in Your goodness and in Your promises of blessing, and serve You with our whole hearts. AMEN. The Rev. William G. Gartig, Cincinnati, Ohio, USA

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