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REVISTA BÍBLICA Vol. 48 nº 3 ­ 1986 Págs. 129-139 [129] LA EXCLUSIÓN DE LOS "OTROS DIOSES" Y SUS IMÁGENES EN EL DECÁLOGO J. Severino Croatto ¿A qué se refiere la conocida prohibición, contenida en el decálogo, de hacer imágenes? Se acepta tradicionalmente que Éxodo 20, 4 (y su paralelo de Deuteronomio 5, 8) prohíbe la fabricación de estatuas o imágenes de Yavé, el Dios de Israel. Esta interpretación es reforzada por el recurso al pasaje parenético de Deuteronomio 4, 9-20, en el que Moisés recuerda a Israel que en el monte Horeb (= Sinaí) "oíais el rumor de las palabras, pero no percibíais figura alguna sino sólo su voz" (v. 12). También se acota el texto del "dodecálogo" de Deuteronomio 27, 15-26, la primera de cuyas maldiciones expresa: "maldito el hombre que hace una escultura o fundición (pésel, masseká), abominación de Yavé, obra de manos de artífice, y la coloca en lugar secreto" (v. 15). La ridiculización del culto a las imágenes de los Dioses que esboza el 2-Isaías (40, 18-20; 41, 6-7; 44, 9-20; 46, 1-4) mostraría a contraluz que Yavé no suele ser representado en la misma forma. Lo mismo podría afirmarse de Jeremías 10, 1-16, pasaje probablemente exílico.1 Según W. Zimmerli, la prohibición de representar físicamente a Yavé no sería tanto un signo de espiritualización de su figura sino de que está fuera del alcance del hombre "como lo estaba la divinidad en las formas cultuales del entorno, donde la imagen del dios recibía servicios, vestiduras, adornos y alimentos, pero también era objeto de prácticas mánticas".2

Cf. M.E. Andrew, "The authorship of Jer 10, 1-16" en: ZAW 94 (1982) 128-130. W. Zimmerli Manual de teología del AT. Cristiandad, Madrid, 1980, p. 136 (ver pp. 130-140). El autor recoge aquí sus estudios sobre el tema: "Das zweite Gebot", en Gottes Offenbarung (1969 ) 234-248, y otros.

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[130] Respecto del decálogo, no sólo es común interpretar la cláusula de Éxodo 20, 4 y Deuteronomio 5, 83 como referida a representaciones de Yavé, sino que también se la denomina "segundo mandamiento" (el primero prohíbe la fe y el culto a otros Dioses). Esta división, ya conocida por Filón y Josefo, es mantenida por Calvino y la iglesia reformada,4 y mantenida por muchos exégetas, si no la mayoría.5 Algunos discuten la cuestión, pero dando por supuesto que en los dos textos citados se trata de representaciones de Yavé y no de los otros Dioses.6 La pregunta que nos hacemos es si en el decálogo se prohíbe realmente la representación de Yavé o si la cuestión decisiva, relevante, es la prohibición absoluta de toda forma de presencia de otros Dioses. Nos proponemos en estas notas retomar el texto desde otro ángulo, el de su propia coherencia literaria y semiótica, y el de las implicaciones de la teología de la alianza a la luz de los pactos orientales. La teología del Deuteronomio está claramente anclada en el primer mandamiento; éste permea todo el libro, cuya estructuración inclusive (con el modelo de los pactos) deja un amplísimo espacio -caps. 1-11 por ejemplo- a tematizar los gestos de gracia y amor de Yavé para con Israel, que en forma sumaria nos dan el frontispicio del decálogo: "Yo soy Yavé, tu Dios, que te saqué del país de Egipto, de la casa de esclavos" (Deuteronomio 5, 6).

"No te harás escultura alguna ni imagen alguna de lo que hay arriba en los cielos, de lo que hay en la tierra, abajo, y de lo que hay en las aguas, mas abajo de la tierra." 4 Ver E. Nielsen, The ten commandments in new perspective, SCM Press, Londres 1968, p. 10ss. 5 M. Noth, Exodus (Old Testament Library, SCM Press, Londres, 1962) p. 162 (el culto a las imágenes otorga poder sobre la divinidad); B.S. Childs, Exodus (Old Testament Library, SCM Press, Londres 1974) 405ss; Fr. Michaeli, Le livre de l'Exode (Commentaire de l'AT, Delachaux et Niestle, Neuchâtel 1974) 175-179 (argumenta que aplicar el v. 4 a los otros Dioses sería repetir la idea del v. 3; la confusión entre símbolo y cosa simbolizada es lamentable); E. Nielsen, ob. cit., p. 96; H. Schlüngen-Straumann, Der Dekalog-Gottes Gebote?, KBW Verlag, Stuttgart 1973, 85-93; J. Pixley, Éxodo, una lectura evangélica y popular, México 1983, p. 186-188. 6 Un modelo de esta clase de comentario es el de B.S. Childs ya citado.

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[131] Yavé tiene el privilegio de ser el Dios que Israel ha conocido en su experiencia salvífica originaria. Los otros no hicieron nada, y deben ser totalmente excluidos del culto israelita. Ahora bien, los símbolos precisos y normales de su presencia y acción son las imágenes. A la luz de tantos otros textos bíblicos, resultaría extraño que el decálogo negara enfáticamente la presencia de otros Dioses en forma abstracta, sin mencionar su figuración concreta. Los vv. 610 del Deuteronomio (cap. 5), o su paralelo del Éxodo 20, 2-67 presentan una estructuración evidente: A a "Yo soy Yavé tu Dios b que te saqué de la tierra de Egipto, de la casa de servidumbre: B no habrá para ti otros Dioses en mi presencia, no te harás escultura, ni imagen alguna C de lo que hay en los cielos, arriba, de lo que hay en la tierra, abajo, y de lo que hay en las aguas, más abajo que la tierra; no te postrarás ante ellos, ni les darás culto

B'

A'a' porque yo soy Yavé tu Dios b' un Dios celoso, que castigo la iniquidad de los padres en los hijos hasta la tercera y cuarta generación de los que me odian pero muestro (mi) gracia por mil generaciones hacia los que me aman y guardan mis mandamientos." Esta estructura del texto es muy instructiva. La afirmación de Aa se retorna en A'a', pero se fundamenta en motivos complementarios; en Ab es la apelación a la memoria histórica la que define la pertenencia de Yavé a Israel; en A'b' se deduce una exclusividad celosa, típica de la formulación de los tratados de vasallaje del antiguo Oriente. Las expresiones odiar / amar no remiten sólo a los sentimientos sino que en aquellos contextos jurídicos se equivalen con "romper / mantener" la alianza. De hecho, el final "hacia los que guardan mis mandamientos" lo confirma. Ahora bien, este encuadre o inclusión, que expresa en positivo la adhesión de Israel hacia Yavé, exige explicitar lo que excluye. De ahí la forma negativa de B y B': Yavé no quiere ni la presencia ni el culto de otros Dioses, que a la luz de A'b' son entendidos como rivales insoportables. La fórmula de B "en mi presencia (`al

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El texto de Deuteronomio 5 presenta adiciones en otros mandamientos.

[132] panay)" sugiere algo visible. De ahí la precisión que aporta C, prohibiendo todo símbolo de esos "otros Dioses". Siempre que los textos bíblicos polemizan contra los Dioses de otros grupos étnicos se refieren a sus imágenes. Tan así es, que la tradición judía y tras ella la cristiana malinterpretaron las ironías y ridiculizaciones respecto de las imágenes de los Dioses como si se refirieran a aquéllas y no a éstos. El problema de la fe de Israel era la tentación de preferir los otros Dioses, por una razón u otra, y no el fabricar imágenes de los mismos. De esa mala interpretación viene nuestro descrédito por los símbolos de otras religiones. Volvamos al esquema anterior. Primero: el texto así estructurado pone en el centro el tema de la prohibición de las imágenes de los otros Dioses (B, C y B') para afirmar la exclusividad de Yavé como Dios de Israel (A y A'). El epicentro del quiasmo (C) enfatiza la idea allí formulada. Sería advenedizo meter en este lugar una prohibición de representar esculturalmente. a Yavé. Aunque fuera, como suele interpretarse, para no asemejarlo a las otras divinidades, sería un tema ajeno al contexto, cuyo único interés está en oponer a Yavé y los otros Dioses con sus símbolos. Segundo: si C se refiriera a las imágenes de Yavé, dicha prohibición estaría mal ubicada, interrumpiendo (o partiendo en dos) el mandamiento que excluye a los otros Dioses (B y B'). Estructuralmente, C encerrado entre B y B' es el complemento esperado del tema de la prohibición de toda presencia ajena a Yavé: por el nombre, por la representación escultural, por el culto (B, C, B'). Tercero: la aclaración que añade el texto respecto "de lo que hay en los cielos arriba.. en la tierra abajo... en las aguas, más abajo..." no tiene mucho sentido si está referida a Yavé. El mismo tenor distributivo del enunciado hace pensar en el politeísmo. Más específicamente, en el triple plano (celestial, terrestre, marino) en que se distribuyen los Dioses principales en el panteón mesopotamio o siro-palestino. Piénsese en la tríada Anu/Enlil/ Enki de los sumerios, o en la de El/Baal/Môt de los cananeos. A esto mismo se refiere el pasaje de Deuteronomio 4, 15-20 (la secuencia aquí es tierra/firmamento/suelo/aguas/astros.8 Que no

Los intérpretes no suelen (re)conocer este dato de la historia de las religiones y se ocupan más bien de buscar el origen de las fórmulas; v.gr. A. Lemaire, "Le décalogue: essai d'histoire de la rédaction", en Mélanges bibliques et orientaux (Fests. H. Cazelles), Neukirchen-Vluyn 1981, 259-295, esp. p. 270.

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[133] se trata de imágenes de Yavé sino de los Dioses rivales, lo delata la fórmula del v. 19b: "no sea que... te prosternes ante ellos (lahem) y les des culto": estos sufijos no concuerdan con "escultura" (pésel) o "esquema" (tabnît) sino con "Dioses" (por la fórmula misma, y el contexto, aunque el vocablo no esté señalado). Volveremos sobre este texto. Cuarto: el gesto de "prosternarse" (jawá)9 ante otros Dioses (B') supone precisamente sus imágenes, algo visible que se corresponda al gesto de adoración. Es la conclusión natural de B y C. Para dar un ejemplo característico, leamos un detalle de la crítica deuteronomista al rey Manasés. Se lo acusa en 2 Reyes 21 de un cúmulo de pecados de infidelidad, entre otras cosas de que "alzó altares a Baal e hizo un cipo (`aserá), como lo había hecho Ajab, rey de Israel; se prosternó ante (wayystájû .le) todo el ejército de los cielos y les rindió culto (wayya'abod `otam)" (v. 3). Se asocia el culto y adoración a otras divinidades con la erección de una imagen.10 Un poco después, el historiador expresa algo parecido respecto de Amón (21, 21 "dio culto a los ídolos ­gillulim- a quienes había rendido culto su padre y se prosternó ante ellos"). En el célebre mensaje de la profetisa Julda (2 Reyes 22, 15-20) el editor exílico de la obra deuteronomista11 pone estas palabras en su boca: "ellos me han abandonado y han quemado incienso a otros Dioses, irritándome con todas las obras de sus manos" (v. 17). El texto asocia el culto a Dioses extraños -que supone el abandono de Yavé- con la existencia de sus símbolos esculturales; el sustantivo ma'aé ("obra") es de la misma raíz que el "no

Tradicionalmente, sajá. pero se sabe ahora, sobre todo a la luz del ugarítico, que el verbo es jawá (antes jáwaya), en la forma "histaqtel" (desaparecida en el hebreo normativo). 10 Sobre este texto, véase R.D. Nelson, The double redaction of the Deuteronomistic history, The University of Sheffield, 1981, p. 65. (el v. 3ab sería "deuteronomista"; el 3c del editor exílico); el autor señala también que la secuencia "prosternarse/dar culto" es propia de este editor exílico (cf. 1 Reyes 9, 9; 2 Reyes 17, 35; 21, 3; además, Jeremías 22, 9; Éxodo 20, 5; 23, 24. En tanto que "dar culto/prosternarse" es del historiador "deuteronomista", que es anterior (cf. Josué, 23, 7; 1 Reyes 22, 54; 2 Reyes 21, 21). 11 Para esta atribución, véase R.D. Nelson, ob. cit., p. 76ss.

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[134] te harás (ta'aé) escultura, etc." del decálogo. Más claro aún es el texto de Miqueas 5, 12-13, de tal manera estructurado que une los temas de la postración, de las imágenes, llamadas "obras de las manos": A a "Extirparé tus esculturas (pesileka) b y tus estelas de en medio de ti B y ya no podrás más postrarte ante la obra de tus manos,

A' a' arrancaré tus cipos (`asereka) b' de en medio de ti" Quinto: El AT acusa con suma frecuencia a Israel por la aceptación y adoración de los Dioses de otros pueblos (es el reverso de la tesis central del Deuteronomista sobre el primer mandamiento). Pero ¿cuándo se lo acusa de hacer, o venerar, imágenes de Yavé? Si en el decálogo tuviera tanta importancia la cuestión de las imágenes de Yavé, puesta a la par de aquella otra sobre los otros Dioses, resultaría extraño que el deuteronomista (tan cuidadoso del cumplimiento de los mandamientos), los profetas, los salmos o el cronista no hayan encontrado a Israel incurso en el pecado de tallar imágenes de Yavé. Nos quedaría el caso del becerro de oro de Aarón (Éxodo 32) o de los de Jeroboán (1 Reyes 12, 28ss). Pero el asunto no es tan simple. El deuteronomista critica a Jeroboán, no por haber hecho una representación de Yavé sino por infringir la ley, central para él (cf. Deuteronomio 12) de la unicidad del santuario. Éxodo 32, por su parte, que sirve de arquetipo para el pecado de Jeroboán (ver las intenciones del relato de Deuteronomio 9, 7-10, 5) no critica la fabricación del becerro en cuanto escultura (que sin duda es de Yavé) sino en cuanto autodeterminación del pueblo, bajo la instigación de Aarón, de dejar de lado la conducción de Moisés ("este Moisés que nos hizo subir del país de Egipto, no sabemos qué es de él", v. 1b),12 aunque en la redacción actual se interpreta la acción como búsqueda de otros Dioses (v. 1 "haznos Dioses que vayan delante de nosotros"). En este caso, la redacción del texto coincide con tantos otros pasajes que detestan la fabricación de imágenes ajenas a Yavé. Por eso, cuando Aarón presenta la fusión

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Ver el importante análisis de R.W. Moberly, At the mountain of God. Story and theology in Exodus 32-34, The University of Sheffield 1983.

[135] (masseká) del becerro, la gente dice: "éstos son tus Dioses, Israel, aquellos que te hicieron subir del país de Egipto" (v. 4, lo mismo que en el v. 8). El v. 5b ("mañana es fiesta para Yavé") reflejaría el sustrato anterior sobre una acción cultual "yavista". Sexto: los numerosos textos que prohíben o critican la fabricación de imágenes no aclaran nunca que se trata de Yavé, mientras que el contexto, inmediato o lejano, señala que el tema es la aceptación y veneración de otros Dioses por medio de sus representaciones. El Levítico 19 conserva una serie de prescripciones, ya conocidas por otros textos, que expresan la "santidad" (en el sentido originario de "separación/exclusividad") de Yavé y de su pueblo. Tal exclusividad, concepto paralelo al de los "celos" en el decálogo, se opone a toda presencia y simbolización de otros Dioses: "no os volváis hacia `los nada' (`elîlím, designación despectiva de los Dioses de otras culturas) y no os hagáis Dioses de fundición (masseká): yo, Yavé, soy vuestro Dios" (v. 4). Por su parte, el "código de santidad" (Levítico 17-26) concluye, antes de exponer las bendiciones y maldiciones (26, 3-43) con una repetición de la anterior prohibición, en estos términos: "No os hagáis `nadas' (`elîlím), ni erijáis escultura o estelas, ni coloquéis piedras grabadas en vuestra tierra para postraros ante ellas, porque yo soy vuestro Dios" (u. 1). Estas indicaciones tienen su fundamentación; cada tanto, el texto nos trae a la memoria que Yavé es el liberador de la esclavitud de Egipto (Levítico 19, 36; 22, 33; 25, 38.55; 26, 13.45). Por eso Yavé pretende la exclusividad frente a los Dioses de otros grupos humanos, que nada han hecho por Israel. Séptimo: el primer mandamiento es tan decisivo para la identidad de Israel que suele ser formulado antitéticamente. En el código ("yavista") del Éxodo 34, 10-27, aquel mandamiento ocupa los vv. 12-17, e incluye la prohibición de hacer pactos con los habitantes del país (para que no sean un lazo), y la orden de romper sus altares e imágenes, no postrarse ante ningún otro Dios (recordando que Yavé es "celoso"), y se termina con la fórmula tajante: "no te harás Dioses de fundición" (v. 17). Más que a la doctrina en abstracto, se alude a la práctica cultual concreta. Así también el decálogo quiere asegurar la limpidez de la opción por Yavé por medio de la exclusión explícita de toda imagen ajena. Es, una vez más, aquella formulación antitética. Una prohibición de representar a Yavé queda fuera de lugar. Octavo: el primer mandamiento del decálogo (Éxodo 20, 3-6;

[136] Deuteronomio 5, 7-10) ofrece un esquema unitario de "cláusula/explicitación/fundamentación" que se repite un poco más adelante con la ley del sábado: "No habrá para ti otros Dioses en mi presencia. 1 No te harás escultura ni imagen alguna "Recuerda el día del sábado para santificarlo. 1 Seis días trabajarás y harás todos tus trabajos, pero el día séptimo es día de descanso para Yavé, tu Dios no harás ningún trabajo ni tú, ni tu hijo, ni tu hija, ni tu siervo, 2 ni tu sierva, ni tu ganado, ni el forastero que habita en tu ciudad porque en seis días hizo Yavé el cielo y la tierra, el mar y todo 3 cuanto contienen, y el séptimo descansó...

de lo que hay en los cielos arriba, 2 de lo que hay en la tierra abajo, y de lo que hay en las aguas más abajo de la tierra (no te postrarás ante ellos ni les darás culto) porque yo soy Yavé tu Dios, un Dios celoso, que castigo la iniquidad..."

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Se puede observar que la cláusula central es doble en ambos casos: "no habrá otros Dioses/ni te harás escultura..."; "recuerda el día del sábado/seis días trabajarás pero el séptimo...". Esta estructuración, que puede reflejar un crecimiento del texto, muestra sin embargo que éste trata cada vez de un solo tema. En la columna de la izquierda no hay un "segundo mandamiento" (no hacer imágenes de Yavé). Una vez más, estaría fuera de lugar. *** Estas pruebas son suficientes para entender unitariamente el primer mandamiento (Yavé y no otros Dioses). Nos queda por responder a una objeción que parece provenir de Deuteronomio 4, 9ss.13 Moisés resume los acontecimientos del Sinaí, y en cierto momento expresa:

Ver, por ejemplo, B.S. Childs, ob. cit., p. 406s (Deuteronomio 4 habría influido en Éxodo 20, 4, afirmación extraña a la luz de la redacción tardía de aquel capítulo del Deuteronomio).

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[137] "12 Yavé os habló de en medio del fuego; oíais el rumor de las palabras pero no veíais figura alguna (utemuná 'enekem ro'im) sino sólo una voz. 13 Él os reveló su alianza... 15 Tened mucho cuidado de vosotros mismos, puesto que no visteis ninguna imagen cuando os hablara Yavé vuestro Dios en el Horeb de en medio del fuego, 16 no sea que os corrompáis y os hagáis esculturas (pésel), figuras de cualquier signo (temunát kol sémel), esquema (tabnít, cf. Éxodo 25, 9) de macho o hembra, 17esquema de alguna de las bestias de la tierra, esquema de alguna de las aves que vuelan por el cielo, 18esquema de alguno de los (reptiles) que serpean por el suelo, esquema de alguno de los peces que hay en las aguas más abajo que la tierra, 19 y no sea que levantes tus ojos a los cielos y veas el sol, y la luna, y las estrellas -todo el ejército de los cielos- te dejes seducir y te prosternes ante ellos y les des culto a quienes repartió Yavé tu Dios a todos los pueblos (que hay) debajo del cielo" (vv. 12-19). A primera vista, el texto parece basarse en la experiencia de la "sola voz" de Yavé para una advertencia contra su figuración material. Pero, mirado de cerca, lo que preocupa al redactor es el culto a otros Dioses, como claramente lo dice al final: son las divinidades que Yavé distribuyó a los otros pueblos, "pero a vosotros os tomó Yavé, os sacó del crisol de hierro, de Egipto, para que fueseis el pueblo de su heredad, como lo sois ahora", concluía la exhortación (v. 20). Por lo demás, el v. 16b habla de imágenes de macho o hembra, lo cual, a esta altura de la tradición hebrea, ¡no se puede referir a Yavé! Los vv. 17-18 traslucen el mismo modelo de los planos del panteón politeísta que vimos en el decálogo, sólo que con una inspiración redaccional que recuerda a Génesis 1. En síntesis, la idea expresada es la siguiente: en el Sinaí no visteis imagen alguna sino sólo la voz de Yavé, por lo tanto sólo importa la palabra de Yavé, o sea, se excluyen los otros Dioses y sus representaciones tan variadas (vv. 16-19). A los otros Dioses Israel no los conoció ni en la experiencia salvífica originaria (lo comenta hermosamente Deuteronomio 13; cf. los vv. 3.7. 14), ni en teofanía alguna. *** Antes de terminar, queremos hacer dos observaciones: 1. Yavé ha tenido sus propias representaciones: el arca, el becerro, la serpiente de bronce Números 21, 8s), indirectamente los

[138] querubines y serafines, etc.,14 sin contar con el fuego, la zarza ardiente y los símbolos antropomórficos (la boca, las manos, la ira, el caminar, etc.). No se puede expresar lo trascendente sino a través de los objetos de la experiencia fenoménica, asumida como símbolo que remite a aquél. Pero el énfasis de la tradición bíblica en la manifestación de Yavé en los sucesos salvíficos y en la palabra teofánica (y luego profética), codificada más adelante en una tora escrita, junto con el rechazo constante de la fascinación de los otros Dioses del entorno cultural (íntimamente relacionados con sus representaciones cúlticas), llevó de por sí a la exclusión de toda figuración de Yavé que se pareciera a la de los otros cultos. En el lugar donde en los templos suele estar la estatua del Dios tal o cual, en el templo de Jerusalén estaba el arca de la alianza que presencializaba la palabra normativa de Yavé. Pero esto no significa, como hemos visto, que haya existido un mandamiento especial (un "segundo mandamiento") para prohibir la representación icónica de Yavé. No hay ningún texto que apunte a ello. Lo decisivo era erradicar los símbolos de los Dioses rivales de Yavé. Sin historia y sin palabras para Israel, les quedaba su representación figurativa. Excluida ésta, no quedaba rastro de ellos. 2. El ausentismo de los "otros Dioses" (¡sin historia, sin palabra, sin imagen!) debía ser reforzado en Israel por un énfasis de la historia y de la palabra de Yavé (es el núcleo de la fe bíblica). La memoria constante de la historia salvífica, en todas las formas posibles, y la concentración del culto en torno del gran símbolo del arca de la alianza que a su vez remite a aquella historia, fue excluyendo otro tipo de representaciones de Yavé. A este proceso se sumaba el hecho mismo de la prohibición del culto a otros Dioses, que llevaba a desechar toda representación icónica (símbolos humanos, animales, astrales, telúricos o marinos). Yavé siguió siendo, como Baal en los textos ugaríticos, "el que anda en carro sobre las nubes" (Salmo 68, 5; Deuteronomio 33, 26) pero no se conoce su figuración plástica como Baal. Al menos en la religión oficial; es difícil que la religiosidad popular hebrea no lo haya representado icónicamente. La arqueología, no obstante, no nos ha cubierto esa laguna. De cualquier modo, el proceso de no figuración de los otros Dioses (negados absolutamente) o de Yavé (innecesaria), junto

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Ver últimamente A.H.J. Gunneweg, "Bildlosigkeit Gottes im alten Israel": Henoch 6: 3 (1984) 257-269.

[139] con la afirmación cada vez mayor de la "diferencia" de Yavé respecto de aquéllos y del peso de su "palabra" que no se ve sino que se oye, culminó en una reinterpretación tardía del decálogo según la cual se prohíben allí las imágenes de Yavé. Eso le quita fuerza al primer mandamiento, como hemos señalado con insistencia. Pero lo que es más desconcertante es el proceso paralelo de "alejamiento" de Yavé fuera de la palabra humana. Nos referimos a la tradición de no pronunciar el nombre del Dios de Israel, "Yavé". Es el nombre que resume toda la historia de la salvación, y el centro teológico y querigmático de todos los textos bíblicos. A un Dios se lo nombra por su propio nombre, no con generalidades como "Señor", "Dios", "el Altísimo", etcétera. Esa había sido la gloria de Israel, el haber identificado a su Dios, dándole un nombre preciso, tremendamente cargado de sentido.15 De golpe, ya en los últimos siglos a.C. se produce una "erasio nominis" ya reflejada en los LXX, en el NT y en la tradición judía constante y en la cristiana derivada de las antiguas versiones del hebreo. El Yavé profundamente presente se convirtió en un Ser anicónico y sin nombre. Sólo tiene sustitutos: un texto, y sustantivos genéricos. El AT hizo mucho para conservar la identidad de Yavé, repitiendo al infinito su nombre, y excluyendo de su presencia a los otros Dioses con sus imágenes características. Esa identidad se expresa entonces con todo su vigor en la historia y en la palabra que la interpreta.

Ver, en esta misma revista, "Sabréis que yo soy Yavé". Análisis literario y teología de Ex. 6, un proyecto de liberación": 45: 2 n. 10 (1983) 77-94, con la nota 28.

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