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DIAGNÓSTICO DEL USO DE INSECTICIDAS UTILIZADOS PARA CONTROLAR PLAGAS DEL CULTIVO DE TOMATE Y SANDÍA. Ramiro Eleazar Ruiz Nájera1 Esaú de Jesús Pérez Luna1 Ramón Israel Villalobos Chávez1 Humberto León Velasco1 Roberto Reimundo Coutiño Ruiz1 RESUMEN Se evaluó mediante un diagnóstico, el uso de los insecticidas utilizados, para el control de plagas en tomate y sandía en el municipio de Cintalapa, Chiapas, durante el ciclo de cultivo en el 2008, para determinar el calendario de aplicaciones, dosis utilizada, uso de mezclas, manejo del formulado comercial de los insecticidas, clasificar los insecticidas tomando como base los mecanismos de resistencia, manejo de equipos de aplicación de plaguicidas y uso de equipos de protección personal. El tamaño de muestra fue el recomendado por (Lagunes-Tejeda y Rodríguez-Maciel, 1988), ellos sugieren por lo menos entrevistar el 15% del área total cultivada. El 100% de los productores entrevistados utilizó control químico, para el contro de las plagas del tomate y sandía. La entrevista se llevó a cabo en sus respectivos domicilios particulares o bien en sus parcelas. Los resultados demuestran que el 71.4% utiliza insecticidas para el control de la mosca blanca, 5% para áfidos y el resto para chicharritas. Los insecticidas utilizados fueron: Thiodan® (OC-Ciclodienos), Rescate®, (Neonicotinoides), Confidor ®, y Calypso 480SC ® (cloronicotinilos), Disparo ® (FH-SM + Piretroide), Abamectina 1.8® (Lactona macrociclica), Oberon® (Ketoenoles -Ácido tetrónico), Mustang ® y Herald® (Piretroide). . El cinco de los insecticidas utilizados por los productores se aplican a dosis inferiores, tres se utilizan a dosis superiores a las recomendadas por el fabricante y solamente uno, se aplica a la dosis que el fabricante sugiere. El equipo de aplicación de plaguicidas no es calibrado por el 80% de los productores y el 98% no utiliza equipo completo de protección personal al asperjar el producto. PALABRAS CLAVE: Insecticidas, Plagas, Dosis, Equipo de Protección Personal. INTRODUCCIÓN Los insecticidas orgánicos sintéticos han logrado, en el último siglo, un notable incremento de la producción agrícola, así como una mejora en el ámbito doméstico y de la salud humana, y continúan siendo el principal instrumento empleado en el control de las plagas de insectos. Sin embargo, la presión de selección ejercida sobre los insectos a consecuencia de su empleo excesivo, ha conducido irremediablemente a la evolución de la resistencia a estos. Las consecuencias de la resistencia van desde la destrucción de los sistemas de producción agrícola y ganadera, hasta un incremento en la incidencia de enfermedades transmitidas por insectos, o plagas de ámbito urbano. El fenómeno de la resistencia en insectos a los insecticidas se ha convertido en las últimas décadas en un problema a escala mundial. A finales de los años 80 se habían descrito casos de resistencia a una o más clases de insecticidas en más de 500 especies de insectos y ácaros, de las que el 56,1% eran plagas de interés agrícola, el 39,3% plagas de importancia médicoveterinaria y el 4,6% artrópodos beneficiosos (Georghiou, 1990). Aproximadamente el 80%

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Universidad Autónoma de Chiapas. Facultad de Ciencias Agronómicas, Campus V. Carr. Ocozocoautla ­Villaflores, km.84.5, Tel y Fax 01 965 65 21477 [email protected]

pertenecía a los órdenes Coleoptera, Diptera, Heteroptera y Lepidoptera, y el 20% restante eran trips, cucarachas, piojos, ácaros y garrapatas. En la actualidad son más de 700 especies resistentes a uno o más productos (Bielza y Contreras, 2005). En hortalizas los insecticidas son dirigidos principalmente para el control de Mosca blanca Bemisia tabaci Genn, Trialeurodes vaporariorum West, áfidos Myzus persicae Sulzer, Aphis gossypii Glover y psilidos Paratrioza cockerelli Sulc, vectores de enfermedades de origen viral que afectan hasta el 100% de la cosecha, también están presentes los gusanos del fruto Helicoverpa zea Boddie y H. virescens Fabricius cuyo nivel de daño es menor con solo el 10% (Bravo, 2002). Un uso racional de productos insecticidas deben incluir aplicaciones de dosis recomendadas por el fabricante, rotación de los insecticidas tomando como base los mecanismos de resistencia, Mantenimiento del equipos de aplicación, así como el uso equipos de protección personal, uso de mezclas adecuadas y deben ser complementadas con otras prácticas agronómicas: época de siembra, rotación de cultivos, disposición de rastrojos, variedades tolerantes al daño de las plagas, etc. (Salguero y Morales, 1994). El municipio de Cintalapa, Chiapas, el cultivo de tomate y sandía han tenido en los últimos años un aumento significativo en la superficie cultivada, a la par el incrementado también del uso de insecticidas para el control principalmente de la mosca blanca Bemisia tabasi, diabrótica, gusano del fruto, minadores de las hojas y áfidos. Lo que obliga a implementar más y mejores medidas de precaución al transportarlos, almacenarlos y aplicarlos, a fin de evitar situaciones de riesgo en todos los puntos críticos de la cadena de manejo de los mismos. Por lo anterior, el presente trabajo tuvo como objetivos: Determinar el calendario de aplicaciones, manejo del formulado comercial de los insecticidas, clasificar los insecticidas tomando como base los mecanismos de resistencia, manejo de equipos de aplicación de plaguicidas y uso de equipos de protección personal. MATERIALES Y MÉTODOS El municipio de Cintalapa de Figueroa, Chiapas, área de estudio, se ubica entre los 16° 39' N y 93º 44' O su altitud es de 540 msnm, el clima predominante es semicálido subhúmedo con una temperatura media anual de 24.5°C, y precipitación pluvial de 800 mm anuales. (www.iturbide.gob.mx/work/templates/enciclo/chiapas/municipios/). El diagnóstico se efectuó durante el ciclo de cultivo del 2008. Se aplicó una encuesta formal, de manera individual, a 56 productores seleccionados al azar, estos cultivan el 17% del área total cultivada, con lo que se cumple con lo que sugieren (Lagunes-Tejeda y Rodríguez-Maciel, 1988), quienes señalan que como mínimo se debe entrevistar al 15% del área total cultivada y para el ordenamiento de los insecticidas por mecanismos de resistencia se hizo en base a la propuesta (Lagunes-Tejeda y Rodríguez-Maciel, 1991). La encuesta incluyó preguntas directas y preguntas abiertas, permitiéndole al productor expresar su opinión sobre el problema de plagas y los insecticidas que utilizan para controlarlos. Los ejidos visitados durante este estudio fueron: Rosendo Salazar, Vista Hermosa, Villa Morelos , La florida, La candelaria, La Libertad, Lázaro Cárdenas, Mérida, Rancho Brasilia, San Sebastián, Santa Teresa y Tierra Blanca. La encuesta consistió de 25 preguntas dividida en cuatro bloques: Manejo de plagas, Manejo de los insecticidas, Manejo del equipo de aspersión y Contaminación. Las entrevistas se aplicaron en forma individual y las preguntas fueron directas y abiertas, permitiéndole al productor expresar su opinión sobre la problemática. La información se analizó mediante el paquete estadístico SPSS (Statistical Package for Social Sciences, 1997), usando estadísticas descriptivas: frecuencias y porcentajes. Además se realizó el análisis toxicológico recomendado por (Lagunes y Rodríguez, 1988). RESULTADOS Y DISCUSIÓN

Uso de insecticidas Los agricultores opinan que el cultivo es muy susceptible a plagas, pero especialmente a la mosca blanca Bemisia tabaci (Gennadius 1889), sin el empleo de insecticidas, prácticamente no se tiene producción, por ello el 71.42% de las aplicaciones son dirigidas a esta insecto, seguido por el 17.86% a áfidos Myzus persicae (Zulser) y Aphis gossypii (Glover 1877), el minador Liriomyza sativa Blanchard 7.14% y Chicharritas Empoasca spp. 3.57% (Cuadro 1). Está comprobado, que el método de control de insectos mediante el uso de insecticidas convencionales, sus resultados no han sido satisfactorios, aunque al aplicarlos logren eliminar el 90% de los huevos, ninfas y adultos de B. tabaci, por su capacidad que tienen como vectores de enfermedades virales, bastarían menos de 3 adultos virulentos por planta para que el cultivo sea irreversiblemente afectado; por lo tanto el uso de insecticidas no impide que los sobrevivientes migren a otros cultivares vecinos (Polston y Anderson, 1999; Ruiz y Aquino, 1999). Señalaron también que las aplicaciones de insecticidas se vienen haciendo desde hace aproximadamente 10 años, en los cultivos de tomate, sandía y chile para el control principalmente de diabróticas, mosca blanca, gusano del fruto, minadores de las hojas y áfidos en este orden de importancia. Cuadro 1. Insecticidas aplicados a las plagas del tomate y sandía en Cintalapa, Chiapas. Plagas y número de productores que lo aplican Total Nombre comercial del mosca blanca afidios minador chicharritas insecticida Thiodan® 16 8 2 2 28 Rescate® 6 0 0 0 6 Confidor ® 4 0 0 0 4 Calypso ® 2 0 0 0 2 Oberon® 2 2 0 0 4 Herald 2 0 0 0 2 Mustang® 4 0 2 0 6 Disparo ® 3 0 0 0 3 Abamectina 1.8® 1 0 0 0 1 Produc. que lo utilizan 40 10 4 2 56 Porcentaje 71.42 17.86 7.14 3.57 99.99% Los agricultores del área de estudio sostuvieron que el uso de insecticidas convencionales para el control de las plagas del tomate y sandía es indispensable, ya que ninguna otra alternativa de control hasta ahora ha tenido mejores resultados (Cuadro 2). Se observan los insecticidas que ellos emplean y desde cuando lo vienen utilizando. Al respecto (Salazar, 1996, Polston y Anderson, 1999; Ruiz y Aquino, 1999) señalan que el uso unilateral de insecticidas tiene poca o nula eficacia, sobre las plagas, pero especialmente sobre B. tabaci, debido a la gran plasticidad genética que tienen, lo que les confiere la capacidad de generar niveles importantes de resistencia. Cuadro 2. Clasificación de los utilizados para el control de plagas tomate sandia en Cintalapa, Chiapas. Nombre Grupo Dosis Dosis Categoría Tiempo Nombre genérico toxicológico recomen aplicada Toxicológica de comerci dada por por el según aplicaci al el producto fabricante ón fabricant r (ml/ha)

e (ml/ha)

Thiodan ®

Endosulfan

Organoclora dos Ciclodienos*

15002000

500

Rescate ® Confidor ® Disparo ®

Abamect ina 1.8® Oberon ®

Neonicotinoi des Imidaclorop cloronicotinil rid os Clorpirifos Organofosfo etil + rado permetrina Heterocíclico , enlace P=S,+ Piretroide * avermectina Lactona s macrociclica Spiromesife n Ketoenoles (Ácido tetrónico)

Acetamiprid

200-350 1000 10001500

160 1500 320

Clase II Moderadament e Peligroso III Ligeramente Peligroso III Ligeramente Peligroso III Ligeramente Peligroso

10 años

10 años 10 años 10 años

60-70

160

400-600

200

Mustang ®

Zetacipermetrin a

Piretroide*

50-60

500

Herald®

Fenpropatri n

Piretroide *

400-500

250

Calypso 480SC ®

Thiacloprid

cloronicotinil os

150-200

160

Clase II, Moderadament e peligroso IV Plaguicidas que parecen no representar peligro en condiciones normales de uso IV Plaguicidas que parecen no representar peligro en condiciones normales de uso IV Plaguicidas que parecen no representar peligro en condiciones normales de uso III Ligeramente Peligroso

10 años

10 años

10 años

10 años

* Clasificación de Lagunes-Tejeda y Villanueva 1994 Dosis utilizada En el (cuadro 2), se observa que cinco de los nueve insecticidas utilizados se aplican a dosis inferiores, tres se aplican a dosis superiores y solamente uno es aplicado a la dosis recomendada por el fabricante, para controlar las plagas del tomate y sandía. La utilización de

dosis de insecticidas superiores a las recomendadas por el fabricante causan múltiples efectos sobre el ambiente, contaminan los ríos, aguas subterráneas, alimentos, resistencia y la salud humana entre otros. (Rodríguez, 1999). Dosis inferiores estimulan procesos fisiológicos diversos sobre los insectos tales como la hormoligosis que es el fenómeno en el cual las cantidades menores de muchos agentes tóxicos favorecen alguna función fisiológica especifica (Morse, 1998). Aunque Rozman y Doull (2003), indican que la hormoligosis es un término utilizado para todas las respuestas estimulantes a las bajas dosis de toxinas, originando una respuesta homeostática que optimiza la capacidad de un organismo para resolver desafíos más allá de los límites de la adaptación normal. Se ha observado también que hembras de B. tabaci expuestas a dosis subletales de ciertos plaguicidas fosforados tienden a incrementar su fecundidad (Ortega, 1998). La utilización de dosis subletales, conduce a realizar aplicaciones más frecuentes, (Rozman y Doull, 2003), señalan que si se observa sobre las poblaciones de las plagas un incremento, las dosis de los insecticidas también incrementarán. Es probable que esto mismo este sucediendo con los insecticidas que se están aplicando a dosis inferiores en el área de estudio, está comprobado que esta práctica apresura el desarrollo de resistencia simple y cruzada o múltiple. La aparición de resistencia múltiple es un fenómeno que amenaza seriamente a la producción ya que podría ocasionar una insensibilidad total de la mosca blanca a todos los insecticidas, dado que es la que más se le dirige las aplicaciones de insecticidas. Asimismo, se encontró que en la etapa fenológica de floración el 82.1% de los productores del cultivo efectúan el mayor número de aplicaciones de insecticidas, 10.7% en almacigo, 3.6% durante el periodo que corresponde al trasplante hasta antes de la floración y 3.6% durante el amarre de fruto respectivamente. En suma el 100% de los agricultores entrevistados reportaron su uso, lo cual es preocupante, ya que la alta frecuencia con que lo aplican de 4 a 5 veces por ciclo productivo, lo pone en riesgo de inefectividad por resistencia de las plagas; este mismo número de aplicaciones se realizan en Costa Rica (Araya et al., 2005), también (Polstron y Anderson, 1999) reportaron la aparición de resistencia a cloronicotinilo y imidacloroprid, de mosca blanca en España. Frecuencia de las aplicaciones El tiempo que transcurre entre una y otra aplicación es muy variable entre los productores agrícolas entrevistados. Sin embargo la gran mayoría, es decir el 56.6% aplica cada 8 días, el 9.6% lo lleva a cabo cada 15 días, el 10.7% cada 5 días y 10.7% cada 3 días. Lo anterior, implica que la gran mayoría aplica semanalmente a un mismo producto insecticida, aunque una parte lo utiliza hasta dos veces por semana y una mínima cantidad de productores lo aplican cada dos semanas. De igual forma, un producto se aplica entre tres y cuatro veces durante el ciclo de cultivo. La mayoría de los agricultores permiten un intervalo de entre tres, cinco, ocho y quince días entre aplicaciones, y los criterios de uso de estos compuestos no obedecen a recomendaciones técnicas del fabricante; la mayoría de las aplicaciones son calendarizadas desde antes del establecimiento del cultivo, siguiendo un patrón de actividades que llevan a cabo los productores vecinos. Datos muy similares son los obtenidos por (Arias, 1998, Araya et al., 2005). Equipo de protección personal utilizada El 90% de los productores revelan que el empleo del equipo de protección personal no es una práctica común. A pesar de que en su mayoría hacen las aplicaciones con equipos de aspersión manual, esta práctica incrementa el riesgo de exposición al agricultor, asimismo los entrevistados indicaron que no usan el equipo completo (mascarilla, anteojos, guantes, capa y botas), porque les ocasiona incomodidad, consideran que se debe también a las condiciones de clima cálido, donde la temperatura ambiente alcanza de 40 a 45 °C.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) sostiene que el 3% de la población agrícola de los países subdesarrollados son susceptible a sufrir intoxicaciones agudas; otras fuentes estiman que pueden ser de 8 a 50 casos por cada 100,000 habitantes, contra los 0,2 casos por cada 100,000 habitantes de países desarrollados; estas estimaciones no incluyen los posibles efectos crónicos como el cáncer, defectos de nacimiento, abortos y esterilidad. En las últimas décadas, esto ha obligado a realizar actividades de capacitación sobre manejo seguro de plaguicidas con el fin de reducir esos problemas de salud (Araya et al., 2005). El mismo porcentaje de productores que no utilizan equipos de protección mezclan plaguicidas con fertilizantes foliares, y aplican sin guantes e interrumpen la jornada para consumir sus alimentos aunque dijeron lavarse las manos con agua pura. A esto se suman la ignorancia, la imprudencia, el analfabetismo y/o condiciones culturales como el machismo, que llevan a considerar a algunos trabajadores que varios de los productos aplicados son inofensivos, por lo que no tienen temor a intoxicarse (García, 1999). Estos resultados evidencian la necesidad de reforzar las campañas educativas, para asegurar la comprensión por parte de los agricultores del peligro al que se exponen ellos y sus familias al ignorar la importancia de usar los equipos de protección. Uso de mezclas Los agricultores entrevistados revelaron llevar a cabo la preparación de mezclas de insecticidas. El 35.7% respondieron que hacían mezclas (Cuadro 3). La razón que dicen tener para efectuarlas es la creencia de que dos productos controlan mejor que uno, y porque su compadre le ha dado resultados, revelaron también que en alguna ocasión han realizado la mezcla de insecticidas con fertilizante foliar especialmente con poliquel. Lo inconveniente de esta práctica es que no realizan pruebas de compatibilidad química y no se conoce la compatibilidad biológica de la mezcla ni las proporciones adecuadas de cada producto en caso de ocurrir potenciación. Estas mezclas las realizan sin leer las recomendaciones del fabricante que normalmente se encuentran en la etiqueta del formulado comercial. Una alta densidad de plagas sobre los cultivos tienden a volverse incontrolables, es ahí donde el productor decide aumentar las dosis y utilizar mezclas de los insecticidas con el único propósito de asegurar la cosecha corriendo el riesgo de que su precio lo pague, esta mezcla tiene el propósito de ahorrar tiempo y mano de obra, porque se creé las mezclas tienen mayor eficacia. Sin embargo, está comprobado que esta práctica incrementa el problema, sobre todo si se cuenta un con un número muy reducido de insecticidas (Ortega, 1998, García, 1999). El principal problema de las mezclas de insecticidas es el desarrollo de de resistencia simple y múltiple y con ella la pérdida de su efectividad (Ortega, 1998). La resistencia que tiene una base genética permite al individuo sobrevivir a la exposición de dosis letales, ya sea porque ha desarrollado mecanismos que impiden que el producto entre en contacto con el sitio de acción, o porque este es degradado antes de alcanzarlo (Roush, 1996). La mayoría de los casos que se han estudiado con mayor detalle, se ha determinado que la resistencia se atribuye a un incremento en la cantidad de una o más glutation S-transferasa (GSTs), más que a cambios cualitativos en enzimas individuales. El incremento en la cantidad podría ser el resultado de una amplificación del gen o, más comúnmente, de un aumento en la velocidad de transcripción (Enayati et al., 2005). Cuadro 3. Tipos de mezclas de insecticidas y acaricidas que realizan agricultores Nombre Nombre genérico Clasificación Tipo de plaguicida: comercial Thiodan® + Mitac ® Endosulfan + Amitraz Organoclorado Ciclodienos + Triazapentadieno insecticida + acaricida

Thiodan® + rescate® Disparo ® + Mitac ® + Thiodan®

Endosulfan + Acetamiprid Clorpirifos etil y permetrina + Amitraz + Endosulfan

Thiodan® + Herald® + Mitac®

Endosulfan + Fenpropatrin + Amitraz

Organoclorado Ciclodienos + Acetamida Organofosforado Heterocíclico, enlace P=S, y Piretroide + Triazapentadieno + Organoclorado Ciclodienos Organoclorado Ciclodienos + Piretroide + riazapentadieno

insecticida + insecticida insecticida + acaricida + insecticida

insecticida + insecticida y acaricida + acaricida

Manejo del equipo de aplicación de plaguicidas La única manera de aplicar la dosis correcta de un producto fitosanitario es calibrando el equipo de aplicación. Para calibrar aspersores manuales o de espalda hay varias maneras. Lo más práctico es hacer la calibración por área, por metros de surco o por número de árboles, todo dependerá de acuerdo con el tipo de cultivo que se quiere tratar. Los resultados obtenidos en esta investigación demuestran que el 60.7% de los productores de tomate no calibran su equipo manual de aplicación de plaguicidas, mientras que el 39.3% realizan la calibración. Sin embargo, lo que ellos le denominan calibración, no reúne los elementos que constituyen propiamente este proceso, ya que su respuesta fue que la salida de la mezcla se regula a través del la boquilla y que si hubiera obstrucción del paso del caldo, se destapa soplando con la boca o bien golpeándola sobre una base solida y accionando el seguro de escape y con ello lograr la salida del producto químico. Se analizó también sus características, funcionamiento y uso de los equipos de aplicación de plaguicidas. La gran mayoría de estos (más del 50%) no cumplían con los requerimientos de uso recomendados por el fabricante a excepción de los volúmenes asperjados por ha. Los caudales por boquillas, más del 80%, no cumple con los valores establecidos como correcto. Con respecto a la antigüedad del equipo, el 45% tiene más de 5 años de uso. El mantenimiento del equipo es ocasional, una vez por año y sin ningún elemento de medición, sólo se repara cuando se aprecia algún desperfecto, incluso no se preocupan mucho si el aspersor tiene fugas. En un sentido estricto el (100%) de los entrevistados no calibran el equipo de aplicación de plaguicidas que utilizan, debido al alto grado de desconocimiento de las bondades del proceso de calibración del equipo. Ya que este elemento del proceso, tiene por objeto incrementar la eficiencia de los tratamientos fitosanitarios a fin de disminuir el impacto ambiental y económico provocado por el uso de estos en los cultivos (Bogliani et al., 2005) Aunque de acuerdo a lo observado durante la investigación los aspersores de mochila se encuentran por lo menos en un 20% en condiciones de inoperancia, presentando falta de mantenimiento, resaltándose fugas por ruptura de los empaques interiores al tanque, boquillas rotas o trasroscadas, limpieza de filtros. CONCLUSIÓN

Los resultados demuestran la urgente necesidad de promover capacitación de los productores de tomate y sandía, así como de investigaciones que ofrezcan nuevas alternativas de manejo de las plagas, uso racional de los plaguicidas, e integrarlo con otros sistemas de control. Las plagas son el principal problema que enfrentan los productores de tomate y sandía, lo cual los obliga a utilizar diversos insecticidas, ante esta situación es necesario promover el uso de

otros sistemas alternativos de manejo de plagas, como el control biológico. Lo que hace necesario establecer un programa de capacitación donde se incluyan talleres, charlas y conferencias, dirigidas a los técnicos que asesoran a los productores en el uso y manejo de los plaguicidas, debe incluirse a los agricultores, para lograr que adopten las buenas prácticas agrícolas que tengan menor impacto sobre el ambiente.La implementación de cada alternativa de control depende de cada situación específica, de las condiciones y la capacidad técnica, la idiosincrasia y cultura de la gente y en particular el grado de organización y buena voluntad de los involucrados. Lo deseable es establecer una coordinación de las actividades entre el gobierno y el sector social para que cada una asuma su responsabilidad en el tema. LITERATURA CITADA Araya, L; Carazo, E; Cartín, V. 2005. Diagnóstico del uso de insecticidas utilizados contra Bemisia tabaco (Gennadius) en tomate y chile en Costa Rica. Manejo Integrado de Plagas No. 75 p. 68 - 76 Arias, F. 1998. Evaluación económica de las diversas dosis y frecuencias de aplicación de plaguicidas en papa y cebolla utilizados por un grupo de agricultores en la zona de Tierra Blanca de Cartago. CR, Escuela de Economía Agrícola. Facultad de Agronomía. Universidad de Costa Rica. 96 p. Bielza, P.; Contreras, J. 2005. La resistencia a insecticidas en Frankliniella occidentalis (Pergande). Phytoma España 173: 58-62. Bogliani, M; Masiá, G.; Onorato, A. 2005. Aspectos teóricos y Prácticos en las aplicaciones de Agroquímicos. Primera Jornada Regional de Fungicidas y Tecnología de Aplicación del Cono Sur. 13-14 de Septiembre de 2005, Bolsa de Comercio de Rosario, Santa Fe, pp. 88-97 Bogliani, M. 1993. Sur les Techniques d'Application des Produits Phytosanitaires Second International Symposium on Pesticides Application Techniques, Strasbourg (France), 22-24 Sep. Bravo,M.E. 2002. Uso reducido de insecticidas y control biológico de plagas del jitomate en Oaxaca. Agricultura Técnica en México 28(002)137-149. Enayati, A. A.; Ranson, H.; Hemingway, J. (2005). Insect glutathione transferases and insecticide resistance. Insect Mol. Biol. 14: 3-8. García, J. 1999. El mito del manejo seguro de los plaguicidas en los países en desarrollo. Manejo Integrado de Plagas 52:25-41. Georghiou, G. P. 1990. Overview of insecticide resistance. En: Managing resistance to agrochemicals. Green, M. B.; LeBaron, H. M.; Moberg, W.K. (eds.). American Chemical Society, Washington. 18-41. Instituto Nacional para el Federalismo y el Desarrollo Municipal, Gobierno del Estado de Chiapas 2005. Enciclopedia de los Municipios de México (Chiapas). http://www.iturbide.gob.mx/work/templates/enciclo/chiapas/municipios/07017a.htm

Lagunes-Tejeda. A. y J. C. Rodríguez-Maciel. 1988. Grupos Toxicológicos de Insecticidas y Acaricidas. Centro de entomología y Acaricida. 2ª Ed. Colegio de Postgraduados. Chapingo, Montecillo, México. Lagunes-Tejeda. A. y J. C. Rodríguez-Maciel. 1991. Grupos Toxicológicos de Insecticidas y Acaricidas, los mecanismos de resistencia como base para el manejo de insecticidas y acaricidas agrícolas. Centro de entomología y Acaricida. Colegio de Postgraduados. Montecillo, Texcoco ,México. 228 pag. Lagunes-Tejeda A. y Villanueva, J.A. 1994. Toxicología y Manejo de Insecticidas. México, Centro de entomología y Acaricida. Colegio de Postgraduados. Montecillo, Texcoco ,México. 264 pag. Morse J.G. 1998. Agricultural implications of pesticide induced hormesis of indects and mites, Belle Newsletter 6(3). http:www.belleonline.com/7 6-3-ht. Ortega, LD. 1998. Resistencia de Bemisia argentifolii a insecticidas: implicaciones y estrategias de manejo en México. Manejo Integrado de Plagas 49:10-25. Polston, J; Anderson, P. 1999. Surgimiento y distribución de Geminivirus transmitidos por mosca blanca en tomate en el hemisferio occidental. Manejo Integrado de Plagas 53:24-42. Rodríguez, C.1999 Plaguicidas, necesidad y posibilidades de limitar su uso. Jornadas Internacionales Multidisciplinarias y Tripartitas Agro: Trabajo y Salud, Argentina. Roush, R. 1996. Chemical resistance: why you should be concerned.Sardi Horticulture: ornamental and flower crops. Australia, South Australian Research and Development Institute. p. 1-3. Rozman K.K Y Doull J. 2003. Scientific foundations of hormesis. Part 2. Maturation, strengths, and possible applications in toxicology, pharmacology, and epidemiology. Critical Reviews in Toxicology 33 (3-4): 451-462.http:www.crcjournals.com/ejournals. Ruiz, J; Aquino, T. 1999. Manejo de Bemisia tabaci mediante barreras vivas y Paecilomyces en Oaxaca, México. Manejo Integrado de Plagas 52:68-73. Salguero, V; Morales, J. 1994. Eficiencia de insecticidas para el control de Bemisia tabaci (Gennadius) en tomate. Manejo Integrado de Plagas 31:25-28. Statistical Package for Social Sciences. 1997. SPSS Inc. Headquater 233 s. Wacker Drive, 11th floor. Chicago, lIinois 60606.

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